October 20, 2009

Karaoke Wedding

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Viajé a Brasil para asistir a la boda de mi amiga Adriana. En los seis meses de practicas en Japón los becarios conviviamos en múltiples actividades. Con Adriana entablé una buena amistad porque los dos eramos becarios de más de 30 años y veíamos la oportunidad de vivir en Japón de forma distinta a como la perciben los de veinte años. Los jóvenes becarios mantenían una apatía ante la vida que no compartíamos. Visitar o dejar de visitar un lugar les daba exactamente lo mismo. Para nosotros ese era el propósito del viaje. A pesar de que Adriana sufrió la pérdida de su señora madre cuando estaba en Japón, siempre mantuvo la misma actitud de reto frente a la vida. En 1991 cuando fui por primera vez a Brasil, Coca Cola contrató una agencia que se encargó de los trámites de la visa del premio que había ganado para asistir al Rock & Rio II. Ahora, a pesar de haber obtenido el boleto a Brasil con meses de anticipación, por descuido o estupidez se me pasó ese pequeño detalle. No me pude embarcar en la fecha del viaje y tuve que retrasar mi salida por el trámite de la visa. Sin embargo llegué en la fecha a la boda que había sido convidado. Enriquecedora experiencia por ser distinta. Nunca había asistido a una boda con karaoke. En principio de cuentas la boda era a las 5 de la tarde y por eso de las 2 y media de la tarde ya estaba en la casa del novio. El novio me pide que descanse un poco mientras sigue con los preparativos. No había dormido casi nada en el vuelo, así que me dispuse a hacer lo propio. Después de un rato me molesta la mamá del novio para que le ayude con unas cosas. Pensé que sería algo breve y luego regresaría a descansar. Iluso yo. Primero me pide que mueva una alfombra a donde no estorbara. Luego me pide que le ayude a sacar la vajilla, luego a lavar la vajilla, después a poner la mesa. Ya no descansé. A penas me dió tiempo de bañarme y vestirme. Llegan los familiares y amigos, comemos comida china vegetariana -porque los novios son de esa extraña religión que no come carne-. Se llevó a cabo una pequeña ceremonia de la tradición china -el novio nació en Taiwán-. Se ponen los novios frente al altar de la casa y luego agradecen a la deidad con unos inciensos. Acto seguido se voltean con la mamá del novio -también china- y le agradecen. A partir de entonces le dicen a la novia que ya puede llamar “mamá” a la suegra. Corremos por todo Sao Paulo sin saber porqué, aparentemente se habían retrasado. El papá de la novia nunca llegó a la iglesia y el suegro tuvo que entregar a la novia. Los traicioneros nervios fueron la causa de que el papá de la novia estrellara su coche contra el portón de su casa. Entristeció la novia porque su padre no la acompaño al altar. En la iglesia me encuentro con las otras dos becarias de Brasil; Miyuki y Vanessa. Ellas me dan un aventón al banquete y nos perdemos en el camino. Sao Paulo es un laberinto incluso para los que ahí viven. Por fin llegamos al banquete y era de esperarse que el menú fuera vegetariano, lo que no se esperaba era la inasistencia de Dioniso a la celebración. Digo, esta bien eso de respetar a todas las criaturas del señor, pero a la vid no hay que respetarla. Cohetes chinos anunciaron la llegada de los recién casados. El maestro de ceremonias brasileño hablaba un perfecto japonés. Hubo una presentación restrospectiva de los novios. Los discursos en japonés fueron traducidos simultáneamente al portugués. Vida, salud y kanpai! Los recien casados abrieron el escenario del karaoke con sus canciones predilectas. Luego los otros invitados pudieron atormentar a los demás con sus peticiones.

© Jorge Ikeda 2018