October 24, 2012

Paradoja de las precondiciones de la democracia

En el texto “Democracia y derechos: problemas de fundamentación del constitucionalismo”, Juan Carlos Bayón se pregunta cuáles son los derechos que deben considerarse como “precondiciones de la democracia”, qué alcance deben tener éstos y cómo deberían resolverse los conflictos entre los mismos. Y aunque sean los conflictos intersubjetivos más trascendentales los que demanden decisiones públicas, Bayón advierte que no es recomendable resolverlos a través de la deliberación y decisión democráticas. Ahí se encuentra el meollo del conflicto entre constitucionalismo y democracia. Bayón denomina el problema como la paradoja de las precondiciones de la democracia; si la decisión mayoritaria no es democrática, entonces se deben cumplir ciertas condiciones previas para que sí lo sea, pero entre más exigente sea la definición de estas condiciones, mayor será el número de cuestiones que deben sustraerse al procedimiento de decisión de mayoría y, por lo tanto;

...en el extremo, el procedimiento democrático alcanzaría su valor pleno cuando apenas quedaran questiones sustanciales que decidir por mayoría.O dicho de otro modo: cuanto más perfectas fueran las condiciones de ejercicio del derecho de participación, menos posibilidades habría de ejercerlo."

Según entiendo, estas condiciones tienen que ver con la posibilidad de participar todos en igualdad de circunstancias. La definición de la democracia dependerá, según Bayón, de la extensión del conjunto de derechos concebidos como precondiciones de la democracia.

Y por eso –aun con ciertas diferencias, que a mi juicio hacen preferible una concepción esencialmente procedimental- ambas deben hacer frente en último término al mismo problema de fondo, que no es otro que el de articular y justificar adecuadamente una determinada salida a la paradoja de las precondiciones de la democracia."

Bayón toma la definción de democracia de Bryan Barry, quien la define como “un procedimiento para determinar el contenido de las decisiones colectivas” partiendo del supuesto de que las preferencias de los ciudadanos tienen alguna conexión con el resultado en que cada uno cuenta como igual. El problema que Bayón encuentra con esta definción es que las únicas decisiones que estarían excluídas serían “las requeridas por la democracia como procedimiento”, es decir; “los derechos civiles y políticos que aseguran la libertad como no interferencia de cada una de las decisiones individuales…”. La democracia sustancial, por otra parte, no sólo considera cómo se toman las decisiones, sino “que se puede y que no se puede decidir o dejar de decidir”. Bayón retoma la definción de democracia de Dworkin, a la que conceptúa como:

...un sistema político completo que en su “estructura, composición y prácticas trata a todos los miembros de la comunidad, como individuos, con igual consideración y respeto”, que “responde a los intereses y opiniones de todos” de manera imparcial, o que asegura a todos “un igual derecho efectivo [...] a usar y desarrollar sus capacidades como seres humanos”

Por lo que el tomar las decisiones por mayoría no es democrático si no se cumple la exigencia de el trato de igual consideración y respeto, “ni tampoco si el contenido de la decisión adoptada socavase esas condiciones”. Por lo que esta concepción sustancial de la democracia, no sólo requiere de la efectividad de los derechos civilies y políticos, sino también de los derechos sociales. Esta concepción podría llegar a considerar incluso los derechos relacionados con la autonomía personal, “sin los cuales (…) quedaría socavada la calidad y autenticidad de la participación política”, por lo que ahora podemos vislumbrar claramente la paradoja de las precondiciones de la democracia; entre más derechos se contemplen, más difícil será cumplir con las precondiciones de la democracia. El concepto procedimental de la democracia, por su parte, sólo deja a salvo los derechos necesarios para considerar al sistema como democrático, pero los demás derechos fundamentales quedan disponibles a la decisión de la mayoría.

Esto, al menos, tiene la inapreciable virtud de plantear los problemas con claridad: nos presenta a la democracia sólo como uno de nuestros ideales políticos, no la identifica sin más con la justicia y permite por tanto afirmar que un sistema político perfectamente democrático puede producir resultados profundamente injustos. Las concepciones sustanciales, en cambio, tienden a hacer de la democracia “un agujero negro en el que se funden todas las virtudes políticas”

Por lo que en la tensión entre constitucionalismo y democracia, la concepción procedimental la presentará como algo externo, mientras que con la concepción sustancial, la tensión será interna. La respuesta a la pregunta sobre qué es lo que se puede sustraer a la decisión de la mayoría siempre dependerá de la extensión del concepto de democracia que se proponga.

© Jorge Ikeda 2018