February 22, 2013

La literatura bítica

Stanislaw Lem en su obra “<a href=”Magnitud imaginaria” define la literatura bítica como aquella de procedencia no humana, es decir “toda literatura cuyo autor directo no ha sido el hombre.” En el prólogo a la obra imaginaria denominada “Historia de la literatura bítica” del Dr.J. Rambellais, habla de máquinas programadas para producir obras por encargo o de productos no encargados y entonces serían una creación original. Y aunque inicialmente las obras tratan asuntos eminentemente humanos, la creatividad de las máquinas comienza a producir obras impenetrables a los humanos, por lo que se requieren máquinas que interpreten los textos de otras máquinas. Se da la situación del “aprendiz de brujo” que desata fuerzas de imposible control.

La literatura bítica ha generado todo un alud de escritos que se pronuncian tanto a favor como en contra de ella. Se formulan en ellos juicios deseperados, se articulan manifestaciones de depresión, espanto y estupefacción ante el hecho de que el hombre haya creado un fenómeno que lo supera incluso espiritualmente."

Lem describe las complejidades de “introducir en la máquina las reglas de la creación lingüística” y de cómo, en un principio, las máquinas crean neologismos que resultan evidentemente cómicos.

La primera obra bítica de fama mundial ha sido la novela de Pseudodostoievski La niña (Dievochka). La produjo en una fase de relajación un agregado de múltiples elementos, encargado de la traducción al inglés de todas las novelas del escritor ruso. El renombrado eslavista John Raleigh describe en sus memorias el sobresalto que sufrió al recibir un ejemplar mecanografiado de la obra rusa, firmado con un seudónimo que le pareció extravagante, el de HYXOS. La lectura impresionó tan intensamente a aquel experto en la obra de Dostoievski, que, según propia confesión, dudó de estar despierto. La paternidad de la novela estaba, para él, fuera de dudas, aunque sabia perfectamente que Dostoievski no había escrito La niña."

Todo esto viene a cuento, porque el 21 de febrero de 2013 aparece publicado un articulo de Lucas Petersen en la revista Ñ del diario Clarín titulado “Computadoras que escriben solas: Cada vez más programadores desarrollan sistemas de escritura automática que cruzan variables narrativas.” En el artículo de la revista Ñ, el autor cita un extracto del libro titulado “Amor verdadero” y que fue vendido como una versión al estilo de Haruki Murakami de la obra clásica “Ana Karenina” del autor León Tolstoi. Al igual que el libro imaginario “La niña”, fue escrito por una computadora.

Kitty no pudo dormirse por un buen rato. Sus nervios estaban rígidos como dos cuerdas tensas, y ni siquiera le ayudó un vaso de vino caliente que Vronsky le hizo beber. Recostada en la cama, seguía reviviendo una y otra vez esa escena monstruosa de la pradera."

Recientemente había escrito una entrada al blog -y no sé porqué se borró- sobre un programa que escribía artículos periodísticos y no bien, sino perfectos. Era la primera vez que veía algo sobre este tipo de tecnología y me dejó boquiabierto.

Según dijo por entonces el editor Alexander Prokopovich al diario The Saint Petersburg Times, la novela fue generada en tres días por un software basado en el análisis de otras 17 obras. Es sólo el caso más resonante de una tendencia que, subterráneamente, sin triunfos de renombre por ahora, viene desarrollándose en el mundo de la programación y la inteligencia artificial: la búsqueda de robots capaces de producir obras creativas. “Son las primeras horas de un ciclo de vida de 100 años”, grafica Philip Parker, profesor en la escuela de negocios Insead, pionero y especialista en el tema."

Déjà vu! ¡Eso ya lo había leído en Magnitud imaginaria! Bueno, con la pequeña diferencia que Stanislaw Lem lo imaginó y ésto supera la ficción. No obstante, Stanislaw Lem diría; “al decir ‘ficción’, nos referimos al hecho de que su rebasamiento por las máquinas es imposible discernir, aunque esto nos sorprende.”

© Jorge Ikeda 2018