December 5, 2008

Siempre Calasso

Descendiendo hacia los prados floridos, cerca del mar, Europa sostenía en la mano, grabado en nobles metales, su destino. Al igual que en la música, su melodía era la contraria de su antepasada Io. Un toro la raptaría de Asia hacia aquella tierra que se llamaría Europa, como años antes del deseperado vagabundeo marino de una ternera que había pacido en tierra griega había terminado en Egipto, al leve toque de la mano de Zeus. Y un día llegaría de regalo a la joven Europa una cesta de oro. La sostenía en la mano, distraída.

Calasso nos cuenta que un navío fenicio había llegado para mercadear. La gente curiosa iba a mirar la nave. Los mercaderes se lanzaron contra varias muchachas, unas lograron huir, pero Io fue raptada. La hija del rey. En venganza los cretenses raptaron a Europa, la hija del rey fenicio. Sin embargo, el autor dice que los fenicios cuentan la historia diferente. Io andaba de cusca con el capitán del navío. Preñada y avergozada de ello, decide embarcarse con los fenicios.

El sacrificio de una doncella: Europa, fue el inicio de los eternos conflictos entre Asia y Europa. La realidad es otra. Zeus se transformó en un toro blanco con cuernos de gemas relucientes, cuando Europa lo acarició se hizo a la mar llevándose a Europa con él.

© Jorge Ikeda 2018