March 10, 2014

La propuesta de Beuchot sobre los derechos humanos

En la obra Derechos Humanos: Historia y Filosofía, Beuchot pone su propuesta sobre los derechos humanos a consideración. El autor propone la concepción de los derechos humanos como derechos naturales, fundamentados filosóficamente, independientemente de su positivación.

Yo creo, pues, que sí se pueden fundamentar filosóficamente los derechos humanos y que, además, no basta la positivación para hacerlo, ya que dependerían del legislador o del gobernante, y estarían sujetos a su arbitrio para ser respetados o suspendidos.

Si no basta la positivación, como para la mayoría de los juristas, Beuchot busca “la razón suficiente de los derechos” en sus raíces ontológicas o metafísicas.

Nos resuena aquí la formulación del principio de razón suficiente: "cualquier cosa existe por alguna razón suficiente de su existencia", emitida por Leibniz y aplicada por Eduardo García Máynez al derecho: "para que un derecho sea válido, debe tener una razón suficiente de su validez".

Para alejarse de la ontología, Beuchot recurre a la filosofía pragmática, pero no a la de James y Dewey recogida por Rorty, sino al pragmatismo de Peirce.

En todo caso, sostengo que los derechos humanos pueden fundamentarse filosóficamente en la idea de una naturaleza humana; pero no se tratará aquí de una idea de naturaleza como estructura estática, sino como estructura dinámica, que en parte se va realizando en lo concreto, en la temporalidad histórica y en la individualidad.

En lugar de recurrir a esencias inmutables, busca lo abstracto del hombre que se realiza y encarna en lo concreto. Aunque no me queda muy claro el paso de uno a otro momento, Beuchot cita a Peirce quien proponía aplicar la abducción al hombre para irlo perfilando con mayor claridad.

Esta es una idea de la naturaleza humana analógica e icónica, es decir, atenta a los individuos de los que se obtiene por abstracción y atenta a la aplicación diferenciada de su contenido a los mismos individuos humanos, según las circunstancias concretas en que se encuentran, pero sin renunciar a esa universalidad (analógica e icónica) que tiene.

No he leído lo suficiente a Peirce para entender lo que Beuchot refiere (la única vez que leí a Peirce sentí que lo que decía ya lo había leído en Kant), pero entiendo que Peirce trata de abstraer a los individuos en su circunstancia sin dejar de lado el aspecto universal. ¿Sería como captar la esencia de lo humano en todas nuestras referencias al hombre?

Se ha puesto la objeción de que no hay unanimidad al caracterizar la naturaleza humana. Cada corriente o pensador la define de manera diferente. Pero eso lo único que indica es que no todos pueden estar en lo correcto acerca de la naturaleza humana.

Beuchot reconoce que hay algo en la naturaleza del hombre que se construye y es la racionalidad, y sin ella no es posible el diálogo ni el consenso. Pero rechaza una ética formal que se alcanza mediante el diálogo discursivo. Beuchot opina que hace falta que “se acepten contenidos materiales, axiológicos o éticos, y no solamente mediante la discusión y el acuerdo”, pues según él, deben suponerse ciertos contenidos materiales como el aprecio por la vida, la veracidad, la recta intención, como condición previa, porque sin ellos no hay posibilidad de diálogo. Me parece que Beuchot trata de escapar de la trampa del relativismo cultural descrita por Jack Donnelly relativizando lo relativizable (cualquier cosa que eso signifique):

Y no significa relativizar todo, sino relativizar en parte; relativizar lo que es relativizable (así como no todo es semiotizable o pragmatizable en su totalidad); es un relativismo relativo o analógico.

En su obra Derechos Humanos Universales en la teoría y en la práctica, Donnelly explica que el relativismo cultural sostiene que “la cultura constituye la fuente única para validar un derecho o una norma moral”. El universalismo radical, por su parte, considera que la cultura no tiene “importancia para la validez de los derechos y normas morales, cuya vigencia es universal.” El universalismo radical propone una jerarquía donde se le da preferencia a los valores de la comunidad moral cosmopolita y se crea así un imperialismo moral. La tensión entre universalismo y relativismo cultural parece verse retratada en la propuesta de Peirce. Pero para entenderla, hay que partir de su concepto de conocimiento:

En lugar de pensar, como los nominalistas (tanto medievales como los modernos, ya racionalistas, ya empiristas), que el conocimiento primigenio (ya por intuición intelectual, ya por dato sensible) es claro y distinto, y que la vaguedad es una corrupción o degeneración de éste, el realismo de Peirce reconoce que el conocimiento humano primigenio es vago, y poco a poco se va arrancando de las manos de lo equívoco, y llevándose a lo unívoco, sin nunca alcanzar la plena univocacidad, sino únicamente lo que podríamos llamar lo analógico.

Peirce introduce una distinción entre índice, icono y símbolo:

El índice es un signo unívoco, es casi siempre un signo natural; el símbolo es equívoco, porque depende sólo de la arbitrariedad; en cambio, el ícono es semejanza de la cosa, y diferencia a la vez. Pues bien, la naturaleza humana es una idea icónica respecto de todos los hombres: los contiene a todos con sus diferencias a pesar de reunirlos con sus semejanzas. En su universalidad, es a un tiempo semejante y diferente, y predomina la diferencia.

Ante la pregunta planteada por Donnelly, creo que Beuchot llegaría a una respuesta parecida:

Si los derechos humanos se basan en la naturaleza humana, por el sencillo motivo de que uno es un ser humano, ¿cómo pueden ser los derechos humanos relativos en un sentido fundamental?

Para Donelly la respuesta está en que “la naturaleza humana es en cierto grado relativa al nivel cultural.” Para Beuchot, la naturaleza humana es icónica. Y en realidad parece que hablan de la misma cosa, dice Donnelly:

Por ejemplo, existen diferencias importantes, determinadas estructuralmente, entre la "naturaleza" modal de las mujeres en la sociedad occidental moderna y en la islámica tradicional. En cualquier caso específico, la "naturaleza humana" -la naturaleza realizada de seres humanos reales- es un producto social además de "natural".

Y a pesar de que Donnelly rechaza el relativismo cultural radical porque no podría existir ningún derecho humano bajo esa perspectiva, al igual que Beuchot se limita a afirmar que “por lo menos existen algunos valores morales válidos a nivel intercultural.” Donnelly defiende los derechos humanos como mecanismo para proteger la dignidad humana aunque estén determinados culturalmente, y Beuchot recurre a la ley natural con el mismo propósito. Cabe mencionar que el lenguaje de Donnelly es más claro que el de Beuchot, este último describe situaciones que todavía me son incomprensibles:

Es cierto que hay que pragmatizar la ontología, pero también hay que ontologizar la pragmática. Eso fue lo que en realidad hizo el genial Peirce, y por eso yo trato de pragmatizar la idea de naturaleza humana, dándole más dinamicidad y flexibilidad respecto de los casos particulares; pero también trato de ontologizar la pragmática, para que no se reduzcan los casos, de modo que la naturaleza humana no pierda toda su estabilidad (i.e. su universalidad y su necesidad), sino que sea analógica.

© Jorge Ikeda 2018