April 16, 2011

Vexatio dat intellectum

Todo comenzó dos semanas antes del polémico sermón del 12 de diciembre de 1794.

Unos diez y siete días antes del de Guadalupe, el regidor Rodríguez me encargó el sermón para la fiesta del Santuario, y como orador ejercitado y que ya había predicado tres veces de la misma imagen con aplauso, presto inventé mi asunto, y lo estaba probando, cuando el padre Mateos, dominico, me dijo que un abogado le había contado cosas tan curiosas de Nuestra Señora de Guadalupe, que toda la tarde le había entretenido. Entré en curiosidad de oirle, y él mismo me condujo a casa del licenciado Borunda. Este me dijo: «yo pienso que la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe es del tiempo de la predicación en este reino de Santo Tomás, a quien los indios llamaron Quetzalcohuatl.» No extrañé esta predicación que desde niño aprendí de la boca de mi sabio padre. Cuanto he estudiado después me ha confirmado en ella, y creo que no hay americano instruido que la ignore, o que la dude."

Fray Servando pasaba por una buena racha en el púlpito y tenía fama de buen orador, como él mismo reconoce en las Cartas del Doctor Mier al Doctor Muñoz, cronista de las Indias en el año de 1797:

Añadióse que yo sobresalía un poco dentro y fuera del claustro, especialmente en el púlpito, y acababa de predicar con sumo aplauso estampado en la gazeta la oración fúnebre de Hernán Cortés en la traslación de sus huesos de San Francisco á un mauselo de mármol en su iglesia de Jesus, ó por mejor decir, en su primer entierro."

Así que a fray Servando, seducido por el veleidoso aplauso, se le ocurrió dar un novedoso enfoque a la tradición de Guadalupe. En ocasión de la solemne celebración de la milagrosa aparición de la Virgen, en la Insigne y Real Colegiata de Nuestra Señora de Guadalupe, y con la concurrencia del Marqués de Branciforte, Virrey de la Nueva España, y de Alonso Nuñez de Haro y Peralta, Arzobispo de México, hizo cuatro proposiciones:

«La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe no está pintada sobre la tilma de Juan Diego sino sobre la capa de Santo Tomás Apóstol de este reino.» Primera proposición. «La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe antes de 1750 años ya era celebre, y adorada por los indios ya cristianos en la cima plana de esta sierra de Tenanyuca donde la erigió templo y colocó Santo Tomás.» Segunda proposición. «Apostatas los indios muy en breve de nuestra religión maltrataron la imagen, que seguramente no pudieron borrar y Santo Tomás la escondió hasta que 10 años después de la conquista apareció a Juan Diego la Reina de los Cielos pidiendo templo para servirnos de madre y le entregó la última vez su antigua imagen para que la presentase ante el señor Zumárraga.» Tercera proposición. «La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe es pintura de los principios del siglo primero de la Iglesia; pero así como su conservación su pincel es superior a toda humana industria, como que la misma Virgen María viviendo en carne mortal se estampó naturalmente en el ayatl o lienzo.» Cuarta proposición, de que las otras tres son un resultado, y todas, lo confieso, extrañas e inauditas; pero a mí me parecen muy probables (...)"

El arzobispo Alonso Nuñez de Haro llamó a cuentas a fray Domingo Gandarias, provincial de la orden de Predicadores, y el 14 de diciembre de 1794 éste entregaba las licencias de predicar del padre doctor fray Servando Mier y los apuntes de su sermón.

Se recurrió a la universidad para que me borrase de la lista de sus doctores Teólogos, lo que se negó á hacer hasta que le mostrase la heregía en que hubiese incurrido."

De nada sirvió la reserva que a la primitiva y genuina tradición hiciera fray Servando en su sermón:

Sugeto mis proposiciones á la correccion de los sabios. A algunos pareceran estrañas; pero á mi me parecen probables, y á lo menos si me engaño, habré exitado la decidia de mis paysanos para que probándomelo, aclaren mejor la verdad de esta historia, que no dejan de criticar los desafectos, y entonces mas gustoso yo veré destruidas todas mis pruebas, de que ahora puedo exhibir algunas, consultando á la brevedad é inteligencia de la mayor parte del auditorio."

El arzobispo ordenó a los señores doctores y maestros; don José Patricio Uribe y don Manuel de Omaña y Sotomayor censurar el dichoso sermón. Se tardaron un mes en concluir el dictamen, pero según el sitio filosofía.org el documento es una de las “producciones filosófico prácticas más acabadas de la Nueva España en el siglo diez y ocho.”

Pero en obsequio de la verdad y para que no se impute al licenciado Borunda la falta de que es culpable el padre Mier, debemos hacer presente: que dicho licenciado aunque le comunicó al predicador a repetidas instancias sus pensamientos, no tuvo parte en que los publicara en el púlpito; pues antes bien procuró en algún modo retraerlo de esto. (...) Trataremos, pues, antes de calificar el sermón, del ridículo y delirante sistema borundiano, indicando algunas reflexiones que demuestran: que los delirios de Don Quijote de la Mancha, variada la materia, no se concibieron sólo en el festivo celebro de Cervantes. En efecto el licenciado don Ignacio Borunda nos parece un Don Quijote histórico mexicano, que imaginándose, como el manchego que se dolía tanto de ver enteramente perdida la caballería, no haber historia alguna fiel mexicana, haber sido todos sus historiadores unos ignorantes del idioma, tradiciones, religión y costumbres de las naciones del Nuevo Mundo, quiso él resucitar esta muerta y perdida historia. No extrañe vuestra excelencia esta alegoría, que por ridícula podría parecer menos propia del serio y grave asunto que tratamos; porque cuando hablamos de delirios y de hombres delirantes es necesario explicarnos de esta manera y usar tal vez de una clase de estilo, que según la máxima de Horacio suele ser muy eficaz y propio para el convencimiento. Ridiculum acri Fortius et melius magnas pleruntque secat res. (...) ¿Fue otro el delirio de Don Quijote cuando creyó, que la manada de carneros significaba un ejército o cuando tuvo por un gigante como el Briarco al molino de viento? Si este discurso de Borunda con todos sus cien términos silogísticos se aplica a cualquiera india preñada, aunque sea ramera, que esté ceñida y que tenga, como muchas veces traen, el ñudo sobre el vientre, ¿no se concluye la herejía más heretical que se haya oído?"

Por esta célebre ocurrencia, el padre Mier fue condenado a diez años de destierro en España, recluido en el convento de las Caldas, que se encontraba, según el propio autor de las Cartas, “en un desierto cerca de Santander”.

En fin, Señor, pues la emulación ya fanatismo, gracias á hallarme en la flor de mi juventud, me han dejado el pellejo, y no quepo de gusto en mi pelele, por ver á un hombre tan sobrio como VS. de acuerdo conmigo en el punto del ataque, me ha de permitir que en cartas sucesivas, para evitarle en lo sucesivo la molestia, le vaya exponiendo las razones que he tenido para dudar sobre la tradición de Guadalupe, ó por mejor decir, las que he descubierto despues que la persecucion me ha hecho meditar y estudiar el asunto de la qüestion: Vexatio dat intellectum."

Los problemas alimentan la sensatez.

© Jorge Ikeda 2018