August 13, 2009

Paris - Nápoles - Roma

Emprendí mi viaje de 300 leguas con una onza de oro, doble de lo que saqué de Madrid para París, y así como llegué a este en coche, también entré en Roma. Se deseará saber cómo sucedía esto, especialmente siendo yo incapaz de trampa,engaño o intriga. No acabaría de contar las aventuras a que daban lugar mi pobreza y mi sencillez. Pero había mucha caridad, especialmente en el sexo compasivo y devoto de las mujeres, con los sacerdotes, tan desgraciados y perseguidos en la revolución".

¡Que pena que ya no existan mujeres tan devotas!

© Jorge Ikeda 2018