August 19, 2017

Reaccionario

Después de leer el artículo titulado “Reaccionarios” de Fernando García Ramírez, corrí a comprar el libroThe Shipwrecked Mind de Mark Lilla. Para Lilla, los reaccionarios no son conservadores, pero son tan radicales como los revolucionarios.
Una mente reaccionaria, argumenta Lilla, es una mente naufragada. Donde otros ven el río del tiempo pasar, los reaccionarios ven pasar los escombros del paraíso perdido frente a sus ojos. El revolucionario ve al futuro, el reaccionario contempla el pasado en todo su esplendor.
Entre los pensadores citados por Lilla está Eric Voegelin. Voegelin hace girar su historia en torno al gnosticismo. Los gnósticos creían que el mundo había sido creado por una deidad inferior malvada o demiurgo. Por lo tanto, el mundo surgió corrupto como su creador, pero era posible acceder a una más alta divinidad espiritual a través de un conocimiento secreto (la gnosis) desarrollada a partir de una chispa divina. Que la redención vendría a través de un violento apocalipsis guiado, tal vez, por quienes tuvieran la gnosis.
El argumento de Voegelin en su obra The New Science of Politics era que la modernidad, que surgió a partir de la rebelión al cristianismo, era gnóstica por naturaleza. Que el cristiano se había cansado de esperar la segunda venida del salvador y había decidido construir el paraíso en la tierra, usando sus propios poderes.
En su artículo del periódico El Financiero, Fernando García Ramírez identifica a Andrés Manuel López Obrador y a Donald Trump como reaccionarios. Sólo Andrés Manuel tiene la gnosis que devolverá la tierra prometida en la que todo el mundo tendrá empleo y no habrá ningún joven que se quede sin educación, aunque no tenga los méritos para ello.
Lilla menciona la comparación que se hace del Quijote con Emma Bovary. Ambos leyeron demasiadas historias y fueron mártires de la revolución causada por la imprenta de Gutenberg. A diferencia del Quijote, el sufrimiento de Emma es platónico. Ella busca, dice Lilla, en los lugares equivocados y con la gente equivocada, un ideal que sólo ha imaginado. En cambio, el sufrimiento del Quijote es cristiano. Hubo una época en la que el mundo fue lo que debería ser y ese paraíso se ha desvanecido. El Quijote espera la segunda venida. Su búsqueda está condenada porque su rebeldía va en contra de la naturaleza del tiempo que es irreversible e inconquistable.
De manera análoga, la tierra prometida de Andrés Manuel es inalcanzable. El ideal de Andrés Manuel es un México de los años setentas en el que las secretarias viajaban a Europa con su salario. De acuerdo con datos del censo de 1970, en México había 48 millones 225 mil 238 habitantes, hoy en día se calcula que hay 130 millones 678 mil habitantes. Es decir, actualmente hay una economía que sostiene a una población casi tres veces más grande que la existía en los setentas. En aquellos años México acababa de sufrir la matanza del 68 y la masacra del Jueves de Corpus ocurriría el 10 de junio de 1971. En México no había democracia y todo tenía que ser resuelto por el todopoderoso Señor Presidente. La corrupción fue rampante y dejó un legado de amigos del Presidente que se beneficiaron de ella. Arturo Durazo Moreno, apodado el “Negro Durazo”, fue un miembro distinguido de aquella cuadrilla de ladrones. El “Negro Durazo” construyó su palacete en el Ajusco utilizando a los policías a su cargo como albañiles. Las señoras de sociedad tenían que pasar por su cama para obtener favores políticos y todo mundo buscaba la amistad de un “influyente” para obtener permisos que en cualquier democracia se obtienen llenando simples requisitos legales. Si éste es el México que usted quiere para sus hijos, en la elección del 2018 Andrés Manuel aparecerá por tercera vez en la boleta.

© Jorge Ikeda 2017