March 20, 2009

Impunidad

En palabras de Glaucón ningún hombre es virtuoso, entendiendo por moralidad una construcción social cuya fuente es el deseo mantener la reputación, la virtud y la honestidad. Si la sanción es eliminada, el carácter moral se desvanece. ¿Por qué Glaucón dijo eso? En el segundo libro de La República de Platón se cuenta la historia del pastor Gyges que descubre en una cueva que en realidad era una tumba, un caballo de latón que contenía un cuerpo, más grande que un hombre, que usaba un anillo. Gyges toma el anillo y lo guarda entre sus ropas. Cuando descubre el poder de hacerse invisible con el anillo, este hombre virtuoso lo utiliza para conquistar a la reina y con su ayuda asesina al Rey, para convertirse él mismo en Rey.

El dilema moral que presenta la historia del anillo de Gyges es que cualquier persona que pudiera delinquir sin tener una sanción, lo haría. Eso parece que está pasando en México dónde el porcentaje de delitos denunciados es de 25 por ciento. De acuerdo con el Instituto Europeo para la Prevención y Control del Crimen (HEUNI) afiliado a las Naciones Unidas, el porcentaje de denuncia de los delitos es de 64 por ciento para Bélgica, 61 por ciento para Reino Unido, 60 por ciento para Suecia, 55 por ciento para Canadá y 37 por ciento para España.

Uno de cada cuatro delitos es denunciado en México. Menos del 10 por ciento de los delincuentes son procesados. Es decir, con un 90 por ciento de probabilidades de éxito cualquiera delinque impunemente. Algo está roto en nuestro país.

Si se considera que el sistema penal mexicano ni siquiera es capaz de disuadir a los individuos de cometer delitos, el debate sobre la inflación o deflación de las penas es intrascendente.

Bajo la óptica de la racionalidad económica, son muy altos los incentivos para delinquir en México. Altas probabilidades de éxito, pocas o nulas probabilidades de ser procesado. Si se combate a la impunidad, se incrementa el número de procesados y se disminuye el número de delitos que quedan sin sanción, se aumentarán los costos de la delincuencia.

Si se considera al gobierno como una especie de caja que recibe y atiende las peticiones de sus ciudadanos y da soluciones a éstas, el éxito del gobierno estará determinado por la respuesta a los requerimientos de los ciudadanos. La única diferencia entre belgas, británicos, suecos, canadienses, españoles y mexicanos es que sus gobiernos atienden más satisfactoriamente las peticiones de justicia de sus gobernados. En la medida en que las agencias encargadas de suministrar justicia atiendan, investiguen, detengan y logren sanciones, los ciudadanos buscarán al gobierno para resolver sus afrentas.

El otro camino es la vindicta privada (venganza personal).

© Jorge Ikeda 2018