July 15, 2010

La tortura como instrumento de investigación

En los años ochenta del siglo pasado se contaba un chiste para reirse de la triste realidad. Se organiza un concurso para conocer a la mejor policía investigadora del mundo. El reto era perseguir y capturar un conejo. La Scotland Yard captura al conejo en una hora. El FBI utiliza la mejor tecnología y atrapa al conejo en media hora. La policia judicial mexicana detiene “algo” en 10 minutos y lo interroga por horas. Entonces la policía mexicana presenta un elefante con evidentes muestras de tortura -moretones, tehuacanazos y quemaduras por toques eléctricos y por cigarro-. Cuando los jueces se cuestionan sobre la efectividad del resultado, el elefante asegura: ¡les juro que soy un conejo!

Este post no representa un pronunciamiento a favor de la tortura, sino un golpe de realidad; al parecer, desde que se erradicó la tortura en México, la policía investigadora no resuelve ni un caso. En Morelos, por lo menos, se cumple este supuesto.

El 6 de junio del presente año se escapan seis reos del penal de Atlacholoaya. Antier tres de los seis reos evadidos amanecieron colgados de dos puentes de Cuernavaca. Uno se pregunta cómo el Comando Pacífico Sur, un cártel del narcotráfico, puede perseguir y ejecutar a los evadidos mientras la policía todavía los busca.

En esta nota del diario la Jornada se encuentra una pista que huele a tortura:

ZACATEPEC. Un sujeto, de entre 45 y 50 años de edad, fue “levantado” por presuntos narcotraficantes y luego dejado en libertad, tras cuatro días de cautiverio. Los captores dejaron un mensaje en el que se indicaba que la víctima estaba implicada en la fuga de reos del penal de Atlacholoaya. Alrededor de las 19:50 horas del pasado lunes, el afectado fue dejado con vida en el estacionamiento de la tienda Oxxo de la calle Sanalona, colonia Lázaro Cárdenas, a dos cuadras de la entrada principal del ingenio Emiliano Zapata. El sujeto fue localizado con ataduras en pies y manos e igualmente se encontraba amordazado con “cinta canela”. A su lado se halló un presunto narcomensaje en el que se leía en letras mayúsculas de color negro y rojo: “Aquí tienen a Jorge Bravo Guzmán, el que ayudó a la fuga de los reos de Atlacholoaya, el que entregó las armas al custodio Manuel y que ayudó a 2 michoacanos, José Santos Sánchez Ambriz y Manuel Sánchez Ambriz. Se dieron 5 millones de pesos por su ayuda”.

El 12 de junio fue asesinado Juan Sebastián Figueroa González, hijo del compositor Joan Sebastian, en la puerta de la discoteca The Grand Hotel. Como se puede leer en esta nota del Diario de Morelos, en la madrugada del 15 de junio el CPS ejecutó a Guillermo Vargas Rivera, asesino de Juan Sebastían Figueroa Gonazález e hijo de un policía ministerial que también murió en el ataque.

Nadie duda la eficacia de los métodos de los narcotraficantes para sancionar a los delincuentes, pero estos hechos ponen en evidencia la incapacidad del Estado para investigar y capturar a los transgresores de la ley sin recurrir a la tortura. ¿El combate a la delincuencia organizada justifica el uso de la tortura? Para acometer al terrorismo; ¿los derechos civiles se pueden limitar como en los Estados Unidos de América?

La violencia del narcotráfico terminó con la observancia de los derechos humanos y a la vez con la democracia. Ahora el narcotráfico amenaza la existencia misma del Estado. Para Bobbio, basta con que un grupo se imponga por la fuerza y haga valer sus mandatos sobre un territorio para que surga un Estado. En Morelos, la impávida fuerza del narcotráfico impone un reino de terror, mientras la autoridad constitucional observa su propia decadencia.

[caption id=“attachment_2205” align=“aligncenter” width=“300” caption=“Silencio por Alberto Montt”][/caption]

© Jorge Ikeda 2018