May 15, 2012

Liber mundi

En el texto titulado “Berkley and liber mundi” del doctor Costica Bradatan, el autor explica que liber mundi fue uno de los tópicos culturales y filosóficos más fascinantes del universo medieval. El liber mundi requería de dos elementos; un texto y un lector. De ahí surgieron dos perspectivas; la de San Juan que correspondía a la perspectiva del texto, y la de San Pedro, a la perspectiva del lector. San Juan dijo en su evangelio que “Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.” (In principio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum). Costica Bradatan en su texto destaca que la traducción del griego de la palabra logos significa palabra (verbum) y razón (ratio), por lo que la encarnación de la Palabra no sólo puede ser leída, sino comprendida ya que Dios como ratio llegó a ser en el mundo. Y Bradatan explica que ésto representa la premisa crucial de la civilización europea; una obsesión con el conocimiento del mundo. El autor argumenta que lo dicho por San Juan; “Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe” fue reelaborado por Hegel en su críptica frase “lo que es racional es real y lo que es real es racional”. Con ello Costica Bradatan pretende demostrar que el mundo es considerado comprensible porque contiene la razón (ratio) y el proceso de conocimiento del mundo es, esencialmente, un proceso de autoreconocimiento; por el que la razón se reconoce a sí misma en cada esencia del mundo. Para la perspectiva del lector, según San Pedro, el mundo entero era un sistema divino de signos y mensajes; ninguna de sus partes era insignificante o accidental, cada una era una letra, y el entramado de todas las cosas constituía un libro. Sólo hacía falta saber cómo leer este libro.

_Videmus enim nunc per speculum in aenigmate, tunc autem facie ad faciem; nunc cognosco ex parte, tunc autem cognoscam, sicut et cognitus sum._" (Ahora vemos por espejo, oscuramente, pero entonces veremos cara a cara: ahora conozco en parte, pero entonces conoceré, así como fui conocido.)

Costica Bradatan reconoce que San Pedro no utilizó las palabras “letra”, “lectura” o “libro” en su texto, pero por lo menos hay una razón para inferir eso, porque hay un patrón de identificación hermenéutico entre la idea de espejo y libro; ambos objetos implican virtualmente contenidos ilimitados.

El autor cita a San Bonaventura, para quien el conocimiento de este mundo era un proceso epistémico por el que el hombre se acerca a Dios. La primera etapa de este proceso supone la consideración del mundo sensible como un sistema de signos (vestigia) que revelan a Dios: Sed quoniam circa speculum sensibilium non solum contingit contemplari Deum per ipsa tanquam per vestigia, verum etiam in ipsis, in quantum est in eis per essentiam, potentiam et praesentiam. (Como a través de un espejo, podemos contemplar a Dios dentro de las cosas sensibles, no sólo porque sean signos, sino por sí mismas, como esencia, poder y presencia (de Dios)).

Costica Bradatan cita a Sir Thomas Browne quien también tenía una actitud epistémica que era considerada como una alternativa seria e igual al conocimiento teológico. Browne reconocía que había dos libros de los que recogía la divinidad; “además del escrito por Dios, otro de su sirviente la Naturaleza, ese manuscrito universal y público, que descansa y se expande a los ojos de todos; aquellos que nunca lo vieron en uno, lo han descubierto en el otro”. Browne afirmaba que la escritura y la teología de los paganos se constituían por los movimientos naturales del Sol que los hacía admirarlo más que la estación de lo supernatural hizo con los hijos de Israel; “los efectos propios de la naturaleza obraron más admiración en ellos que todos sus otros milagros”. Browne no dudaba de que los paganos sabían mejor cómo reunir y leer estas cartas místicas que los cristianos quienes tenían un ojo más descuidado para estos Hieroglyphica comunes, y un desdén para extraer la Divinidad de las flores de la Naturaleza. Sobre los Hieroglyphica Roberto Calasso dirá, en Los jeroglíficos de Sir Thomas Browne, que:

Después del descubrimiento de los Hyeroglyphica de Horapolo y del Corpus hermeticum, se manifiesta en varias formas una especie de moda o boga jeroglífica que preparará el terreno para la elaboración de la literatura de los emblemas y de las gestas, amén de los primeros intentos de estudio sistemático sobre el lenguaje jeroglífico."

Calasso utiliza a Plotino para argumentar en favor de la superioridad de los jeroglíficos sobre el lenguaje discursivo; los jeroglíficos representan lo más cercano al conocimiento divino.

