May 9, 2012

Meditatio mortis

Leía Los jeroglíficos de Sir Thomas Browne cuando encontré una referencia a la obra de Jorge Luis Borges, y aunque Calasso habla del simbolismo del Liber Mundi del que dice tiene una historia muy larga y compleja, cita un ensayo contenido en Otras Inquisiciones. Aun sin encontrar el citado ensayo, leí el primero titulado “La muralla y los libros” en el que Borges describe al emperador Shih Huang Ti, que mandó construir la muralla y quemar todos los libros anteriores a él. Borges especula sobre las razones que pudo tener este emperador para hacer ambas cosas, pero una en particular llamó mi atención:

Shih Huang Ti, según los historiadores, prohibió que se mencionara la muerte y busco el elixir de la inmortalidad y se recluyó en un palacio figurativo, que constaba de tantas habitaciones como hay días en el año; estos datos sugieren que la muralla en el espacio y el incendio en el tiempo fueron barreras mágicas destinadas a detener la muerte. “Todas las cosas quieren persistir en su ser”, ha escrito Baruch Spinosa; quizá el Emperador y sus magos creyeron que la inmortalidad es intrínseca y que la corrupción no puede entrar en un orbe cerrado."

Borges nota que no es raro en los príncipes construir muros y quemar libros, lo destacable en Shih Huang Ti fue “la escala en la que obró”, se me ocurre que el emperador emulaba a Dios. En esta entrada al blog y en otras he comentado a varios autores que sugieren que el hombre es religioso porque es mortal. Cuando el hombre niega a la muerte, niega a Dios y pretende colocarse en su lugar. Alain de Botton en su conferencia en TED titulada “A kinder, gentier, philosophy of success” argumenta que la sociedad moderna no tiene en su centro algo que no sea humano, que somos la primera sociedad del mundo que no adoramos más que a nosotros mismos, que otras sociedades tuvieron en su centro algo trascendental como un dios, un espíritu, una fuerza natural o el universo. Si bien es cierto que el hombre es el elemento de adoración de la sociedad moderna, me parece que Botton se equivoca porque no es el hombre-naturaleza al que adoramos, sino al hombre-dios. Así lo considera Calasso cuando cita a Hegel y dice:

Será Hegel, finalmente, el gran legislador de esta última fase: teórico del hombre como animal enfermo, como antinaturaleza y negación viviente, él carga con todas las consecuencias de esa compleja evolución. Los términos y las jerarquías se invierten. La naturaleza aparece muda, limitada y abstracta, en cuanto escindida del espíritu. El artificio, un tiempo aliado y émulo de la naturaleza, se convierte en su irreductible enemigo; y nos referimos a cualquier clase de artificio: así es que para ilustrar este pasaje podemos recurrir a dos textos sobre los cosméticos...

Uno de los textos que Calasso cita es L’Éloge du maquillage de Bauldelaire, y otro de Beerbohm que dice:

Es que nos ha llegado la era del rubor, y puesto que solamente en una era compleja puede el hombre, gracias al complicado incremento de su propio placer y de sus emociones, alcanzar el refinamiento que será su más alta excelencia, y puesto que, al volverse por así decirlo, independiente de la naturaleza se acerca lo más posible a Dios, entonces sólo en una era compleja puede una mujer ser perfecta. El artificio es la fuerza del mundo y propiamente en la máscara del colorete y de cosméticos, sombreada de carmín y delineada rigurosamente con el lápiz, está la fuerza de la mujer".

Y es en ese capítulo del libro Los jeroglíficos de Sir Thomas Browne donde Calasso menciona que en el siglo XVII se llevaban “Registros fidedignos de todas las obras de la Natulareza y del Arte”. El hombre reniega de la naturaleza con el artificio, el cosmético en el texto citado, y de esta forma, dice Beerbohm, “se acerca lo más posible a Dios”. Como si no hubiera mujeres naturalmente bellas… Habrá quien aún piense que la Naturaleza y el Arte no tengan relación, pero en la obra titulada K del mismo Calasso, éste cita a Nabokov, para quien el arte es:

Belleza sumada a piedad: ésta es la máxima aproximación que se puede alcanzar para definir el arte. Donde hay belleza hay piedad, por la simple razón de que la belleza muere siempre, la manera muere con la materia, el mundo muere con el individuo..."

© Jorge Ikeda 2018