May 22, 2009

La delgada línea

Ramón Mier es libre de amar y odiar a quien quiera, pero no puede promover el odio en su blog contra persona alguna porque eso es considerado por algunas legislaciones como delito. Así lo considera el artículo 206 del Código Penal para el Distrito Federal y cito:

ARTÍCULO 206. Se impondrán de uno a tres años de prisión o de veinticinco a cien días de trabajo en favor de la comunidad y multa de cincuenta a doscientos días al que, por razón de edad, sexo, estado civil, embarazo, raza, procedencia étnica, idioma, religión, ideología, orientación sexual, color de piel, nacionalidad, origen o posición social, trabajo o profesión, posición económica, características físicas, discapacidad o estado de salud o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas: I.- Provoque o incite al odio o a la violencia; ...

La libertad tiene límites y estos límites tienen que ver con la protección de los derechos de terceros. ¿Porqué le importa a la comunidad que no se incite al odio? Porque la experiencia ilustra que nada bueno se obtiene de ese comportamiento y en mucho ofende a la sociedad.

Se equivoca Ramón Mier al justificar su odio alegando que fue el odio lo que detuvo a los nazis. No fue el odio a los nazis lo que detuvo al nacismo per se. Tampoco fue la indignación ante los actos cometidos por sus huestes. Pero si lo consiguió la defensa de los valores como la vida y la libertad, la que llevaron a Inglaterra y a Estados Unidos a luchar contra Alemania. Fue la balanza de poder la que llevó a los rusos a derrotar a los alemanes. No el odio, por favor no confundas la gimnasia con la magnesia.

¿Existe un odio considerado “aceptable” por la sociedad? Si. Yo, por ejemplo, odio al América (equipo de Soccer) y considero a los americanistas unos nacos. Es más, la propia empresa que maneja el equipo de futbol promueve el odio con la frase “ódiame más”. Pero de ese odio a que le pidamos al César que pase por el cuchillo a los gladiadores porque son malos o impopulares hay mucho trecho.

Así que el comportamiento de Ramón Mier no sólo afecta a la sociedad, sino que es considerado delito por algunas jurisidicciones locales y no dudo que a nivel federal también lo sea. El Código Penal para el estado de Tamaulipas no lo considera así. Por lo menos está seguro en una entidad que no lo considera delincuente.

Por cierto, este delito se persigue por querella, así que cualquier fiel seguidor del peje podría ponerle tremenda denuncia.

En lo singular, el peje no es mi villano favorito. Lo era hasta que el Presidente Calderón violó nuestros derechos y paralizó al país cinco días. En nada se compara lo que hizo el loco del peje al bloquear durante un mes la avenida Reforma con la locura del Presidente. El Presidente del empleo nos decretó una pérdida de por lo menos 150 mil empleos. Tan sólo 50 mil empleos en el sector turístico que en meses no tendrán forma de llevar el pan a su mesa. Luego el Presidente se envuelve en la bandera de salvador de la humanidad y acusa a los otros países de la discriminación que sufren los conciudadanos por el desastre que él mismo ocasionó. ¿Quién le otorgó la facultad de impedirle a los particulares ejercer la libertad de trabajo? Los ciudadanos que votamos por él. Así como los rusos le dieron en su momento el botón nuclear a un borracho con frecuentes capítulos de depresión, nosotros se lo dimos a quien verdaderamente resultó ser un peligro para México.

© Jorge Ikeda 2018