June 12, 2012

Derechos e intereses

Ayer leí un par de tweets de @ArturoDammArnal que decían:

Principales problemas con el Gob: 1) querer, además de garantizar derechos, satisfacer necesidades y defender intereses; 2) creer que... ...necesidades e intereses son derechos y que, por ello, debe garantizarlos, lo cual sólo puede hacer violando derechos de alguien"

La pregunta que surge es si efectivamente el gobierno confunde los derechos con los intereses, o en este caso, también las necesidades. Stephen Holmes y Cass R. Sunstein en el libro El costo de los derechos: Por qué la libertad depende de los impuestos hacen una distinción entre derechos e intereses:

Los intereses siempre son asuntos de más o menos, lo que implica negociaciones y concesiones; los derechos, en cambio, son cuestiones de principios, que exigen una suerte de férrea intransigencia."

Los autores citan a Ronald Dworkin para quien los derechos son “cartas de triunfo” que se pueden oponer en los tribunales a los funcionarios del gobierno. Uno pensaría que la diferencia radica en que unos son negociables y los otros no lo son, pero qué sucede cuando los derechos se enfrentan unos con otros. En este caso, Dworkin piensa que se deben equilibrar, por ejemplo; el derecho de libertad de expresión se puede limitar por el derecho a la privacidad.

Pero si bien la idea de los derechos-como-cartas de triunfo encaja a la perfección con la noción de que a veces los derechos chocan unos con otros y también con los intereses públicos -por lo que casi siempre se requiere de una acción judicial equilibradora-, no toma en cuenta la idea de que no pueden ser absolutos porque su exigibilidad depende de que los funcionarios encargados de exigirlos reciban en tiempo y forma parte de los limitados recursos públicos."

Me parece que la crítica de Damm Arnal va en contra de la creencia de que el gobierno “sólo puede hacerlo violando los derechos de alguien”, pues como los autores del libro han demostrado, esto evidentemente sólo se puede hacer dañando los intereses de alguien más. El otro problema, que los autores destacan, radica en la afirmación que los derechos no pueden ser absolutos, que es análoga a la idea de la derrotabilidad de los principios.

Una característica de todos los derechos legales, incluidos los constitucionales, es su anulabilidad. Y también cabe recordar otra razón importante, más allá de los costos, por la que los derechos legales deben estar siempre sujetos a limitaciones o reducciones: en realidad, se trata de poderes que pueden ejercerse legalmente sobre otros."

El argumento de los costos es interesante porque aun con los derechos intrínsecamente valiosos, como los derechos humanos, su protección tiene un costo y del que sean exigibles depende que el gobierno no se pueda excusar de su protección argumentando razones presupuestales.

No obstante, incluso los bienes de este tipo tienen un costo: no pueden existir sin el esfuerzo público y sin un gasto sustancial de recursos. Proteger los derechos que son valiosos por sí mismos entraña peligros, consecuencias negativas, costos de oportunidad y otros problemas, porque son muy pocas las ganancias que no conllevan pérdidas."

No es que los autores del libro estén en contra de la distinción que hace Damm Arnal, quien afirma que el gobierno confunde las necesidades y los intereses con los derechos, sino que los autores afirman que los derechos son intereses de un tipo especial y argumentan en favor de tal distinción:

Los derechos son intereses que, política y jurídicamente, son altamente valorados en ese momento; pero no son sólo eso. En la cultura jurídica norteamericana,los derechos son intereses de un tipo especial. Prestar atención a su costo no invalida la distinción liberal fundamental entre éstos y los intereses. Hablar de los derechos es esencial porque eleva el umbral de justificación para interferir con intereses considerados especialmente importantes."

Los autores afirman que los derechos son regulativos y no prohibitivos; los tribunales no prohíben las acciones gubernamentales porque las consideren ilegítimas.

Ésta es una de las maneras en que el poder judicial de los Estados Unidos contribuye a la responsabilidad democrática del gobierno: obligando a los poderes legislativo y ejecutivo, cada vez que éstos chocan con intereses que han sido establecidos como derechos, a exponer de forma pública la legitimidad y la importancia de los objetivos que persiguen y la corrección de los medios que eligen."

Entonces todo depende de las razones que se argumenten para anteponer unos derechos sobre otros. Los autores ilustran esta situación con ejemplos de la vida común; uno se puede excusar de acudir a la boda de un amigo porque tiene un hijo enfermo, pero no porque a esa hora pasan el programa favorito de televisión.

Pero como siempre existen justificaciones más persuasivas e igualmente admisibles, los derechos nunca llegan a calificar como no-negociables cuando su presunto o posible violador aporta razones legítimas y de peso suficiente para ignorarlos. Por lamentable que sea, la escasez de recursos es una razón legítima para no proteger un derecho."

© Jorge Ikeda 2018