October 16, 2012

Mala educación

Sé que es de mala educación escuchar conversaciones ajenas, pero mientras esperaba en el Starbucks a que mi esposa enviara una tarea de su maestría del Tec, a mis espaldas una pareja comenzó a hablar del CIDHEM. Este “compañero” le contaba a su nueva conquista cómo le había hecho para salir con dos títulos de maestría del CIDHEM en un año. Aparentemente este destacado joven era servidor público en la anterior administración y en algún evento coincidió con el entonces director del CIDHEM; Jorge Morales Barud. Éste le habría dado la oportunidad de entrar al tercer semestre de la maestría en ciencias políticas y sociales; maestría de doble titulación con el programa de Master Administration et Management Public de la Universidad de Bretaña Occidental. Aparentemente el director del CIDHEM le habría otorgado créditos por cursos y experiencia laboral no comprobable. Por pura coincidencia el pasado fin de semana escuché un podcast del programa de radio Freaknomics titulado “Freakonomics Goes to College, Part 1”. En él, el anfitrión Stephen J. Dubner entrevista al agente jubilado del FBI; Allen Ezell, y hablan sobre el problema de la falsificación de los títulos profesionales en los Estados Unidos. El exagente del FBI distingue dos tipos de operaciones en las llamadas fábricas de títulos (diploma mills); el primer tipo es una empresa que se dedica a falsificar títulos y el segundo tipo se trata de una falsa universidad que otorga créditos a partir de un currículo y con base en la experiencia laboral, igual que en el caso comentado. Por lo que me surgió la dolorosa pregunta; ¿será el CIDHEM una fábrica de títulos? En siete años de haber cursado la maestría y el doctorado en esta institución, la única anomalía que había notado era que algunos compañeros, incluso el director Morales Barud, habían obtenido el grado de doctor en ciencias políticas y sociales con tesis de políticas públicas. Todavía pienso que confunden la magnesia con la gimnasia. Si querían un grado en políticas públicas, ¿por qué no estudiaban en el CIDE o en otra institución que tuviera la especialidad de políticas públicas? En fin. En general, el nivel de los profesores era excelente. No así el de los alumnos, pero eso era comprensible si se toman en cuenta las condiciones sociales del medio; muchos alumnos provenían de escuelas públicas y no hablaban inglés, otros eran maestros normalistas que cursaban la maestría o el doctorado en educación superior. Mi conocimiento del CIDHEM se lo debo a la que ahora es mi esposa, pues ella cursaba allí la maestría y un día me permitió acompañarla a una clase de historia del maestro José Carlos Melesio Nolasco. Para mayor referencia, él fue el niño perdido que la madre buscaba durante la matanza de Tlatelolco y del que habla Elena Poniatowska en su libro La noche de Tlatelolco. Después de esa clase, me inscribí en el CIDHEM y tuve la dicha de tener a mi antiguo profesor de la materia de Ideas en el ITAM, el filósofo Ignacio Díaz de la Serna. También a quien conocía sólo por su obra, pues era lectura obligada para los alumnos de ciencia política y relaciones internacionales; Octavio Rodríguez Araujo. A Laura Baca Olamendi, quien al igual que mi querido profesor del ITAM José Francisco Fernández Santillán, realizó su doctorado bajo la tutela del mismísimo Bobbio. A Ambrosio Velasco Gómez, ex director de la facultad de filosofía y letras de la UNAM. Al doctor Ruperto Patiño cuando era director de la facultad de derecho de la UNAM. Al maestro Emilio Álvarez Icaza, ex ombudsman del DF y ahora secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Y un largo etcétera de excelentes profesores que resultaría ocioso mencionarlos a todos.
Como lo describía en esta entrada al blog del 24 de marzo de 2009;

Este centro fue creado en 1994 por iniciativa del doctor Ricardo Guerra quien fuera discípulo de Martin Heidegger para formar docentes de excelencia en el área de humanidades y ciencias sociales a través de sus maestrías y doctorados. En 2007 tras el fallecimiento de su fundador, se hizo cargo del centro el sucesor natural; el doctor Luis Tamayo."

Pero la desmedida ambición de la elite en el poder truncó el natural proceso de sucesión y entró una nueva administración bajo la conducción del doctor Juan de Dios Andrade Martínez. En ese momento hubo mucha molestia entre los alumnos y manifestamos nuestra preocupación en torno al rumbo que tomaba la institución.

El 4 de marzo de 2009 se publicó en el periódico oficial “Tierra y Libertad” el decreto 1159 que crea el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades y abroga el diverso número 895 de fecha 26 de enero de 1994."

Debo reconocer que detrás de esta modificación estuvieron los ahora doctores en derecho Bernardo Sierra y Nicolás Garduño, quienes afortunadamente incluyeron el programa del doctorado en derecho en el decreto modificado, logrando así el que era un anhelado proyecto del doctor Juan de Dios González Ibarra.

Como todo cambio, trajo cosas buenas, como el doctorado en derecho, pero también cambios para mal. Ahora me entero que otro compañero, que también entró gracias a las facilidades otorgadas a los funcionarios públicos, obtuvo las dos maestrías y el grado de doctor en ciencias políticas y sociales gracias a su secretaria que le hizo todos los trabajos y hasta las tesis de grado. Otra compañera me contó de la tesis de la esposa del entonces gobernador Marco Adame, que obtuvo su doctorado en literatura con una autobiografía escrita por quién sabe quien, y que presentó con bombo y platillo nada más y nada menos que en el teatro Ocampo. Debido al cambio de gobierno en el Estado de Morelos fue designado en la comisión de entrega-recepción el doctor en filosofía por el CIDHEM; Braulio Hornedo. Pero también supe que no le entregaron ni recibió nada, pues el actual director; Jesús Araiza, aparentemente se amparó. Debo decir que no sin falta de razón, pues la condición por la que él aceptó el puesto de director fue la de su permanencia en el cargo por seis años. A la luz de todas las cosas buenas y malas que han pasado en la Institución, me pregunto si no será el momento de retomar el proyecto del doctor Ricardo Guerra y hacer del CIDHEM una institución de excelencia académica en lugar de una fábrica de títulos para frustrados servidores públicos.

© Jorge Ikeda 2018