De die in diem
En la Feria Internacional del Libro cuestionaron a Enrique Peña Nieto sobre los tres libros que habían marcado su vida. El candidato del PRI citó la Biblia, y luego dijo que leyó algo que por su vocación política alimentaba su espíritu; “La silla del águila, de Krauze”. Para Jesús Silva-Herzog Márquez el problema no fue que Peña Nieto errara al citar la obra de Carlos Fuentes, sino que sus asesores no anticiparon la pregunta “y dejaron al producto vacío”. Su mayor debilidad, según Silva-Herzog, lo imprevisto. No se aparta del libreto. Álvaro Delgado da cuenta de la anécdota de Manuel Espino, quien al regalar a Peña Nieto su libro Señal de alerta, este último confesó que no le gustaba leer y que daría el libro a sus asesores para que le prepararan tarjetas con lo más importante. Si los asesores hacen el trabajo intelectual, ¿qué hace Peña Nieto? Actúa. El penoso intento de Televisa por defender a Peña Nieto puso en evidencia la autoría del producto. Vicente Fox llegó a ser Presidente porque se vendió como producto y también fue un producto vacío. Carlos Loret denunció la guerra sucia en contra de la mayor producción de Televisa, un reality que abarca el asalto televisado al poder. Loret implicó que “alguien” utiliza un mensaje del novio de Paulina Peña Pretelin, reenviado por ella, para atacar al candidato. A través del citado mensaje, la hija de Peña Nieto mandó “un saludo a toda la bola de pendejos, que forman parte de la prole y solo critican a quien envidian!…” (sic). En la columna Loret también sospechó de una campaña orquestada y financiada por “alguien” y quienes escriben sobre el asunto sólo podrían hacerlo por encargo (así como yo, por encargo de pepe “el grillo”). En el programa televisivo Tercer Grado, Adela Micha consideró que no es importante que el candidato lea. ¿Y la campaña institucional a favor de la lectura? Arturo Aguirre publicó en su muro de Facebook un artículo del blog Opinionator y que publica The New York Times. El autor del blog, Gary Gutting, da un interesante punto de vista sobre la relación entre los intelectuales y los políticos. Los intelectuales señalan lo que se tiene que saber; cómo funciona la naturaleza y la sociedad, qué ocurrió en el pasado, cómo elaborar conceptos y cómo apreciar el arte y la literatura. Gutting considera que el norteamericano desconfía de los intelectuales y no los considera apropiados para el poder. De tal forma que los políticos no necesitan convertirse en intelectuales, pero sí llevar vidas intelectuales. Los políticos necesitan conocer los conceptos de la economía para poder comunicarse con los economistas. El sentido común es útil para resolver los problemas de la vida diaria, pero inútil cuando se trata de dar respuesta a los complejos problemas de la sociedad. Entonces, los líderes deben ser inteligentes consumidores de opiniones expertas. Roberto Calasso cita a Stendhal, el mayor cronista de Napoleón. Talleyrand tenía una casa entre el río Sena y el Bois de Boulogne, un parque al que sólo se iba a pasear. Talleyrand convenció a Napoleón de cazar jabalíes en el Bois de Boulogne y envió al criado a comprar dos cerdos negros y a soltarlos en el parque. Napoleón pasó horas persiguiendo al cerdo y el criado, a punto de ser descubierto, reveló que se trataba de un cerdo y no de un jabalí. Napoleón regresó montado en cólera. Aún así, Talleyrand persuadió a Napoleón de probar suerte con los conejos y de nueva cuenta mandó al criado a conseguir cincuenta conejos al mercado y a soltarlos en el parque. Cuando Napoleón llevaba treinta conejos cazados, el criado confesó que se trataba de conejos mansos y no silvestres. Napoleón tardó más de seis meses en reconciliarse con Tayllerand y amenazó a éste en caso de ocurrírsele contar tan peculiar anécdota. De la misma forma en que Napoleón aparentó pasar por experimentado cazador, Enrique Peña Nieto quiso pasar por intelectual. Talleyrand debió haber llorado de la risa a costa de Napoleón. En el Twitter leí que @EPN es uno de esos tontos que ha escrito más libros de los que ha leído.
Con motivo del onomástico de José Luis Urióstegui, el ex Secretario de Turismo del Estado; Marcos Manuel Suárez Gerard, expresó públicamente sus “felisidades” a través de su cuenta en Twitter. Tan peculiar modo de expresar su regocijo fue motivo de escarnio público. Humberto Lara, quien apoya al susodicho para que obtenga la candidatura del PAN a la alcaldía de Cuernavaca, convocó a participar en una encuesta por Facebook y en la misma encuesta comenté que si Marcos Manuel Suárez no sabía escribir, mucho menos gobernar. Además de los burlones comentarios sobre las licencias literarias del ex funcionario, recibí el siguiente correo de una persona que se hace llamar “Lic Gustavo Nuñez Perez” (así, sin acentos. Tampoco entiendo porqué algunas personas utilizan el Lic como si se tratara de un título nobiliario).
