February 19, 2014

Lo Público y lo privado

En Filosofía y futuro, Rorty introduce una distinción entre lo público y lo privado. En primer lugar, hay que tomar en cuenta que Rorty es pragmático y califica a la filosofía por su utilidad social.

Es indudable que Habermas tiene razón en considerar que podemos prescindir de Nietzsche, Heidegger, Derrida y también (de la mayoría de las cosas) de Focault, si esperamos una ayuda de los llamados textos "filosóficos" en la realización de los ideales democráticos liberales.

A diferencia de Habermas que ve en la filosofía de la conciencia síntomas de agotamiento, Rorty ve signos de vitalidad.

Esto se debe a que yo leo a autores del tipo de Heidegger y Nietzsche como buenos filósofos privados, mientras que el los lee como malos filósofos públicos.

¿A qué se refiere Rorty cuando califica a tal o cual filósofo como público o privado?

Puesto que Habermas lee a estos autores como filósofos públicos fallidos -como filósofos que siguen teniendo en el punto de mira la "autoafirmación de la modernidad" buscando algo que pudiera sustituir a la religión-, da un paso que yo no quiero dar. Exige a Heidegger y Derrida una justificación de su propia práctica, o una descripción de su propia práctica que sea intersubjetivamente demostrable.

Para Rorty, la corriente que va de Nietzsche a Heidegger y Derrida sólo abre posibilidades privadas que no tienen relevancia más que casual o contingente con la aspiración liberal social.

Habermas distingue entre una filosofía de la subjetividad socialmente inútil y agotada y una filosofía de la razón en tanto intersubjetividad, que apunta a la unificación social; yo distingo entre la necesidad privada de autonomía y la necesidad pública de una visión sinóptica de las metas de una sociedad democrática: una sociedad que se mantiene unida -en palabras de Rawls- por el acuerdo de otorgar "a lo justo prioridad sobre lo bueno" y de hacer la justicia la virtud primera.

Paradójicamente, oponer “lo justo” a “lo bueno” es imponer un valor moral a otro, así como se comentó en esta entrada al blog. Para Rawls, según Rorty, las sociedades democráticas no necesitan preocuparse por “la naturaleza humana” o “el sujeto”, ya que se privatizan las cuestiones sobre estos temas. Habermas ve a un ogro antidemocrático detrás del “sujeto”. Rorty trata de superar la vieja dicotomía entre el cuerpo y el alma y así cerrarle la puerta a consideraciones de tipo metafísico. Por esa razón propone la distinción entre lo público y lo privado.

La idea de que las personas poseen un "interior" -o sea un núcleo central que "se resiste al condicionamiento externo", forma parte de las nociones que los historicistas lingüísticos rechazamos. Cuando abandonamos esta idea, necesitamos esta distinción entre "público" y "privado" en la que he ido insistiendo reiteradamente.

Rorty no concibe la autonomía como una actualización del potencial humano sino como una autocreación; “como lucha por liberarnos de nuestras herencias muy concretas para superar las consecuencias de nuestros “sellos ocultos” idiosincrásicos”.

En una comunidad liberal ideal donde el respeto por esas idiosincrasias y particularidades es generalizado, la clase de libertad a la que seguimos aspirando es la "libertad negativa" de Isaiah Berlin: being left alone, que lo dejen a uno en paz.

Rorty opina que en este tipo de sociedad la teoría social consistiría en lo que Rawls llama “obtener un equilibrio reflexivo” entre nuestros antiguos principios morales y nuestras reacciones a nuevos desarrollos. (Ésto me recordó la discusión sobre el papel que Rorty le asigna a los filósofos.)

© Jorge Ikeda 2018