December 16, 2008

Política anticíclica

No sé si el ITAM debería estar desilusionado porque sus egresados de economía proponen medidas económicas que no mejorarán la situación de crisis sino todo lo contrario. A los egresados que hago referencia son el Presidente Felipe Calderón (Maestría en Economía) y Agustín Carstens (Economía 1982).

El Secretario de Hacienda ha propuesto como medida anticíclica un incremento en el gasto público de 13.1 por ciento del presupuesto de 2008 equivalentes a 3 billones de pesos (millones de millones) o 25 por ciento del PIB. Ese gasto se destinará a infraestructura carretera, el sector energético y al turismo.

Greg Mankiw (Harvard), citando un estudio de Valery A. Ramey, dice que el gasto público no ayuda a aumentar el consumo ni otras variables, por lo que su efecto es de uno a uno en el incremento del PIB. Es decir que por cada peso que el gobierno gaste aumentará en un peso el PIB. Su efecto multiplicador es uno. Por otro lado, el mismo académico cita un estudio de Christina Romer y David Romer quienes concluyen que por cada dólar en reducción de impuestos, la demanda agregada aumenta 3 dólares. Es decir, que para el caso mexicano, cada peso que el gobierno reduzca en impuestos al salario, los trabajadores gastan más y este aumento en la demanda va a producir finalmente un aumento de tres pesos en el PIB. Las disminuciones de impuestos generan un incremento en las inversiones privadas, por lo que también aumenta la demanda.

¿Porqué vamos a empeorar en lugar de mejorar? De acuerdo con la teoría económica un aumento en el gasto público produce un efecto expulsor de la inversión privada porque genera inflación y para controlar la inflación, un aumento de las tasas de interés por lo que las potenciales inversiones se detienen esperando menores tasas de interés o mejores tiempos. Es decir, que en lugar de culpar al Banco de México por incrementar las tasas de interés, debemos lanzar de tomatazos a los keynesianos gobernantes que aumentan el gasto público como medida anticíclica.

© Jorge Ikeda 2018