March 17, 2013

Machado de Assis

Machado_assis

Gracias a Christopher Domínguez Michel conocí a Joaquim Maria Machado de Assis (1839-1908). Leí el libro Memorias póstumas de Blas Cubas y los alagos que Domínguez Michel hace no son para menos. En el libro El XIX en el XXI dice:

Las Memorias póstumas de Blas Cubas, traducidas hace medio siglo en México por Antonio Alatorre, están narradas por un muerto: son una inversión del procedimiento de Sterne y un guiño irónico al sentencioso Chateaubriand de las memorias de ultratumba."

En las Memorias póstumas de Blas Cubas hay unos diálogos sublimes, como cuando en medio del delirio se le aparece la muerte (él ya está muerto) y la cuestiona:

—¿Estoy vivo? —pregunté, clavándome las uñas en las manos, para cerciorarme de la existencia. —Sí, gusano, estás vivo. No temas perder ese andrajo que es tu orgullo; gustarás aún, por algunas horas, el pan del dolor y el vino de la miseria. Estás vivo: ahora mismo que has enloquecido,estás vivo; y si tu conciencia recobra un instante de lucidez, dirás que quieres vivir."

Y en un momento de lucidez, ruega por su vida. A lo que la muerte contesta:

—¡Pobre minuto! —exclamó—. ¿Para qué quieres algunos instantes más de vida? ¿Para devorar y ser devorado después? ¿No estás harto del espectáculo y de la lucha? De sobra conoces todo lo que te he deparado menos torpe o menos doloroso: el albor del día, la melancolía de la tarde, la quietud de la noche, los aspectos de la tierra, el sueño, en fin, el mayor beneficio de mis manos. ¿Qué más quieres, sublime idiota?"

Aunque el tema de la muerte es una constante en el libro, no es la historia principal. Es la vida de Blas Cubas o sus memorias. Domínguez Michael sobre el texto dice: “El relato es delicioso tanto como arduas de resolver son las encrucijadas a las que nos somete.” A pesar del paso del tiempo, no se puede dejar de simpatizar con las penas del amor adolecente y de las tonterías a las que recurre el protagonista por amor a Marcela, una mujer madura que vende caro su amor. Los intentos del padre por separarlo de esa mala mujer, le dieron una carrera que no coronó con una diputación, como quería su padre, sino hasta muy entrado en años (como a los cincuenta años). Nunca se casó, pero amo en demasía. El final del relato es acompañado por la explicación de un sistema filosófico denominado “Humanitismo” que supuestamente fue inventado por Quincas Borda; su amigo de la infancia. La explicación de esta filosofía se hace en interminables charlas en las que no falta un “¡Al diablo con tu filosofía!” o a través de comentarios que hacen sobre hechos aparentemente banales, como la pelea de dos perros.

Me hizo observar la belleza del espectáculo, recordó el objeto de la lucha, y concluyó que los perros tenían hambre; pero la privación del alimento era nada para los efectos generales de la filosofía. Y no dejó de recordar que en algunas partes del globo el espectáculo es más grandioso: los seres humanos son quienes disputan a los perros los huesos y otros manjares menos apetecibles; y la lucha se complica mucho; porque entra en acción la inteligencia del hombre, con todo el cúmulo de sagacidad que le han dado los siglos, etc."

Y en el siguiente capítulo completa la reflexión:

—¿Qué dice? Dice que el hombre tiene “una gran ventaja sobre el resto del universo: sabe que muere, mientras que el universo lo ignora absolutamente.” ¿Ves? Luego, el hombre que le disputa un hueso a un perro tiene sobre él esta gran ventaja de saber que tiene hambre; y esto es lo que hace grandiosa la lucha, como te decía. “Sabe que muere” es una expresión profunda; creo, sin embargo, que es más profunda mi expresión: sabe que tiene hambre. Porque el hecho de la muerte limita, por decirlo así, el entendimiento humano; la conciencia de la extinción dura un breve instante y acaba para siempre jamás, mientras que el hambre tiene la ventaja de volver, de prolongar el estado consciente."

© Jorge Ikeda 2018