March 6, 2012

La democracia según Ronald Dworkin

En la obra El canon neoconstitucional se puede encontrar un artículo de Ronald Dworkin titulado “Igualdad, democracia y constitución” y en éste el autor da a conocer su propuesta de democracia. Dworkin parte de la definición de democracia de Pericles para quien ésta significa el gobierno del pueblo. Para Dworkin nuestra democracia se ha convertido en el gobierno de los jueces y el problema radica en que los jueces no son elegidos, sino nombrados. En principio se acepta que la democracia es el gobierno de la mayoría, pero cuando la Constitución establece límites a esa mayoría, los funcionarios que juran lealtad a esa Constitución deben confrontarse con la volutad popular si esas garantías se ponen en juego. Entonces la revisión judicial no es democrática y los países que la tienen no dejan de ser democráticos porque sus democracias no sean perfectas, sino que precisamente son más democráticos por sus democracias imperfectas. Las constituciones también contienen disposiciones estructurales que dictan cómo se organizan los poderes, cuándo se celebran elecciones, por cuánto tiempo desempeñaran los cargos los funcionarios electos, etcétera. Estas disposiciones son democráticas en la medida en que NO puedan ser cambiadas por la mayoría.

Si las instituciones generadas mediante las disposiciones estructurales son democráticas -si establecen un sufragio prácticamente universal entre los adultos y competentes, y una razonable responsabilidad de los funcionarios frente al electorado-, entonces, el hecho de que una mayoría actual no pueda cambiar la Constitución cada vez que desee consolidar su poder evitando que se formen nuevas mayorías en el futuro, mejora la democracia."

