June 25, 2010

Veritas liberabit vos

Después de recoger a mi hijo de la clase de Taekwondo, siempre viro a la derecha sobre avenida Cuauhtémoc. Ayer dí vuelta a la izquierda porque tenía que ir a la universidad donde imparto la cátedra Teoría Política, fui por una clave para subir el curso a la plataforma Moodle. De repente el tránsito se puso lento, una motopatrulla obstruía un carril de la avenida de dos carriles. Cierra los ojos, le ordené a mi hijo. Un atropellado. Con las nalgas peludas hacia el cielo, un hombre yacía en la acera. Volteó la cara y babeaba sangre. Recordé a los toros que han recibido la estocada final.

Los diarios locales no dieron cuenta del suceso. La élite política y económica se empeña en recrear una realidad inexistente. Aquí no pasa nada, parece ser la consigna.

En la película Men in Black (1997) los protagonistas recurren a la prensa amarillista para enterarse de la realidad en el submundo de los alienígenas. Los cuernavaquenses recurrimos al diario Extra para enterarnos de la realidad subyacente.

En un asalto a un negocio que instala películas antiasalto para automóviles -vaya paradoja- cuatro sujetos armados vaciaban el local cuando el dueño opuso resistencia a los asaltantes. Dos balazos en el pecho terminaron con la vida de este infortunado sujeto cuando la ambulancia lo trasladaba al hospital.

Todo este suceso me recordó un pasaje de la obra Nietzsche de Henri Lefebvre.

Ha erigido en tipo ideal al hombre débil, la "bestezuela de rebaño", al animal humano domesticado y enfermo, que practica sistemáticamente el autocastigo. El hombre sin pecado del cristianismo es el oprimido eterno con las virtudes que le convienen; ellas le dan esas pequeñas satisfacciones débiles que prolongan su esclavitud, pero que compensan su ausencia completa de vitalidad: la dulzura, la benignidad, la caridad. Para justificar esta moral de esclavos, los teólogos han construido un inmenso sistema de "piadosas mentiras", de interpretaciones pérfidas. Se ha empozoñado el corazón de los hombres con el resentimiento y la idea del pecado; y después se les ha explicado por el pecado original o actual su decadencia. Abominable círculo vicioso. Apenas si se elevan por encima de este odioso rebaño algunos tipos, odiosos ellos mismos, pero seleccionados y después de todo superiores:el prelado maquiavélico, el contemplativo, el santo."

© Jorge Ikeda 2018