November 13, 2012

El diablo está en los detalles

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Cappella_tornabuoni,_12,_Nascita_di_san_giovanni_battista.jpg

En La locura que viene de las Ninfas, Roberto Calasso narra como Aby Warbug descubrió en una figura femenina a la antigüedad pagana:

En la habitación de la puérpera Ghirlandaio muestra, a la derecha, cuatro figuras que avanzan: tres de porte severo, la primera -que parece una doncella florentina de la época- vestida con una tela gruesa y preciosa, que forma pliegues perpenticulares. Detrás de ellas, como impelida por un soplo (pero no se entiende de dónde puede venir), avanza con distinción una doncella de gran belleza, con atuendos ondeantes y paso ligero, fluido y ardiente."

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Warbug, enamorado de la ninfa, perdió la cabeza. En la correspondencia, que Calasso cita, entre Warbug y su amigo André Jolles, el primero le confiesa: “Basta, perdí la cabeza por ella y en los días de angustia que siguieron la vi por todas partes.”

Pero, con los años, la "ola mnémica" había hecho aflorar en Warbug otro aspecto de esa encantadora figura, que mostraba su variante siniestra y aterradora: aquella que Warbug llamaba "la cazadora de cabezas", la Judit, la Salomé, la Ménade."

Cuando leí el pasaje de Calasso, busqué la pintura y en el blog Terra de somnis II encontré una curiosa historia sobre la Capilla Tornabuoni donde se encuenta el fresco.

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La familia Ricci poseía el derecho de capilla, pues había donado los frescos elaborados por Orcagna que se encontraban en un ruinoso estado. Y como toda buena familia venida a menos, no tenía dinero para restaurarla y tampoco quería perder el derecho de capilla. Giovanni Tornabuoni, quien tenía el dinero y al pintor Domenico Ghirlandaio, se ofreció a restaurar las pinturas de Orcagna, aunque sus intenciones fueran otras. Así que no sólo engañó a los frailes dominicos.

Mediante un contrato con la familia Ricci ofreció sufragar todos los gastos de la obra, además de ofrecer un lugar de honor al escudo de armas de esa familia. Así pactado y sin más obstáculos que vencer, la obra se realizó en cuatro años (1486-1490), y cuando los Ricci fueron a verla concluida encontraron en las pilastras –que están afuera de la capilla– dos escudos en piedra, uno para los Tornaquinci y otro para los Tornabuoni. Además, para su sorpresa, bajo el arco del altar donde Giovanni colocó un tabernáculo para el sacramento, encontraron un pequeño escudo que portaba las armas de su familia. Los Ricci protestaron con encono ante el magistrado, pero todo fue inútil, sus argumentos se debilitaron al demostrar Giovanni que había cumplido fielmente con el contrato, pues sin duda el lugar de honor era el altar, aunque poco notorio desde el punto de vista artístico."

© Jorge Ikeda 2018