May 7, 2012

Princeps huius mundi

La filosofía es cosa del diablo. En el libro Los jeroglíficos del Sir Thomas Browne Roberto Calasso explica que para Sir Thomas Browne el Diablo era el más docto filósofo:

Son muchos los secretos de la naturaleza que el hombre no puede fácilmente descubrir pero que Satán conoce y entiende con facilidad: la presunción de Satán le impide esconder algunos de ellos, mientras que su envidia le prohíbe revelar otros".

Según Sir Thomas Browne la filosofía comenzó siendo brujería, luego evolucionó para convertirse en filosofía; que no es sino “el conjunto de los efectos transparentes de la naturaleza”. Calasso explica que a Browne, lejos de interesarle la filosofía, lo que “ocupa constantemente su meditación e investigaciones es más bien una especie de teología de la naturaleza, un desciframiento de las realidades divinas inscritas en aquel cuerpo de enigmas”.

Para Calasso, Sir Thomas Browne parecía haber aceptado el aforismo de Bacon, del que cita a Leibniz para concluir que:

Francisco Bacon de Verulamio, de divino ingenio, dijo justamente que la filosofía, apenas saboreada, aleja de Dios, pero absorvida a fondo, reconduce a él. Lo constatamos en nuestro siglo, fértil al mismo tiempo en ciencia y en impiedad".

Y Calasso afirma al final del primer capítulo de la obra citada que en el siglo XX recorrimos el siglo XVII, pero al revés:

Especulares, quizás, más que afines, considerando, por ejemplo, que en el siglo XVII se convertía en institucional una nueva observación de la naturaleza y una diferente concepción de lo visible, mientras que hoy, disuelta la naturaleza misma en manos de los científicos, parece como si se volviera por otra vía a la búsqueda del fundamento invisible de su manifestación".

© Jorge Ikeda 2018