February 7, 2014

Epistemología

En el curso “Elaboración de proyectos de investigación” hay unos textos con una jerigonza incomprensible. Así que acudí a la fuente y cuál fue mi sorpresa que Karl R. Popper se expresa con una claridad envidiable. En la querella entre el empirismo de Bacon, Locke, Berkeley, Hume y Mill, y el racionalismo de Descartes, Spinoza y Leibniz, Popper se declara partidario de ambas corrientes de pensamiento. En el libro Conjeturas y refutaciones: El desarrollo del conocimiento científico explica:

Intentaré demostrar en esta conferencia que la diferencia entre el empirismo y el racionalismo clásicos son mucho menores que sus semejanzas y que ambos están equivocados. Sostengo que están equivocados aunque yo mismo soy una mezcla de empirista y racionalista.

El autor considera que ni la observación, ni la razón, tienen el importante rol que se les ha asignado. Su argumento lo fundamenta en la teoría del conocimiento o epistemología. A pesar de que la filosofía parecería estar lejana y ser totalmente inaplicable, se apoya en Russell al retomar sus argumentos sobre la utilidad práctica de la epistemología para la ciencia, para la ética y hasta para la política. Sobre la pregunta que Kant se formula; “¿qué es lo que puedo conocer?” Russell parece optar por el bando de Kant.

Señala, por ejemplo, que el relativismo epistemológico, o sea la idea de que no hay una verdad objetiva, y el pragmatismo epistemológico, o sea la idea de que verdad y utilidad son la misma cosa, se hallan ambos estrechamente vinculados con ideas autoritarias y totalitarias.

Y aunque dice que las afirmaciones de Russell podrían ser discutibles, algunos filósofos han creado la teoría de “la impotencia esencial y la ausencia de importancia práctica de toda filosofía genuina”, es decir, ideas que tratan de refutar las tesis de Russell:

La filosofía, afirman, no puede tener, por su misma naturaleza, consecuencias significativas y, por consiguiente, no puede influir en la ciencia ni en la política.

Así como el amigo que decía que la filosofía del derecho no servía para nada. Para Popper, las ideas son entidades “peligrosas y poderosas y que hasta los filósofos, a veces, han producido ideas”. De tal forma que la teoría de la impotencia de la filosofía ha sido refutada por los hechos.

Las creencias de un liberal -la creencia en la posibilidad de un imperio de la ley, de una justicia equitativa, del establecimiento de derechos fundamentales y de una sociedad libre- pueden sobrevivir fácilmente al reconocimiento de que los jueces no son omniscientes y pueden cometer errores acerca de los hechos, y de que, en la práctica, nunca se realiza en un juicio legal particular.

Por liberal Popper entiende a “un hombre que concede valor a la libertad individual y que es sensible a los peligros inherentes a todas las formas de poder y de autoridad”.

Pero esta creencia en la posibilidad de un imperio de la ley, de la justicia y de la libertad difícilmente puede sobrevivir a la aceptación de una epistemología para la cual no haya hechos objetivos, no solamente en caso particular, sino en cualquier caso, y para la cual un juez no puede cometer un error fáctico porque en materia de hechos no puede estar acertado ni equivocado.

© Jorge Ikeda 2018