February 6, 2017

El sacrificio

En La ruina de Kasch, Roberto Calasso afirma que Occidente eliminó la culpa del sacrificio.

Al término de un largo y oscuro deslizamiento, el sacrificio se convirtió en el proceso judicial. Con la llegada de la ley, la culpa, que pertenece al sacrificio, y en primer lugar al sacrificante, se desplaza desde el principio sólo sobre la víctima: ya no se llamará víctima sino culpable. La ley elimina la conexión entre el proceso de la vida (<>, recordará un día Joseph Maistre) y la culpa: en el proceso judicial, la culpa es extraña a la ley, de la ley únicamente espera ser traspasada. Entre Edipo rey y los Evangelios el sacrificio ha realizado su transformación en proceso. Ahora es la ley la que establece la elección de la víctima. Pero el proceso plenamente eficaz, en tanto liberador de lo sagrado, sólo es aquel en que se condena al inocente. Así se revela que la ley, desde siempre y para siempre, es arrastrada por algo previo y más fuerte. Pilato se lava las manos, porque siente que la ley es impotente para absolver. Cristo no es condenado por la ley, sino por la impotencia de la ley. Quien lo condena es la multitud, con sus sacerdotes.

© Jorge Ikeda 2017