May 27, 2014

Onírico

El diccionario de la lengua española define onírico como un adjetivo que describe lo perteneciente o relativo a los sueños. El asunto viene a colación porque en clase leíamos el capítulo III de _El nacimiento de la tragedia _ en el que Nietzsche dice:

El griego conoció y sintió los horrores y espantos de la existencia: para poder vivir tuvo que colocar delante de ellos la resplandeciente criatura onírica de los Olímpicos. Aquella enorme desconfianza frente a los poderes titánicos de la naturaleza, aquella Moira que reinaba despiadada sobre todos los conocimientos, aquel buitre del gran amigo de los hombres, Prometeo, aquel destino horroroso del sabio Edipo, aquella maldición de la estirpe de los Atridas que compele a Orestes a asesinar a su madre, en suma, toda aquella filosofía del dios de los bosques, junto con sus ejemplificaciones míticas, por la que perecieron los melancólicos etruscos, -fue superada constantemente, una y otra vez, por los griegos, o, en todo caso encubierta y sustraída a la mirada, mediante aquel mundo intermedio artístico de los Olímpicos.

Cuando una alumna preguntó que era onírico, “un adjetivo” alcancé a espetar. Si un adjetivo, pero qué describe ese adjetivo. ¿Por qué no lo denominaron “morfiano” como existe lo “borgiano”? En “El sueño de Coleridge” incluido en la obra Otras inquisiciones, Jorge Luis Borges dice:

A primera vista, el sueño de Coleridge corre el albur de parecer menos asombroso que el de su precursor. Kubla Khan es una composición admirable y las nueve líneas del himno soñado por Caedmon casi no presentan otra virtud que su origen orínico, pero Colerige ya era un poeta y a Caedmon le fue revelada una vocación.

Según Borges, Samuel Taylor Coleridge soñó un poema de trescientos versos y pudo escribir un fragmento que se conserva en sus obras. Caedmon era un pastor que en una fiesta previó que lo obligarían a cantar, por lo que se escurrió de la fiesta y encontró el sueño en un establo. En su sueño alguien lo llama por su nombre y le pide que cante. Como no sabía cantar, ese alguien le pide que cante el principio de las cosas y así lo hizo. Al despertar el pastor no olvidó los versos y los cantó ante los monjes del monasterio del Hid.

No aprendió a leer, pero los monjes le explicaban pasajes de la historia sagrada y él "los rumiaba como un limpio animal y los convertía en versos dulcísimos, y de esa manera cantó la creación del mundo y del hombre y de toda la historia del Génesis y el éxodo de los hijos de Israel y su entrada en la tierra de promisión, y muchas otras cosas de la Escritura, y la encarnación, pasión, resurrección y ascensión del Señor, y la venida del Espíritu Santo y la enseñanza de los apóstoles, y también el terror del Juicio Final, el horror de las penas infernales, las dulzuras del cielo y las mercedes y los juicios de Dios."

El sueño de Coleridge tiene relación con otro sueño de un emperador mongol al que se le revelan los planos de un palacio que construyó de acuerdo al sueño. Para Borges, quien rehuye a cualquier explicación sobrenatural, ambos sueños son una coincidencia. Para otros, dice Borges, el poeta supo de la historia del palacio y dijo haber soñado el poema del palacio para crear una ficción.

Más encantadoras son las hipótesis que trascienden lo racional. Por ejemplo, cabe suponer que el alma del emperador, destruido el palacio penetró en el alma de Coleridge, para que éste lo reconstruyera en palabras, más duraderas que los mármoles y metales.

© Jorge Ikeda 2018