July 24, 2012

Quietismo

En las vacaciones de verano, al claustro de profesores de la Universidad La Salle Cuernavaca le dan cursos de microenseñanza o de la vida y obra del fundador. Esta vez tocó el turno a lo segundo, y en la biografía de San Juan Bautista de la Salle apareció una referencia al quietismo; nadie sabía lo que era. Según Justo L. González en su Introducción a la Historia de la Iglesia, las decisiones que se tomaron desde el Concilio de Trento, que terminó en 1563, hasta el Segundo Concilio Vaticano, en el siglo XX, además de marcar el rumbo de la Iglesia, rechazarían el protestantismo y centralizarían el poder en la persona del papa. En esa época, la Iglesia no sólo tenía que arreglárselas en un entorno político complicado, sino que también en el campo teológico combatió el galicanismo, el jansenismo y el quietismo. Francia había obtenido ciertas libertades cuando el papa vivió bajo su sombra, éstas fueron denominadas “libertades galicanas” y a la resistencia a la centralización del poder en la persona del papa se le llamó galicanismo. El jansenismo ya se comentó en esta entrada al blog. Sólo falta agregar que en 1643, varios años después de la muerte del Obispo de Ypres, fue declarado hereje por el papa Urbano VIII. El jansenismo continuó, dice Justo L. González, especialmente en Francia que contó con el apoyo del filósofo Blas Pascal, hasta que perdió fuerza y desapareció. El quietismo va muy bien con el signo de los tiempos. Arthur Schopenhauer pensó que el deseo era el origen de la infelicidad del hombre, idea que agradó a la Iglesia y respondió con una activa campaña de promoción del conformismo; “hay que ser feliz con lo que se tiene”. Sobre el quietismo, la enciclopedia católica en línea dice: “En el estado de “quietud”, la mente es completamente inactiva; ya no piensa ni desea por su propia cuenta, sino que permanece pasiva mientras que Dios obra en ella.” Y lo define como:

...la doctrina que afirma que la más alta perfección del hombre consiste en una especie de autoaniquilación psíquica y la consiguiente absorción del alma en la Divina Esencia, aun durante la vida presente."

Cuando Bentham criticaba a Blackstone le recriminaba “el espíritu de un obsequioso quietismo que parece constitucional a nuestro Autor” (ver aquí). Si la aniquilación del deseo es acorde con la doctrina de la Iglesia, entonces dónde está la herejía. Según el reverendo padre Jean-Michel Gomis en que el quietismo pretendía llegar a Dios directamente, eliminando la liturgia de la Iglesia, intermediaria entre Dios y nosotros. A mi me parece igual a la tendencia económica denominada disintermediation que se refiere a la eliminación de los intermediarios en la cadena de suministro y se resume en la frase “cutting out the middleman“ Por otra parte, la enciclopedia católica dice que es un misticismo exacerbado que contiene nociones erróneas que si son seguidas “resultarían fatales para la moralidad”.

Decir que el alma es parte del Ser divino o una emanación de Dios realza, aparentemente, la dignidad del hombre; pero todavía queda el hecho de que la pasión, el deseo y el mal moral hacen que la vida humana sea lo que se quiera pero no divina. De aquí el anhelo de liberación y de paz que puede ser alcanzado solamente por medio del sustraerse a la acción y a la dependencia de las cosas externas y por una subsiguiente inmersión, más o menos completa, en el Ser divino. Estas aberraciones del misticismo continuaron aún después de que la predicación cristiana había revelado a la humanidad la verdad en lo concerniente a Dios, al orden moral y al destino humano."

© Jorge Ikeda 2018