México es un país con inmensos recursos, con clases medias desarrolladas, un país donde vino la democracia, y sin embargo lo que hay en México es, hoy día, un problema monstruoso de delincuencia que tiene que ver con las mafias del narcotráfico".
El 8 de octubre el diario Reforma publicó una nota sobre la entrevista que Enrique Krauze realizó a Mario Vargas Llosa con motivo de los festejos por el décimo aniversario de la publicación Letras Libres en España. El diagnóstico de Vargas Llosa no puede ser más desalentador:
En su aportación a la obra [Re]pensar a Bobbio, Jesús Orozco y Javier Ortiz dicen que para Bobbio la publicidad de los actos de poder es el verdadero momento del cambio en la transformación del Estado absoluto al moderno Estado de derecho. Es un principio ético y político el que los hechos de la política sean expuestos a la luz pública. En la autocracia la regla es la reserva y lo público se torna privado. En la democracia los actos de poder deben ser abiertos al escrutiño público. El derecho de acceso a la información, que Bobbio consideraba un derecho humano, tiene su correlativo en el deber de informar. Bobbio conocía el problema del ciudadano apático y otro problema que tiene como origen la complejidad de la sociedad. Parece que la democracia se hizo para sociedades simples. Si las sociedades industriales dependen del gobierno de expertos, entonces los ciudadanos no tienen cabida en ellas. Ya se comentó en el blog cómo el ayuntamiento de Cuernavaca considera a sus ciudadanos tontos y provee la información que se le solicita bajo ese supuesto. Según Bobbio, ésta sería la única excepción a la intervención del Estado en la esfera individual o un caso de tutela justificada; ayudar al ciudadano alcanzar su nivel de incompetencia. El ciudadano se vería obligado a invertir tiempo en algo que no trae beneficios aparentes, por lo que se cae de nueva cuenta en el problema del ciudadano apático. Dentro de las promesas no mantenidas la democracia, Valentina Pazé comenta la promesa del ciudadano educado frente a la desastrosa realidad del ciudadano apático y añade el problema del ciudadano corrupto; dispuesto a vender su voto al mejor postor. Mill decía que quien estuviera dispuesto a sacrificar su libertad para garantizar el sustento, no merecía uno ni el otro. Para John Stuart Mill la libertad estaba reservada para quien estuviera en plenitud de sus facultades, incluso justifica el despotismo:
El segundo capítulo de la Teoría General del Derecho de Norberto Bobbio se titula “Justicia, Validez y Eficacia”. Bobbio pensaba que el número tres era el número filosófico por excelencia y hacía sus clasificaciones de tres elementos. Como se ha discutido en este blog, el elemento de la vigencia que introduce García Máynez a la discusión, no ayuda en nada y sí estorba bastante. La vigencia entendida como validez, se confunde con la vigencia strictu sensu y da como resultado leyes vigentes no vigentes, en lugar de vigentes pero no válidas. Dice Bobbio que estos tres criterios de valoración de una norma generan distintos problemas, como lo son:
Dice Roberto Calasso en su obra K:
Entonces formaba parte del saber común -y no sólo de aquellos pocos que se retiraban en soledad a leer novelas de aventuras y a fantasear sobre ellas- el hecho de que la vida era ante todo la espera de ser poseído por otras voces, que imponían toda felicidad y todo luto."
