July 6, 2012

El loco impuro

El martes ví la película “Un método peligroso” (A Dangerous Method, 2012) del director David Cronenberg. La película trata sobre el peligroso método del psicoanálisis que Carl Jung prueba con la histérica paciente Sabina Spielrein, aunque el tema principal es la efímera amistad entre Sigmund Freud y Carl Jung. Al principio Freud consideró a Jung como el heredero natural de su teoría del psicoanálisis, pero luego se distanció por las inclinaciones de Jung hacia lo místico y metafísico. La relación se termina cuando el maestro se entera de las indebidas relaciones entre su discípulo y su paciente. El sitio en internet psychcentral.com reseña la película como una representación de la estructura psíquica en la que Sabina interpreta el Ello; la fuerza que dirige los instintos y la violencia hacia el sexo, el papel del Yo lo intepreta Jung como la parte realista que trata de balancear los impulsos del Ello y el control del Superyó, representado por la esposa de Jung. La reseña del diario theguardian.com dice que la versión holliwoodesca de Sabina Spielrein muestra los pezones de la actriz Keira Knightley escapándose frecuentemente del corset, apartada de la realidad en que tanto Freud como Jung la menospreciaron como psicoanalista, al tiempo que se apropiaron de su idea de la pulsión de muerte. Cuando nace el Eros, el impulso a la vida, también surge Thanatos, o el impulso a la muerte, cuya función es asegurar que el organismo siga su camino hacia la muerte. Ayer que releía esta entrada al blog, saltó la idea de Spinoza sobre que en la naturaleza no se da una cosa sin que se de otra más potente y más fuerte, por la que aquella puede ser destruida. En El loco impuro de Calasso, a Daniel Paul Schreber también le surge esta pulsión de muerte:

Y un día el Presidente había tenido que matar a este Padre, pero este Padre era él mismo y entonces había tenido que matar al Padre del Padre, es decir, a Dios, que tampoco sabía más que tratar con cadáveres."

Pero para lograr su cometido se había vuelto un estudioso agnóstico y necesita de un Doble, y este era el doctor Flechsig, “su gemelo entre las familias aristocráticas del cielo” y también representaba al “Doble del Padre” y “el Mediador de Dios”, “al intentar matarlo a él, el Presidente, invadiendo su mente con un control que era un estupro” y a su vez el acto de necrofilia que había realizado Schreber sobre el Dios considerado muerto. Calasso encuentra todo esto es muy confuso y al final nadie sabe quién persigue a quién, ni quién quiere matar a quién. Más adelante en el relato, el autor cita a Schreber que menciona al dios muerto:

Vosotros no lo sabeís aún: el dios muerto pesa más que el dios vivo, y más que el otro os devora. Al menos el dios vivo estaba cubierto por su hipocresía y su distracción, pero vostros tendreís que sentir las garras del dios muerto hasta en las raíces de vuestros nervíos, porque ahora más que nunca necesita nutrirse de vosotros, ¡y en comparación con él cualquier rapaz terrestre es dócil!"

De alguna forma, Schreber estaba conciente de esta dualidad:

Remotándose a los orígenes del todo, el Presidente aisló en una faja ardiente dos percepciones de una intensidad casi insoportable que había experimentado en su ya madura vida: la de ser una mujer jodida y aquélla de que "hay algo podrido en el estado de Dinamarca, es decir, en la relación entre Dios y la humanidad"

Pero a la vez mezclaba la idea de ser una mujer abusada por Flechsig con el querer procrear una nueva raza de hombres con Dios. No sé si relacioné la película por el doctor Jung que diagnosticó al Presidente como un enfermo incurable digno de ser encerrado y conservado en los almanaques clínicos de la psiquiatría, o por Sabina que por sus constantes deseos sexuales relacionados con la humillación, se sentía perversa y corrupta. Schreber se consideraba así mismo como EL LOCO IMPURO y sabía muy bien el origen de su impureza: “Mi piel es pulpa de aguacate, nigra sum sed formosa, el dios ya sabía entonces que el placer está en lo impuro…”

El Buen Dios, que es una puta, siempre me repite: 'O sólo razón o sólo placer', y luego me arroja a la 'coacción a pensar' (o con mayor exactitud, a hablar mentalmente, porque yo soy de un pensamiento que no produce ninguna palabra), a las palabras-control, a la cadena causal, el Rosarium Rationis, mi cruz. O bien espera que la voluptuosidad me consuma, aun antes de que yo sea completamente mujer, porque sabe que a lo que resta de mi indigente constitución masculina es más fácil que la agote el placer, que a él, por lo demás, lo hace morir."

© Jorge Ikeda 2018