October 22, 2010

Thomas A. Szlezák

El viernes pasado acudí a la conferencia de Thomas Szlezák, filólogo de la Universidad Eberhard Karls de Tübingen. Este profesor alemán es ciudadano honorario de Siracusa (Sicilia). Habla italiano y leyó su conferencia en español, a veces me daba la impresión de estar escuchando al papa Benedicto XVI. Gracias a su explicación sobre qué es y qué pretende un diálogo platónico comprendí que en realidad no entendía a Platón. Platón escribe en forma de diálogo y el lector es algo parecido a un testigo pasivo de la conversación. Una conversación siempre es contextual y aunque hay cosas que no se dicen, se deducen de la conversación. Así surgen los malos entendidos y ése es el propósito de Platón. Que el lector entienda es un despropósito. Los diálogos son una forma de secuelas en una novela en la que se van resolviendo los enigmas planteados en un diálogo en el siguiente diálogo. De tal forma que resulta necesario leer todos los diálogos para entender mínimamente a Platón. De otra forma uno se coloca en la posición de Fedro que en el Banquete le reclama a Sócrates el desprecio y la falta de correspondencia al amor homosexual que le brinda. Fedro no ha entendido nada de nada. Hay dos formas de leer los díálogos; exotérica y esotéricamente. Cuando una persona lee pronunicando los sonidos sin entender, es una lectura exotérica. Los smartphones o teléfonos inteligentes pueden leer un texto con el acento que el usuario elija, esta es una lectura exotérica. Pero si uno lee al oyente interior, la lectura se abre, se desencripta el mensaje.

...el único sentido en que se podría hablar aquí de esotérico y exotérico, de manera que esto indique una cualidad del lector según que él se convierta o no en un verdadero oyente de lo interior"

Lo sorprendente es que el diálogo no le dice nada a quien permanece ajeno, excluído de lo interior.

Quien oye lo "interior" del texto se encuentra de este modo "dentro" de él, pero, justamente, el texto no se abre a todos."

Yo que criticaba a los esotéricos, ahora descubro que “sois la ocasión de lo mismo que culpáis”.

Filosofar quiere decir estar en camino: un viaje sin final, el camino es la meta, después de todo, en el Banquete, Eros tampoco alcanza su meta, pues, en el mismo momento en que alcanza algo, lo pierde, de modo que se queda a medio camino entre la sabiduría y la ignorancia, entre sophia y amathia. Eros no posee nunca sophia, sino sólo philosophia, amor o aspiración a la sabiduría, es decir, una y otra vez tiene que comenzar de nuevo."

Cuando el lector cree que entendió, se da cuenta que no ha entendido nada.

© Jorge Ikeda 2018