Otro supuesto es que en una democracia el Gobierno debe tratar a las personas como iguales, pero también debe decidir qué derechos respetará y ésto tiene que ver con los valores que la comunidad eligirá. Si debemos decidir cómo proteger la libertad de expresión, Dworkin se pronuncia a favor de lo que digan los jueces de la Suprema Corte de Justicia por encima de los valores de la mayoría democrática, no sin dejar de notar que ésto contravendría los supuestos sobre cómo se deben elegir los valores en la comunidad. De esta forma, la real contraposición no se halla entre la democracia y los valores, sino en cómo se escogen esos valores, si se hace a través de métodos elitistas o métodos democráticos. Frente a este problema se plantean dos soluciones igualmente conservadoras. Los historicistas postulan que las limitaciones constitucionales sólo limiten a las mayorías actuales en la forma en que fueron previstas originalmente, de esa manera “el ataque a los valores democráticos no sería tan grave en cuanto que las restricciones fueron impuestas por amplias mayorías anteriores, y no por jueces que no fueron elegidos ni representan a nadie.” Pero Dworkin también resalta las contradicciones a las que los historicistas se enfrentan, en la medida en que los fundadores no pretendían que sus opiniones sobre moralidad pública influyeran a la hora de interpretar la Constitución. Si no que debían ser interpretadas de acuerdo con la moralidad pública del momento en el que se realiza la interpretación. El Pasivismo, por su parte, destaca que las restricciones de la Constitución le dan el poder a la mayoría de hacer cualquier cosa que no sea irracional. Dworkin cita, como ejemplo, al Juez Learned Hand quien decidió que la segregación racial en escuelas públicas atentaba contra la garantía constitucional de igual protección de la ley, en el caso Brown vs Board of Education, aunque la segregación hubiera sido impuesta por la mayoría. El pero que Dworkin encuentra es que el pasivismo tiende a tratar a las disposiciones restrictivas como si no existieran, y es difícil conciliarlo con la idea de la Constitución como derecho de una comunidad. Así que Dworkin se pronuncia por la solución que John Hart Ely propone, Ely dice que algunas disposiciones restrictivas de la Constitución son también estructurales, y que lejos de poner en riesgo a la democracia, ayudan a generarla (Lo mismo diría Bobbio). La libertad de expresión, por ejemplo, al evitar que los funcionarios censuren las expresiones, ayuda a mantener la democracia. Otro ejemplo que Dworkin cita es el de la discriminación en las escuelas públicas, ya que “el poder político no es igual cuando la discriminación sistemática y la falta de educación le quita a un grupo la influencia política y la autoconsciencia que tienen otros.” Aunque del planteamiento de Ely, según Dworkin, no se sigue que si la mayoría declara la homosexualidad o el aborto como actos criminales, no quiere decir que no sean democráticos, sino que la mayoría no los considera populares y que de eso se trata la democracia. Aqui se nota una clara incosistencia en el planteamiento, ¿en unos casos se respetan las disposiones restrictivas y en otros se aplica la democracia? En la concepción de la democracia de Dworkin se observan grupos y no individuos particulares, ya que define a la democracia como acción colectiva. Parte de la definición de Abraham Lincon de democracia como el gobierno por el pueblo, y argumenta que el pueblo, de forma colectiva, elige a sus líderes, que es algo que “ningún individuo haría o podría hacer por sí mismo.” De la acción colectiva, Dworkin distingue entre estadística y comunitaria. La acción estadística se da cuando los miembros del grupo hacen algo por sí, sin ninguna consciencia de hacerlo como grupo. El mercado, por ejemplo, funciona de esta forma. El que el mercado suba o baje depende de las acciones individuales. La acción colectiva es comunitaria cuando los miembros del grupo asumen la existencia del grupo como entidad o fenómeno en sí mismo. Dworkin pone como ejemplo la culpa que siente el pueblo alemán por lo que hicieron los nazis. Otro ejemplo que retoma de John Rawls es el de la orquesta; “una orquesta puede interpretar una sinfonía, lo que ningún músico por separado podría hacer…” La democracia permite dos lecturas, la primera en su vertiente estadística; “en una democracia las decisiones políticas se toman en función de los votos o decisiones o deseos de los ciudadanos individualmente considerados.” Y la vertiente comunitaria; “una democracia, es una entidad distinta -el pueblo como tal- la que toma las decisiones políticas en lugar de los ciudadanos individuales.” Esta vertiente es similar a la concepción de Rosseau de la voluntad general y es por la que Dworkin se pronuncia. En la versión estadísitica únicamente incluirá las estructurales y, para estar en sintonía con lo que Ely propone,también incluirá algunas disposiciones restritivas, no todas, como la libertad de expresión y de prensa. Y, según Dworkin, en la versión comunitaria de la democracia, “no es necesario que las disposiciones estructurales se limiten a cuestiones de procedimiento y de organización”. Dworkin advierte los peligros totalitarios que seguramente el lector encuentra en su propuesta, por lo que añade una segunda clasificación; la acción colectiva comunitaria integrada y la acción colectiva comunitaria monolítica. La primera mantiene la importancia en lo individual, y la segunda niega tal importancia. La igualdad política, definida por Dworkin como “tratar a las personas como iguales en la distribución del poder político”, significa igualar a