Así como los dioses desdeñan las proposiciones y contemplan imágenes, así los jeroglíficos se ofrecen inmediatamente a la contemplación, omitiendo la mediación del lenguaje articulado"

Para Plotino; “todas las cosas que nacen, tanto las obras de arte como las obras de la naturaleza, son producidas por una sophía, y es siempre una sofía la que rige su producción”. Calasso afirma que gracias a la sophía podemos contemplar la belleza inteligible en la naturaleza y en el arte. Y vuelve a citar a Plotino: “La sophía es justamente la potencia de la manifestación:y que la totalidad de los seres existe en primer lugar en otro lado (en el mundo inteligible)“. De esta forma; la sophía ofrece una copia y la copia no puede ser más que imagen, para explicar esto último Calasso cita a Browne:

no hay que creer que allá los dioses y los beatos contemplan proposiciones; allá no hay una fórmula expresa que no sea una bella imagen, como nos representamos las que se encuentran en el alma del sabio, y no unos dibujos de imágenes reales. Por lo tanto, los antiguos decían que las ideas son seres y sustancias".

Sobre el Corpus hermeticum, este texto se atribuye a Hermes Trismegisto, “nombre griego del dios Thot, inventor de las artes y de las letras”. Calasso dice que en 1460 un monje al servicio de Cosme de Médicis llevó a Florencia una copia del Corpus hermeticum. Calasso también menciona que Cosme de Médicis, antes de morir, encargó a Ficino se dedicara al Corpus hermeticum.

Ficino, además, acogió enteramente la interpretación hecha por Plotino de los jeroglíficos y afirmó que el lenguaje egipcio había sido revelado por Hermes Trismegisto, identificado con Thot: "Afirman que éste (Hermes) mató a Argos, que fue el jefe de los egipcios y les enseñó las leyes y las letras; no obstante, instituyó los caracteres de las letras con figuras de animales y de árboles".

Ficino pensaba que el origen de la doctrina hermética era naturalmente Egipto y que el Corpus hermeticum era tan antiguo como los textos de Zoroastro. En una traducción disponible a través de internet encontré en el Corpus hermeticum varios de los temas que se han comentado en el blog:

Por su parte, el Cielo está lleno de dioses, cuyos géneros superiores habitan allí como individuos, los cuales, todos sin excepción, son inmortales. Por otro lado, los individuos son parte del género, como el hombre de la humanidad, de donde se sigue que, a pesar de que todos los géneros son inmortales, no todos los individuos lo son. Es que en el género de los dioses, el género y el individuo son inmortales, pero en los demás, el género sólo tiene la eternidad, porque aunque el individuo muera, se conserva gracias a la fecundidad de los nacimientos, y, en consecuencia, los individuos son mortales, de manera que los hombres son mortales, pero la humanidad es inmortal."

En el mismo tratado dedicado a Asclepio Hermes Trismegisto comenta sobre los hombres;

¡Oh Asclepio, qué gran maravilla es el hombre, un ser vivo digno de reverencia y de honor, que puede casi como traspasarse a la naturaleza de un dios, como si él mismo fuera un dios! Conoce al género de los dáimones, pues sabe que con ellos tiene un origen común. Desprecia en sí lo que tiene de humano para pasar a entregarse a su otra parte divina. ¡Oh, de qué mezcla privilegiada fue hecho el hombre! Unido a los dioses por la parte que tiene connatural con ellos, su propia parte terrenal desprecia en conciencia; los demás seres, a los que está necesariamente unido por disposición divina, los abraza a sí por el lazo del amor. Alza al Cielo la mirada. Y así pues, está colocado en la feliz posición del mediador, a fin de que otorgue su amor a lo inferior a él, y sea amado por los superiores a él. Cultiva la tierra, se confunde con los elementos por la velocidad de la mente, desciende a las profundidades del mar por la penetración de su espíritu. Todo lo alcanza. El Cielo no le parece demasiado alto, pues la sagacidad le permite medirlo como si lo tuviera en la mano. Ninguna bruma del aire obscurece la atención de su espíritu. La compacta tierra no detiene su labor, ni la inmensa profundidad de las aguas obstaculiza su mirada. Es, a la vez, todas las cosas, y está, a la vez, en todas partes."

Sobre la inmortalidad, en el tratado XII Hermes Trismegisto le dice a su hijo Tat:

- Atiende ahora a ésto, hijito, porque hay dos cosas que Dios otorgó al hombre con excepción de todos los demás animales mortales: la inteligencia y la razón, que es lo mismo que decir la inmortalidad. (Tienen también el don de hablar). Si pues el hombre usa ambas cosas para los fines que corresponden, en nada diferirá de los inmortales. Antes bién, una vez salido del cuerpo, ambas le mostrarán el camino hacia el coro de los dioses y de los benditos."

© Jorge Ikeda 2018