June 3, 2009

Anular o validar, utopía o realidad.

In one´s prose reflexions one may be legitimately occupied with ideals, whereas in the writing of verse one can only deal with actuality."

T.S. Elliot

¿Qué pasaría si la mayoría de los votos fueran en blanco? Es lo que se pregunta José Saramago en su Ensayo sobre la lucidez y como respuesta plantea un escenario en que el 83 por ciento de los electores vota en blanco. Los políticos no tendrían legitimidad y plantearía un cuestionamiento a las reglas vigentes del juego democrático. Es un maravilloso ideal poder tener la opción de votar en blanco cuando ninguna de las opciones políticas plantea soluciones a las necesidades sociales y económicas. En la realidad no contamos con esa opción.

La televisión abierta hace eco a las voces de Jorge Castañeda, del primo del Presidente Calderón; Gabriel Hinojosa y de Elisa de Anda, ya sea a favor de anular el voto o a favor de las candidaturas independientes. Televisa le está cobrando caro la insolencia a los diputados de haber modificado la legislación electoral y quitarle millones y millones de pesos en propaganda política. Los partidos políticos tampoco correspondieron a la austeridad republicana y mantuvieron en el mismo nivel sus prerrogativas aunque no iban a gastar tanto dinero en radio y televisión. Cubetada de agua fría a los contribuyentes que mantenemos los lujos, coches y estilo de vida de la parasitaria clase política.

En mi opinión, el problema principal radica en la concepción de la Constitución como ordenamiento del Estado y no como Constitución del Estado. Esta distinción que hace Stern, según Manuel Aragón; no es para nada baladí . El ordenamiento del Estado nos es impuesto desde arriba y el instrumento de control se basa en la autolimitación del Estado. La Constitución del Estado toma en cuenta el principio democrático, la soberanía del pueblo, y tiene implicaciones no sólo jurídicas, sino políticas.

No cabe concebir a un pueblo soberano si no es un pueblo libre, y no cabe concebir a un pueblo libre si la libertad no es disfrutada por todos los ciudadanos, es decir, si los ciudadanos no son iguales en su libertad"

Si libremente nos otorgamos las leyes que han de gobernarnos; ¿cómo ejercer la soberanía del pueblo para cambiar la legislación electoral? ¿Cómo acabar con la partidocracia que necesariamente pasa por los partidos políticos que en teoría nos representan en el Congreso? ¿Cómo participar en la política sin los partidos políticos? ¿Cómo tener opciones, como el voto en blanco, para hacer ver nuestro descontento? ¿Cómo manifestar nuestra voluntad de cambio?

Si no podemos hacerlo en la realidad, lo haremos en la utopía. En la prosa, no en la poesía.

© Jorge Ikeda 2018