las personas en su poder político, lo que inevitablemente conduce a la regla de la mayoría estadística. Entonces, Dworkin resalta el dilema, la mayoría puede privar a la minoría de “un interés igual y una parte igual en el Gobierno”. Dworkin se cuestiona si tratar a las personas como iguales significa reconocérles igualdad de poder político. Porque se derivan varias opciones; en una dimensión horizontal del poder político difícilmente se encontrará algo que se aproxime a la genuina democracia, pues en una dictadura todos tienen igual poder político, es decir, ninguno. También se da el caso en que todos tengan un voto para el partido único o el partido hegemónico (como era el PRI) y mientras se cumpla la condición de una persona un voto se habla de igualdad en la dimensión horizontal. En la dimensión vertical del poder político parece imposible que se de la condición de igualdad, por lo que Dworkin introduce otros dos conceptos a la discusión. El impacto de alguien en la política es, a decir de Dworkin, el que logra por sí mismo al votar o elegir un decisión política sobre otra. La influencia de alguien es la diferencia que puede hacer no sólo votando o eligiendo, “sino guiando o induciendo a otros a creer, votar o elegir como él lo hace.” En la dimensión vertical el impacto es distinto -ya que no es lo mismo el voto de un representante que el de un ciudadano de a pie-, y se puede aspirar a la igualdad, si la igualdad es en la influencia. ¿Cuáles son los supuestos? En primer lugar que los representantes voten como lo desean sus representados. En segundo lugar, que haya elecciones frecuentes y que la comunicación entre funcionarios y electores es adecuada, y que “los mecanismos de revocación son aceptablemente eficientes y económicos, de modo tal que los funcionarios se atienen al referido deber” -de ahí la importancia de la reelección legislativa en México-. En tales circunstancias, dice Dworkin, se lograría la igualdad vertical. Dworkin critica en la dimensión horizontal la igualdad de impacto por se poco exigente, el impacto es diferente si la censura niega la posibilidad de expresar opiniones o si uno es bastante más rico como para controlar un medio de comunicación -aunque desde mi personal modo de ver sería de influencia-. Por lo que Dworkin propone transitar de la igualdad de impacto a la igualdad de influencia y explicar porqué “la censura de opiniones niega la igualdad de poder político”. En la dimensión horizontal la igualdad de influencia es engañosa por la razón que esgrimí arriba; el rico tiene mayor poder de influencia que el pobre. Aun lográndose la igualdad económica, la desigualdad de influencia surge por las más diversas razones; ya sea porque decidieron hacer una inversión en campañas políticas, ya sea porque invirtieron en su educación y preparación o porque llevan una vida ejemplear digna de homologar. Se podría considerar la desigualdad de influencia como un defecto de la organización social y si se pudiera reducir o eliminar, no se explicaría porqué, al final, “algunas personas están políticamente más motivadas, o entrenadas, o son más carismáticas que otras”. Si la desigualdad en el poder político puede ser explicado sin apelar al ideal de la igualdad de influencia en el contexto de la dimensión horizontal, entonces Dworkin no encuentra razones para aspirar a dicho ideal. Dworkin describe dos sociedades atractivas que pueden ser igualmente utópicas. En la primera, los ciudadanos se comprometen en la política “como consecuencia de una preocupación intensa y compartida por la justicia y la corrección de los resultados” y alienta a los ciudadanos a sentirse orgullosos del éxito o avergonzados del fracaso de la comunidad como si de ellos mismos se tratara, aunque el ideal de igualdad de influencia “desafía dicha aspiración”. En la segunda; “que los ciudadanos tengan tanta libertad como sea posible para extender su vida moral y su experiencia en política”. Aunque en lo personal no encuentro ninguna diferencia con la visión liberal, Dworkin afirma que no es lo mismo que lo mesmo. Para abundar más en su concepto de democracia, Dworkin introduce otros dos conceptos; la unidad de responsabilidad y la unidad de juicio. “La unidad de responsabilidad que cada persona asume es ella misma actuando como individuo…” y es característica de la acción colectiva estadística. El ejemplo que Dworkin utiliza es bastante ilustrativo porque asume la responsabilidad que los estadounidenses tienen en la destrucción del medio ambiente, pero cada uno quiere asumir sólo la parte que le corresponde de responsabilidad y no toma ninguna responsabilidad por lo que hacen los demás en lo individual o el daño que como comunidad ocasiona. Pero hay casos en que no es así, y Dworkin ejemplifica con la orquesta o el equipo de béisbol, en el que el éxito o fracaso es responsabilidad de cada uno y por lo tanto del grupo. Estos casos presuponen una nueva unidad de responsabilidad; la del grupo. La unidad de juicio corresponde a la persona en lo individual, pero hay quien considera que a “un grupo compele formular juicios éticos y morales en nombre de sus integrantes”. Dice Dworkin que en el caso de la acción colectiva comunitaria, “los actores individuales comparten actitudes que hacen que la unidad pertinente de responsabilidad sea tanto colectiva como individual”. Para distinguir entre las variantes monolítica e integrada, propone que en el caso de la integrada los actores crean una unidad colectiva de responsabilidad, pero la unidad de juicio permanece individual.En la monolítica, tanto la unidad de responsabilidad como la de juicio se hacen colectivas.

© Jorge Ikeda 2018