April 20, 2011

Quod amplius nos delectat, secundum id operemur necesse est

Según la Enciclopedia Católica, a Cornelius Jansenius Yprensis se le atribuye la herejía del jansenismo. El Obispo de Ypres siempre vivió de acuerdo con los preceptos de la Iglesia, pero dejó en la obra Augustinus la semilla de la herejía. No sin dejar de advertir que: “Si, sin embargo la Santa Sede desea algún cambio, yo soy un hijo obediente, y me someto a aquella Iglesia en la que he vivido hasta la hora de mi muerte. Este es mi último deseo”. En su correspondencia con San Cyran, Jansenio prevenía de los problemas que la doctrina por él descubierta en San Agustín traería como consecuencia. De acuerdo con esta doctrina, el hombre está naturalmente inclinado hacia el mal. “Quod amplius nos delectat, secundum id operemur necesse est” (Actuamos necesariamente según lo que nos deleite más) y lo que deleita más al hombre son los placeres mundanos. La gracia le permite al hombre tender al bien, pero, de acuerdo con Jansenio, no todos los hombres la tienen. Hay pecados que requieren gracias especiales y que si no se tienen, son invencibles.

José Ignacio Saranyana y otros explican, en la obra Teología en América Latina, que:

En consecuencia, si el hombre peca sólo porque le falta la gracia, a cuya recepción no puede contribuir en nada, se sigue que su salvación o condenación no dependen de su propia voluntad, sino solamente de la predestinación de Dios; y se sigue también que Dios no da a todos los hombres los medios para salvarse y que Jesucristo no murió por todos los hombres, ya que de haber muerto por todos, habría adquirido la gracia para todos."

Jansenio confundió la libertad con voluntariedad; lo voluntario era, por su naturaleza, libre por necesidad (libertas a necessitate). La voluntad se inclinaba a la delectación, pero surge la confrontación entre la delectación causada por el amor a Dios y la delectación producida por las malas inclinaciones. La resistencia a la coacción de las malas inclinaciones era la libertas a coactione. Jansenio hace una distinción entre el estado de inocencia primitiva de Adán y el estado de naturaleza caída de sus descendientes. En el estado de inocencia primitiva la voluntad era indiferente al bien o al mal, y la gracia una condición necesaria para actuar bien. En el estado de naturaleza caída, la voluntad distingue entre el bien y el mal, pero se inclina necesariamente por mal. El hombre sólo puede obrar bien con la ayuda de la necesaria gracia, pero esa sólo Dios la da y no a todos.

El entuciasta jóven Jansenio imbuido en los errores de Miguel Baius estaba ansioso por difundirlos. Un hecho que influyó de manera determinante en la vida de Jansenio fue que después de estudiar filosofía trató de ingresar a la Compañía de Jesús y fue rechazado. Desde entonces hizo causa común en contra de los jesuítas a quienes acusó de cometer la herejía de pelagianismo. Pelagius fue un ascético que negaba la ayuda divina en la comisión de las obras. La única gracia necesaria era la declaración de la ley, los hombres no estaban afectados por el pecado original, como argumentó San Agustín, y eran completamente capaces de cumplir con la ley sin la ayuda divina.

En The Origins of Jansenism, Nigel Abercrombie explica que para los pelagianos, los niños nacen libres de cualquier mal y por lo tanto no pueden incurrir en culpa o pena. Jansenio declaró esta posición como monstruosa y quimérica, porque las miserias de esta vida son incompatibles con la coexistencia de la inocencia en el hombre y la justicia en Dios. Para Jansenio, los niños que mueren sin bautizar no merecen la bendición natural de la inocencia, porque estaría en contradicción con la creencia de que la infelicidad de los infantes es compatible con la natural inocencia, una teoría que al propio San Agustín le costó trabajo demostrar.

Antoine Arnaud escribió en contra de la comunión frecuente y de la confesión, pues no servían de nada si no se tenía la gracia especial que sólo Dios otorgaba. Del texto del Arnaud se extrajeron las cinco porposiciones que el papa Inocencio X sometió a análisis de cinco cardenales y trece consultores y después de dos años fueron consideradas heréticas. Según Arnaud las cinco proposiciones no se encontraban en Augustinus por lo que había que rechazarlas como lo hizo el papa, pero apegarse a lo que decía Jansenio que era, según los jansenistas, lo mismo que decía San Agustín. De nueva cuenta se sometió la errónea interpretación de la Bula Cum ocassione y en esa ocasión treinta y ocho obispos confirmaron la condena. Arnaud elaboró otra tesis que sería el fundamento de su resistencia; la Iglesia está facultada para decidir sobre la veracidad o falsedad de una doctrina, de su origen revelado o heterodoxia, esta es una cuestión de derecho. Pero no puede decir si una doctrina se encuentra contenida en un libro, esa es una cuestión de hecho. Questio iuris et questio facti. La asamblea de obispos también consideró herética la teoría del derecho y del hecho, y así se lo hizo saber al papa Alejandro VII que emitió la Bula “Ad sanctam Beati Petri sedem”.

Para los autores de Teología en América Latina la cuestión no terminó ahí:

A lo largo del tremendo debate jansenista, desde Urbano VIII hasta la paz clementina (decretada por Clemente IX en 1668), los jansenistas tacharon a los jesuítas de semiplagianos (en el orden dogmático) y de laxistas (en el orden moral); y los ignacionanos acusaron de herejes a los seguidores de Jansenio.La polémica no se aquietó en 1668, enredándose cada vez más."

Sirva de moraleja al Presidente Calderón en su guerra contra el narcotráfico, entre más se empeñó la Iglesia en prohibir el jansenismo, mayores fueron sus esperanzas de triunfo.

Coincido con los pelagianos que afirmaban que la ignorancia era natural en los niños e irreprochable en los adultos, excepto cuando puede ser vencida.

© Jorge Ikeda 2018