October 17, 2012

Problemas de fundamentación del constitucionalismo

En “Democracia y derechos: problemas de fundamentación del constitucionalismo” que aparece en la obra El canon neoconstitucional, Juan Carlos Bayón opina que una decisión mayoritaria no siempre es democrática, para que lo sea hay que tomar en cuenta:

...todas las condiciones que permiten afirmar que las decisiones individuales que se agregan a través del método mayoritario han podido formarse y manifestarse de un modo libre e informado y son, por tanto, verdaderamente autónomas."

Y los requisitos para que las decisiones individuales sean autónomas son harto complicados, porque éstos invitan a la reflexión sobre todo lo que hace falta para que sean libres e informadas, por ejemplo; la pobreza restringe la libertad. O la falta de información, ya que como opina Sartori del homo videns; a pesar de la multiplicidad de medios, estamos menos informados. Por las mismas razones Aristóteles clasificaba a la democracia dentro de las formas malas de gobierno; ¿cómo íba a gobernar una mayoría que era pobre e ignorante? No me parece que la intención de Bayón sea justificar un discurso elitista, sino todo lo contrario; resaltar que para lograr la democracia hace falta la igualdad y educación. En cualquier caso, es necesario proteger a la democracia de la omnipotencia de la mayoría, pues aunque ésta fuera rica y letrada, nada le impediría ir en contra de los intereses de la minoría.

O dicho de otro modo: la democracia sería en sí misma el fundamento de la limitación del poder de la mayoría."

Si se define al constitucionalismo como una técnica de limitación del poder, no habría ninguna tensión entre democracia y constitucionalismo, es decir, serían la misma cosa; pero no lo son. Al asimilar indebidamente la idea de democracia al mayoritismo, sostiene Bayón, no se dan cuenta de que el ideal democrático es el que mantiene los mecanismos contramayoritarios. Para mayor redundancia, Bayón cita a Kelsen, quien opinaba que no se debía confundir el “principio de mayoría” con el “dominio de la mayoría”.

La raíz de ese problema está en que la “democracia constitucional” es en realidad un ideal complejo compuesto por dos ingredientes, uno relativo a la distribución del poder (quién y cómo decide) y otro concerniente a su limitación (qué no se puede decidir o dejar de decidir)."

El primero ha sido denominado “autogobierno” o “el derecho de todos los miembros del cuerpo político a participar en pie de igualdad en la toma de decisiones públicas”, y el segundo es “el del respeto a los derechos que garantizan la autonomía individual de los ciudadanos”. Y ya estamos de vuelta en el asunto de la autonomía individual…

Es la que considera que todas las personas están igualmente dotadas de la doble capacidad de articular concepciones acerca de qué constituye una vida buena y de desarrollar un sentido de la justicia: el igual aseguramiento para todos de la primera (la capacidad de concebir e intentar realizar planes de vida) requiere no sólo el trazado de una serie de espacios de acción no interferida, sino también la provisión a cada uno de los bienes instrumentales que hagan posible y significativa la elección autónoma; la segunda (la igual capacidad de las personas de formar concepciones acerca de cómo han de resolverse los conflictos intersubjetivos y, por tanto, de intervenir en la esfera pública no sólo como valedoras de sus intereses privados, sino también como defensoras de concepciones de lo justo), reclama una distribución del poder político que reconozca a todos los miembros de la comunidad, si no el imposible de que cada uno elija autónomamente –“se dé a sí mismo”- el marco intersubjetivo o institucional dentro del cual ha de desplegarse su concepción de la vida buena, sí al menos el derecho a participar como iguales en su configuración."

En este apartado de su artículo, Juan Carlos Bayón destaca que la libertad individual y la democracia o autogobierno son dos fines distintos que erróneamente se consideran afines, cuando bien pueden ser opuestos.

Por eso no estaría de más traer a la memoria la conocida advertencia de Isaiah Berlin de que la libertad individual y el gobierno democrático “no son la misma cosa, cualquiera que sea el terreno común que tengan”, sino “fines en sí mismos” que “pueden chocar entre sí de manera irreconciliable”; y si es así, habría que convenir con él que “es mejor enfrentarse a este hecho intelectualmente incómodo que ignorarlo”.

Y me parece que llega a la misma conclusión que Bobbio o por lo menos sostiene la misma tesis; que para que la democracia sobreviva hay que proteger ciertos derechos fundamentales, y protegerlos aun de la mayoría. Cuando Bayón critica a Berlin por sostener que no había ninguna conexión necesaria entre libertad individual y democracia, dice:

Parece mucho más atinado entender, por el contrario, que al menos algunos derechos y libertades individuales son en realidad prerrequisitos o condiciones necesarias de la genuina democracia, puesto que sin ellos el procedimiento de decisión por mayoría no diferiría realmente de la toma de decisiones manipuladas o impuestas, con lo que ni cabría afirmar que encarna verdaderamente el ideal que pretende hacer operativo (el de la auténtica participación de todos y en pie de igualdad en la toma de decisiones públicas) ni, en definitiva, habría por qué considerarlo valioso."

© Jorge Ikeda 2018