March 7, 2012

La visión conservadora de Dworkin

Me parece que detrás de la definición de democracia de Ronald Dworkin se esconde una visión moralina de la sociedad. Después de explicar su propuesta de democracia, Dworkin propone otro tanto de principios para mejor proveer a su causa. El principio de participación parte del supuesto de que a cada persona se le otorgue un rol que le permita marcar una diferencia en el proceso de toma de decisiones políticas, y la asignación de ese rol no debe estar determinada por suposiciones acerca de su valía, talento o habilidades. Supongo entonces que por un proceso de insaculación. Dworkin afirma que “nadie cuenta como parte de un agente colectivo a menos que esté en posición de marcar una diferencia en lo tal agente haga” y pone como ejemplo que ninguna persona que no participe en una orquesta puede formar parte de la misma orquesta. Pero a la vez Dworkin argumenta que la parte democrática está determinada por que la persona tenga un rol, mismo rol que no puede ser asignado democráticamente, por ejemplo; el director de la orquesta. ¿Y no se asigna el rol de director de la orquesta por sus habilidades? Dworkin argumenta que el principio de participación es suficiente para explicar porqué se asocia el sufragio universal con la democracia, pero a la vez justifica que esto no sea siempre así, no lo ha sido en la historia, y tampoco podría serlo bajo “arreglos de distrito que permitan especiales poderes de voto a grupos con necesidades particulares”, cosa que tampoco explica y uno se puede imaginar cualquier cosa. El principio de participación incluye el principio de una persona-un-voto, pero también el derecho de voz. Y en esta parte Dworkin parece hacer una crítica schumpeteriana al hecho de que una votación de “si” o “no” al salir de un debate no contribuye a una actitud democrática. Pero cuando reintroduce la noción de influencia, rechazada anteriormente, llega a otro planteamiento:

La democracia, en la concepción comunitaria, requiere que cada uno delos ciudadanos individuales se encuentre en posición de marcar una diferencia, así como también que su poder de marcarla no sea limitado, vis á vis el poder de otros, por estructuras o regulaciones que en sí mismas nieguen el respeto igual."

Por una parte Dworkin no quiere que las estipulaciones lleguen a que cada ciudadano tenga “tanta influencia sobre las decisiones colectivas como cualquier otro” ni tampoco que eliminen la mayor influencia “sobre sus conciudadanos en virtud del atractivo de su causa, su personalidad, sus argumentos o convicciones”. Como popularmente se dice: ni tanto que queme al Santo ni tanto que no lo alumbre.

El principio de interés es definido como igual consideración hacia los intereses de todos sus miembros. Dworkin afirma que en la democracia estadística no se confunden democracia y justicia, pero en su concepción de democracia comunitaria se “disuelve la línea entre justicia sustantiva y procedimental”, pero retoma la idea que marca la distinción entre democracia y justicia al afirmar que “habrá un límite al grado en el cual una democracia genuina puede ser injusta” -por fin, ¿o se confunden o existen límites?-. La parte rescatable de este principio es la prohibición a la mayoría que no le permite distribuir todo para sí, sin ninguna consideración a minoría racial o de otro tipo.

Dworkin considera que se alcanza el principio de independencia cuando los ciudadanos consideran que “el juicio moral y ético es responsabilidad propia en lugar de la responsabilidad colectiva” pero el principio de independencia tampoco prohibe “a la comunidad intentar modificar las opiniones de los ciudadanos por medio de la persuasión”. Lo que prohibe es el uso de “medios coactivos, ocultos o indirectos para dar forma a las convicciones de sus ciudadanos”.

Y afirmaba que esta concepción esconde una visión moralina de la sociedad cuando Dworkin dice que:

Hace que cierta forma de tolerancia liberal a moralidades sexuales y personales impopulares sea parte de las condiciones mismas de la democracia."

Es decir, así como no queriendo, que se deben aceptar estas formas de moralidad que Dworkin califica de impopulares, aunque si los libertinos fueran más que los moralinos no serían impopulares. Y para no dejar lugar a dudas de su posición afirma:

Mi punto aquí, nuevamente, es limitado pero crucial: no se trata de que la tolerancia liberal sea, en cualquier circunstancia, una condición de justicia, sino que en cierta forma es una condición de la democracia, entendida según la concepción comunitaria."

Y justifica su posición al decir que, por ejemplo, las leyes que prohíben la homosexualidad no condenan el pensamiento, sino la conducta. Y que la comunidad integrada debe distinguir entre creencia y conducta, va a prohibir la conducta dañosa, como la homosexualidad, pero va a dejar en libertad al actor de argumentar que tal decisión fue errónea y debería ser revertida. En otras palabras, en la comuidad integrada se puede ser homosexual en potencia, pero no en acto; si la comunidad considera que ésta representa una conducta dañina.

Tener compromisos éticos, así como tener creencias religiosas, incluye vivir bajo su luz: una comunidad viola el principio de independencia tanto si vuelve irrelevantes las convicciones personales del individuo respecto a la cuestión de cómo conduce efectivamente su vida, como si le prohibe tener tales convicciones."

Con mucha razón Dworkin dice que los liberales desconfían de su concepción de la democracia o dudan sobre si eso es efectivamente democracia, y no le parece ilegítimo decidir el debate sobre la moralidad política -yo diría pública- apelando a una definición.

© Jorge Ikeda 2018