August 20, 2014

La literatura absoluta y los simulacros

En el capítulo IV de la obra La literatura y los dioses de Roberto Calasso, el autor data el nacimiento de la literatura absoluta en 1869 con la publicación, bajo el seudónimo de Lautréamont, de una obra titulada Les Chants de Maldoror.

Desde el momento en que aparece, todo es ya una cita de otra cosa. Este acontecimiento, enigmático y desconcertante, en el que sin embargo muy pocos han reparado, puede verse como una manifestación del hecho de que el mundo entero, como Nietzsche anunciará poco después, está convirtiéndose de nuevo en una fábula. Pero ahora la fábula es un torbellino indiferente, en el que los simulacros se intercambian como un polvillo igualitario.

En esta obra Calasso sostiene que el hombre debe retomar el diálogo con los dioses. Cita a Novalis quien dijo: “Allí donde no reinan los dioses reinan los fantasmas.” Antes, en el capítulo II de la misma obra, Calasso había dicho:

En nosotros, los modernos, según Leopardi, falta la “persuasión”, que no es sino el inextricable tejido de las “fábulas antiguas”, con los gestos y las creencias compartidas por una comunidad, “puesto que aún no hemos heredado, junto con la literatura, la religión griega y latina”.

Calasso critica a los escritores modernos que usan “las fábulas antiguas a la manera de los antiguos, exceden las cualidades de la justa imitación.” No son copia porque no respetan el modelo y “exceden las cualidades de la justa imitación”. ¿Será este el sentido que Calasso le da a la palabra “simulacro”?

El resultado es una “afectación y ficción bárbara”, una grosera impostura “simulando ser italianos antiguos, y disimulando lo máximo posible la condición de italianos modernos”.

Retomando el discurso del capítulo IV el autor dice:

Entonces se podría añadir: dioses y fantasmas se alternan sobre el escenario, con iguales derechos. Ya no existe una potencia teológica capaz de dirigirlos y ordenarlos. ¿Quién se atreverá en tales circunstancias, a tener comercio con ellos, a tratar con ellos? Una potencia ulterior, hasta entonces mantenida en una permanente minoría y utilizada al servicio del cuerpo social, pero que empezaba a amenazar con levar todas sus anclas y navegar, solitaria y soberana, como el barco mismo que acoge a todos los simulacros y vaga en el océano de la mente por el puro placer del juego y del gesto: la literatura. En esta mutación, ella podrá ser definida de esta forma: literatura absoluta.

© Jorge Ikeda 2018