September 29, 2017

Una crítica fraternal a Octavio Rodríguez Araujo

Octavio Rodríguez Araujo fue mi profesor en el CIDHEM, por lo tanto lo respeto y estimo. Discrepo con su artículo publicado en La Jornada titulado “Una crítica fraternal a La Jornada”. En el artículo hace una crítica fraternal a La Jornada, diario del que es fundador, y en lo singular a la reportera Rubicela Morelos Cruz, de quien dice que en un artículo de portada se basó en videos de las redes sociales y dichos sin sustento. Que los dimes y los diretes de las redes sociales le ganaron a la objetividad, que las redes sociales son una fuente de grandes mentiras y pocas verdades que la gente suele aceptar sin investigar. De la misma manera en que Octavio Rodríguez Araujo acusa al obispo de Cuernavaca, Ramón Castro y Castro, de proteger a pederastas. En lugar de acusar, como hace mi profesor, investigué en internet sobre las acusaciones que Rodríguez Araujo menciona en su artículo. El único diario medianamente serio que lo menciona es el Reforma; en una nota fechada el 8 de febrero de 2016 y que se titula “Acusan abuso sexual de curas en Campeche”. En la nota se habla de un juicio de responsabilidad civil por daño moral, no se habla de una causa penal. Así como él reclama a la periodista Rubicela Morelos Cruz porque no investigó las supuestas denuncias por encubrimiento en contra del obispo, a Rodríguez Araujo le reclamo por qué no investigó la existencia de un texto denominado Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que sobre los derechos de la persona imputada, la fracción I del apartado B del artículo 20 dice: “A que se presuma su inocencia mientras no se declare su responsabilidad mediante sentencia emitida por el juez de la causa”. Sobre dichos de las redes sociales, una fuente de grandes mentiras, Rodríguez Araujo afirma que el obispo de Cuernavaca es un encubridor de presuntos hechos que, sin investigar, da por ciertos. ¿Cuál fue el número de expediente de la demanda civil por daño moral? ¿Qué resolvió el juez? Si habla de encubrimiento, se trata de un delito. ¿Cuándo fue condenado Ramón Castro y Castro por el delito de encubrimiento?
Rodríguez Araujo acusó a la reportera de lo mismo que él ha hecho y argumenta que en los artículos de opinión se puede decir lo que se quiera, como en el suyo, pero en un artículo periodístico se tienen que investigar los hechos, como él lo hizo para acusar al obispo de Cuernavaca de encubrimiento. “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”. Rodríguez Araujo piensa que la libertad de expresión es un derecho absoluto y que no tiene limitaciones. Por esa razón, él piensa que puede acusar al obispo de lo que quiera sin consecuencias. Pues se equivoca, pues los ministros, magistrados y jueces se han cansado de decir que el derecho de libertad de expresión no es un derecho absoluto y que tiene restricciones; la más importante es el derecho de terceros. Cuando Rodríguez Araujo acusa, sin pruebas, al obispo de la comisión de un delito, en La Jornada, que es un medio a nivel nacional, le causa un daño al prestigio y buena imagen del obispo y, por lo tanto, el señor obispo puede demandarlo y obtener una reparación del daño. ¿En qué es distinto a que yo diga que Graco es un ratero (que sí lo es)? A que el pleno de la Corte, los once ministros, han determinado la inconstitucionalidad del delito “ultrajes a la autoridad”. ¿Puede Rodríguez Araujo hacer lo mismo con el obispo de Cuernavaca? No, por más autoridad moral que tenga el señor obispo, no es más que un ciudadano al que la Constitución protege y ampara.

© Jorge Ikeda 2017