December 9, 2011

In dubio pro idiota

En la Feria Internacional del Libro cuestionaron a Enrique Peña Nieto sobre los tres libros que habían marcado su vida. El candidato del PRI citó la Biblia, y luego dijo que leyó algo que por su vocación política alimentaba su espíritu; “La silla del águila, de Krauze”. Para Jesús Silva-Herzog Márquez el problema no fue que Peña Nieto errara al citar la obra de Carlos Fuentes, sino que sus asesores no anticiparon la pregunta “y dejaron al producto vacío”. Su mayor debilidad, según Silva-Herzog, lo imprevisto. No se aparta del libreto. Álvaro Delgado da cuenta de la anécdota de Manuel Espino, quien al regalar a Peña Nieto su libro Señal de alerta, este último confesó que no le gustaba leer y que daría el libro a sus asesores para que le prepararan tarjetas con lo más importante. Si los asesores hacen el trabajo intelectual, ¿qué hace Peña Nieto? Actúa. El penoso intento de Televisa por defender a Peña Nieto puso en evidencia la autoría del producto. Vicente Fox llegó a ser Presidente porque se vendió como producto y también fue un producto vacío. Carlos Loret denunció la guerra sucia en contra de la mayor producción de Televisa, un reality que abarca el asalto televisado al poder. Loret implicó que “alguien” utiliza un mensaje del novio de Paulina Peña Pretelin, reenviado por ella, para atacar al candidato. A través del citado mensaje, la hija de Peña Nieto mandó “un saludo a toda la bola de pendejos, que forman parte de la prole y solo critican a quien envidian!…” (sic). En la columna Loret también sospechó de una campaña orquestada y financiada por “alguien” y quienes escriben sobre el asunto sólo podrían hacerlo por encargo (así como yo, por encargo de pepe “el grillo”). En el programa televisivo Tercer Grado, Adela Micha consideró que no es importante que el candidato lea. ¿Y la campaña institucional a favor de la lectura? Arturo Aguirre publicó en su muro de Facebook un artículo del blog Opinionator y que publica The New York Times. El autor del blog, Gary Gutting, da un interesante punto de vista sobre la relación entre los intelectuales y los políticos. Los intelectuales señalan lo que se tiene que saber; cómo funciona la naturaleza y la sociedad, qué ocurrió en el pasado, cómo elaborar conceptos y cómo apreciar el arte y la literatura. Gutting considera que el norteamericano desconfía de los intelectuales y no los considera apropiados para el poder. De tal forma que los políticos no necesitan convertirse en intelectuales, pero sí llevar vidas intelectuales. Los políticos necesitan conocer los conceptos de la economía para poder comunicarse con los economistas. El sentido común es útil para resolver los problemas de la vida diaria, pero inútil cuando se trata de dar respuesta a los complejos problemas de la sociedad. Entonces, los líderes deben ser inteligentes consumidores de opiniones expertas. Roberto Calasso cita a Stendhal, el mayor cronista de Napoleón. Talleyrand tenía una casa entre el río Sena y el Bois de Boulogne, un parque al que sólo se iba a pasear. Talleyrand convenció a Napoleón de cazar jabalíes en el Bois de Boulogne y envió al criado a comprar dos cerdos negros y a soltarlos en el parque. Napoleón pasó horas persiguiendo al cerdo y el criado, a punto de ser descubierto, reveló que se trataba de un cerdo y no de un jabalí. Napoleón regresó montado en cólera. Aún así, Talleyrand persuadió a Napoleón de probar suerte con los conejos y de nueva cuenta mandó al criado a conseguir cincuenta conejos al mercado y a soltarlos en el parque. Cuando Napoleón llevaba treinta conejos cazados, el criado confesó que se trataba de conejos mansos y no silvestres. Napoleón tardó más de seis meses en reconciliarse con Tayllerand y amenazó a éste en caso de ocurrírsele contar tan peculiar anécdota. De la misma forma en que Napoleón aparentó pasar por experimentado cazador, Enrique Peña Nieto quiso pasar por intelectual. Talleyrand debió haber llorado de la risa a costa de Napoleón. En el Twitter leí que @EPN es uno de esos tontos que ha escrito más libros de los que ha leído.

© Jorge Ikeda 2018