September 12, 2009

Te vigilans oculis, animo te nocte videbam, lumina cum placido victa sopore iacent.

Aquiles, por su parte, era el único de los caudillos aqueos que no había acudido a Esparta como pretendiente de Helena. Fue a una guerra que sabía fatal para él por una mujer de la que sólo había oído el nombre. Durante nueve años de asedio, Aquiles sólo podía decir de Helena lo que Paris decía de ella antes de partir de Troya: "Te vigilans oculis, animo te nocte videbam." Y no menos larga e interminable será su vida común de simulacros en Leucké, la isla de blanco esplendor."

Roberto Calasso, Las bodas de Cadmo y Harmonía, Editorial Anagrama, Barcelona, 1994. p.117

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