Y es el caso de encontrarme poseído por un artículo titulado “Inteligencia artificial, derecho y e-justice” de Enrique Cáceres y que se puede encontrar en el Boletín Mexicano de Derecho Comparado. El constructivismo epistémico se propone superar los obstáculos del positivismo jurídico. El positivismo jurídico sostiene que el derecho está constituido por normas que derivan del órgano legislativo, que al estar contenidas en enunciados lingüísticos pueden ser conocidas por todos y por tanto son objetivas. Por el razonamiento lógico se puede aplicar imparcialmente y esto se relaciona con el concepto de justicia. El problema radica en que los mismos positivistas reconocen que no es todo el derecho, existen además las intepretaciones de la doctrina, la jurisprudencia o las decisiones de los jueces. Según Cáceres, lo que ha derrumbado la epistemología empirista es la nueva filosofía que en palabras de Einstein dice: “no es cierto que la realidad determine nuestras teorías, son más bien nuestras teorías las que determinan lo que podemos “ver” en la realidad.” Y el autor del citado artículo pone como ejemplo a Tycho y a Kepler observando el amanecer, a pesar de que ambos ven el mismo evento; Kepler interpreta que es el sol el que está fijo y la tierra en movimiento y Tycho piensa que la tierra está inmóvil y es el sol el que está en movimiento. Cáceres critica que el positivismo normativista no da cuenta de la incidencia del derecho en “los procesos de construcción social de la realidad”, que los operadores jurídicos (abogados, notarios, jueces, etcétera) no se conducen por enunciados normativos, “sino por las estructuras cognitivas que emergen a partir del procesamiento de información que realizan con esos enunciados.” Y estas estructuras las construyen a partir de distintos insumos cognitivos que son: “las decisiones de los tribunales federales previas, las definiciones proporcionadas por la doctrina jurídica, los argumentos y contra-argumentos de las partes, las pruebas, etcétera.” De esta forma, los operadores jurídicos no contemplan la norma jurídica como incisos, fracciones o artículos, es decir, “bloques discursivos aislados” sino que “construyen las normas jurídicas aplicables al caso mediante “constelaciones normativas” derivadas de la conexión realizada entre diferentes enunciados que incluso pueden encontrarse dispersos en leyes diferentes.” Parece que se abandona la ley objetiva, se pasa al sujeto y se analiza cómo el sujeto construye la realidad a partir de lo que logra entender por norma jurídica. Y Cáceres afirma que, en ese sentido, la norma jurídica es “la estructura emergente de la condensación de los enunciados que componen la constelación.” Y este proceso lo abarca todo, pues hasta “los enunciados aislados suelen pasar por procesos constructivistas para la determinación de su significado.” En el sitio de Horacio Potel (cerrado por la censura) había leído algunos textos de Jaques Derrida que mostraban como la realidad está construida por palabras y si está realidad no gusta, pues se puede deconstruir y construir una distinta. Esta idea se notaba en la literatura y en especial la veía reflejada en los maravillosos textos de Stanislaw Lem, pero ¿en el derecho? ¿Cómo el constructivismo podía influir en el rígido derecho positivo? Otro ejemplo que utiliza Cáceres ejemplifica lo que ha querido decir, se observa dos grupos de individuos armados, unos resguardados en una casa y los otros tratando de entrar. Al calor de la refriega, ambos grupos sufren bajas y al final unos son encarcelados y otros condecorados. Resulta que unos eran policias encubiertos y otros malechores, pero ésto no se puede ver a simple vista, depende de “los constructos correspondientes a “policía” así como sus facultades, obligaciones, etcétera.” Volviendo a Calasso y a la analogía, se puede ver la historia de Don Quijote de la Mancha con los ojos de un loco, pero es Sancho Panza el que crea al Quijote para no volverse loco con las historias de caballeros y de andanzas.
Garantizaré cero corrupción en la administración, con la creación de Consejos Ciudadanos, brindándote un servicio con valores, y calidad humana.
Trasparentaré todos los procesos de la administración, para que los puedas consultar por internet y accedas a todo tipo de información que necesites; garantizando una administración transparente y honesta.
Impulsaré mecanismos para atenderte de manera personal, sin tantas vueltas y en una sola ventanilla para que realices tus trámites en el menor tiempo posible.
La búsqueda de los téminos “transparencia” y “Cuernavaca"en Google da como resultado noticias contradictorias. Por un lado, el sitio “Morelos Merece Ganar” patrocinado por el hermano gemelo del edil dice:
Desde su inicio, el Ayuntamiento de Cuernavaca, mantiene un compromiso ineludible con la transparencia en la información pública, lo que queda plenamente demostrado con la calificación de 9.2 otorgada en la última revisión trimestral por el Instituto Morelense de Información Pública y Estadística, afirmó la contralora municipal, Aracely González Verazaluce .”
Antier ví la película The Conspirator que tiene como trama el complot que termina con la vida del presidente Abraham Lincoln en el contexto del final de la guerra de secesión. La historia se centra en el juicio contra Mary Surratt, la única mujer entre los acusados, que es defendida por Frederick Aiken, un excapitán del ejército de la Unión. La acusada es juzgada por un tribunal militar, en lugar de un tribunal civil.
En su columna “Piedra de Toque” del periódico Reforma el premio Nobel Mario Vargas Llosa comenta el libro de Nicholas Carr titulado The Shallows: What the internet is Doing to Our Brains. Nicholas Carr estudió literatura en Dartmouth College y en la Universidad de Harvard. Carr se volvió adicto a la red y dejó de leer. Según Carr, la forma en que se navega en la red, “picoteando información”, provoca la pérdida de la capacidad de concentración y el empeño intelectual. Vargas Llosa opina que el libro de Carr rescata las teorías de Marshall MacLuhan quien sostenía que los medios de comunicación no eran meros vehículos de la información, sino que influían en la forma de pensar y de actuar. Vargas Llosa comenta sobre los efectos negativos de internet sobre la memoria, con el archivo infinito de la red no hace falta memorizar las cosas. También objeta al profesor Joe O’Shea de la Universidad de Florida, quien opina que con la web no hace falta leer más libros. El problema es que O’Shea confunde información con conocimiento. Y Vargas LLosa concluye que a mayor información, menor conocimiento.