May 26, 2009

Derrida y el CIDHEM

Al leer el texto de la conferencia pronunciada en la Universidad de Stanford (California) en abril de 1998 titulada “La universidad sin condición” de Jaques Derrida y publicado por el profesor Horacio Potel en su sitio en internet http://www.jaquesderrida.com.ar (cerrado por la Cámara Argentina del Libro), no puedo sino reflexionar sobre la situación actual del Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos.

Digo bien «la universidad», porque distingo aquí, stricto sensu, la universidad de todas las instituciones de investigación que están al servicio de finalidades y de intereses económicos de todo tipo, sin que se les reconozca la independencia de principio de la universidad. Y digo «sin condición» tanto como «incondicional» para dar a entender la connotación del «sin poder» o del «sin defensa»: porque es absolutamente independiente, la universidad también es una ciudadela expuesta. Se ofrece, permanece expuesta a ser tomada, con frecuencia se ve abocada a capitular sin condición. Allí donde acude, está dispuesta a rendirse. Porque no acepta que se le pongan condiciones, está a veces obligada, exangüe, abstracta, a rendirse también sin condición. Sí, se rinde, se vende a veces, se expone a ser simplemente ocupada, tomada, vendida, dispuesta a convertirse en la sucursal de consorcios y de firmas internacionales. Hoy en día, en Estados Unidos, y en el mundo entero, juega una baza política importante: ¿en qué medida la organización de la investigación y de la enseñanza debe ser sustentada, es decir, directa o indirectamente controlada, digamos con un eufemismo «patrocinada», con vistas a intereses comerciales e industriales? Dentro de esta lógica, como sabemos, las Humanidades son con frecuencia los rehenes de los departamentos de ciencia pura o aplicada que concentran las inversiones supuestamente rentables de capitales ajenos al mundo académico.

La élite gobernante en nuestra entidad ha tomado como modelo educativo el del Tecnológico de Monterrey, creando a su imagen y semejanza la Universidad Politénica del Estado de Morelos el sexenio anterior. Ahora se impone una idea confesional y doctrinal de lo que deben ser las humanidades desde su peculiar concepción moral y/o religiosa. El modelo de “universidad sin condición” no lo es el modelo del Tecnológico de Monterrey en la que como menciona Derrida las Humanidades son rehenes de los departamentos de ciencia pura o aplicada. El modelo de “universidad sin condición” encuentra su sentido, precisamente, en las Humanidades. No en las humanidades de mentes obsesionadas con los valores de la familia y el desarrollo humano.Como si por tomar un curso de valores impartido por tutores de doble moral se pudiera desarrollar el ser humano. Además cabe preguntarse qué valores pretenden imponer. ¿De los homosexuales? ¿De los indígenas? ¿Los de la élite gobernante?

Esta universidad sin condición no existe, de hecho, como demasiado bien sabemos. Pero, en principio y de acuerdo con su vocación declarada, en virtud de su esencia profesada, ésta debería seguir siendo un último lugar de resistencia crítica -y más que crítica- frente a todos los poderes de apropiación dogmáticos e injustos.

Actualmente el CIDHEM es el lugar de la resistencia crítica. En forma desafortunada, la lucha dentro del CIDHEM se cruza con la lucha política en la entidad. Me entusiasma la idea de que el electorado pueda derrotar al mal gobierno a través del voto y enviar un claro mensaje a nuestros gobernantes (en especial al corrupto con apodo de animador infantil). Debo decir que toda la vida milité o voté por el Partido Acción Nacional (PAN), pero si es necesario que el PAN caiga para tener un cambio en los órganos de gobierno del Centro, let it be.

Sería ingenuo desconocer el riesgo de pasar de un sometimiento del PAN a uno del PRI, pero mientras exista la posibilidad de recuperar la autonomía, el riesgo vale la pena. Debería saber nuestra élite gobernante que el fundador del partido en el gobierno luchó y defendió la autonomía de la Universidad Nacional en contra de los intereses del gobierno. Ahora nos toca luchar en la trinchera de defensa del CIDHEM en contra del gobierno emanado de las filas de Acción Nacional.

Consecuencia de esta tesis: al ser incondicional, semejante resistencia podría oponer la universidad a un gran número de poderes: a los poderes estatales (y, por consiguiente, a los poderes políticos del Estado-nación así como a su fantasma de soberanía indivisible: por lo que la universidad sería de antemano no sólo cosmopolítica, sino universal, extendiéndose de esa forma más allá de la ciudadanía mundial y del Estado-nación en general), a los poderes económicos (a las concentraciones de capitales nacionales e internacionales), a los poderes mediáticos, ideológicos, religiosos y culturales, etc., en suma, a todos los poderes que limitan la democracia por venir. La universidad debería, por lo tanto, ser también el lugar en el que nada está a resguardo de ser cuestionado, ni siquiera la figura actual y determinada de la democracia; ni siquiera tampoco la idea tradicional de crítica, como crítica teórica, ni siquiera la autoridad de la forma «cuestión», del pensamiento como «cuestionamiento». Por eso, he hablado sin demora y sin tapujos de deconstrucción.

La universidad es el lugar donde se puede decir y cuestionar todo. En ello radica la fuerza de resistencia y de disidencia de la universidad. Sobre la construcción del término soberanía reside la incondicionalidad de la universidad a los otros poderes, incluso a expresar extra muros lo que al interior del edificio se discute.

Pero también es lo que le permite a Kant sustraer la facultad de filosofía a cualquier poder exterior, sobre todo al poder estatal, y le asegura una libertad incondicional de decir lo verdadero, de juzgar y de sacar conclusiones respecto a la verdad, siempre y cuando lo haga en el interior de la universidad. Esta última limitación (decir públicamente todo lo que se cree verdadero y lo que se cree que se debe decir, pero sólo dentro de la universidad), creo que nunca ha sido sostenible y respetable, de hecho y de derecho. Pero la transformación en curso del ciberespacio público, y mundialmente público, más allá de las fronteras estatales-nacionales, parece tornarla más arcaica e imaginaria que nunca.

© Jorge Ikeda 2018