April 24, 2012

Homo liber de nulla re minus quam de morte cogitat; et ejus sapienta non mortis, sed vitae meditatio est.

El pasado viernes presenté el examen de grado para obtener el doctorado en derecho, y una de las preguntas que el doctor Luis Tamayo se hacía era sobre cómo cambiar el paradigma que los diputados tenían para legislar de mejor forma. No tuve oportunidad de contestarla porque no fue pregunta sino reflexión o comentario final a su participación en el examen, pero me hizo pensar en la posible respuesta. Cuando leí por vez primera la Ética de Spinoza erróneamente pensé que el autor era un fanático religioso; ¿cómo era posible que la única sustancia que pudiéramos conocer fuera Dios? Tiempo después leí a George Bataille y comprendí lo que Spinoza quería decir; que somos seres dialécticos, animales con conciencia, pero negamos la parte animal porque como pensamiento nos asimilamos a los Dioses. Tal vez por esa razón el hombre destruye el mundo y no se detiene a pensar sobre el daño que le ocasiona a su soporte vital. El hombre se siente inmortal como los Dioses y piensa que nunca se va a morir… hasta la hora de su muerte en que se da cuenta que es un animal y que su cuerpo es el soporte de su conciencia. En la revista de filosofía La lámpara de Diógenes encontré un artículo de Diego Tatián que se titula “Filosofía como meditación de la vida” y en él Tatián argumenta que desde Spinoza la filosofía se convirtió en una meditación sobre la vida. Antes la filosofía se entendía como un “ejercicio para morir”, Tatián cita a Cicerón para quien la vida de los filósofos era un comentario de la muerte -comentatio mortis est-. El autor del artículo afirma que “El estoicismo y el cinismo romanos son sabidurías de la vida -y de la muerte- a la vez que filosofías de resistencia a la tiranía de los Césares”. El objetivo común, tanto de la meditatio vitae como de la meditatio mortis, es la liberación del miedo a la muerte.

La meditación estoica de la muerte deberá más bien ser comprendida como un ejercicio de libertad frente a los poderes, internos y externos, a los que nos hallamos sometidos, esto es, como una condición para desatemorizar la vida."

Según Tatián, a la pregunta sobre cómo liberarse del poder externo, del poder el otro, Spinoza respondería; “meditando la vida, conociendo y amando el mundo, incrementando la potencia para anteponerla a lo que la amenaza y resistir a lo que la destruye”. Y Tatián piensa que así se llega a la siguiente conclusión; “Quien aprendió a morir, deja de saber cómo se sirve; está por encima de todo poder”. Así que meditar la vida es liberarse, porque conlleva a dejar de temer a la muerte. Ahora, esto no quiere decir que el sabio se convertirá en un buscapleitos por el desapego a la vida. Tatián dice que tanto los estoicos como los spinozistas mantendrán la cautela evitando hacer enojar al poderoso:

Esforcémonos pues -escribe Séneca- en abstenernos de las ofensas...el sabio nunca provocará la ira de los poderosos, más aún la evitará como se hace al navegar con tormenta...El marinero más prudente pregunta a los prácticos qué es aquel hervor del mar, qué señales dan las nubes, y toma otro rumbo alejado de aquella región, célebre por sus remolinos. Lo mismo hace el sabio: evita el poder que ha de dañarle, cuidando ante todo de no parecer lo que evita".

En el siguiente punto, me apego a la explicación que de Hegel hace Bataille, pues solo la muerte asegura la existencia de un ser “espiritual” o “dialéctico” que es necesariamente temporal y finito. El hombre judeo-cristiano contrapone a su efímera naturaleza, no a su naturaleza animal, sino a la idea de Dios,que no es otra que la de la muerte.

Tal vez Spinoza sólo sea un hombre de su tiempo, aunque en la opinión del pintor Van der Spick, su último hospedero, era el padre de “monstruosas opiniones”:

La meditación de la vida es el efecto inmediato del amor intelectual de Dios; a la vez, el principal conocimiento del amor es que no somos sino una parte del todo y que la causa primera de lo que hacemos no somos nosotros mismos, sino Dios. "

En nuestros días, esta idea de que el hombre sea instrumento de Dios no suena ni monstruosa ni como también decía su último hospedero; “engendros de una fantasía errática y espectros repugnantes de la puerta infernal, dignos de ser devueltos al orco, del que habían venido, a fin de que no pudiesen arrastrar a sus lectores a las inextinguibles llamas”. Tatián concluye que:

Según Spinoza, no lleva el hombre la muerte dentro suyo como el fruto lleva la semilla -según apuntaba Hegel-, ni está desde su nacimiento maduro para la muerte, como leemos en Ser y Tiempo. Ni, dialécticamente, enemigo de sí mismo, ni ser para la muerte, ni ser muriente sino, el hombre, un ser viviente en el curso inocente de las criaturas que han llegado a ser, y con cuya existencia es compatible la nuestra -hasta que deja de serlo."

Hasta que deja de serlo, porque según Spinoza, en la naturaleza no se da una cosa sin que se de otra más potente y más fuerte, por la que aquella puede ser destruida. Pero Tatián afirma que Spinoza luego rectifica y dice; “Quien tiene un cuerpo apto para muchas cosas, tiene una alma cuya mayor parte es eterna” y esa eternidad no tiene que ver con la muerte, sino con la vida. Es este punto, según Tatián, Spinoza se encuentra con Epicureo;

Los más grandes daños, dirá Epicuro en la Carta a Meneceo una permanente turbación del alma presa del terror y la esperanza es lo que resulta de una "mala interpretación" de los dioses, del deseo de inmortalidad y de un apetito inmoderado de placeres; la vida y el placer sometidos a la mala infinitud, son la fuente de la misma desgracia que se corrobora en los hombres de todos los tiempos."

Y me pregunto si Nietzsche no realizó una “mala interpretación” de los Dioses, más aún en lo que respecta a la felicidad como ausencia del dolor, porque Epicuro en opinión de Tatián pensaba que:

...la muerte "no tiene nada que ver con nosotros"-pues está ella, o estamos nosotros-, de manera que deja de vivir con temor quien comprende que no hay nada temible en no vivir. Para Epicuro no es el dolor -que, o es prolongado pero sutil, o intenso pero corto- lo que anula el placer, sino antes bien es el miedo; igualmente, no la muerte en sí misma sino las ansias de inmortalidad es lo que impide una 'gozosa mortalidad terrena' "

Dicho lo anterior, y en la penumbra de estos penosos tiempos, no hay que vivir con temor, pues el temor es el que impide disfurtar los sencillos placeres de la vida. Y, tal vez, esté en la filosofía la respuesta a la pregunta sobre cómo cambiar el paradigma de nuestros diputados; de la misma forma que a lo largo de esta entrada al blog ha cambiado mi forma de afrontar la “guerra contra el narcotráfico” a la que nos ha condenado el Presidente Calderón.

© Jorge Ikeda 2018