September 6, 2014

El lenguaje, la poesía y la metafísica.

En la obra Proust y otros ensayos, Samuel Beckett cita a Giambattista Vico que en su obra Scienza nuova recupera una antigua distinción de los egipcios, a través de Herodoto:

Su división del desarrollo de la sociedad humana en tres edades –teocrática, heroica, humana (civilizada), con sus correspondientes clasificaciones de lenguaje: jeroglífico (sagrado), metafórico (poético), filosófico (apto para la abstracción y la generalización)– no era nueva en absoluto, aunque sin duda era novedosa para sus contemporáneos.

Samuel Beckett opina que a través de estas consideraciones Vico construye una Ciencia y Filosofía de la Historia. En una entrada anterior al blog se comentó que para Jean-Paul Sartre, las formas de concebir son perceptivamente, por concepto o por imágenes. Y para Sartori, las palabras están en lugar de lo simbolizado, por lo que se tendría imágenes percibidas, imágenes concebidas e imágenes fantásticas. Si se compara lo anterior con lo dicho por Vico, el lenguaje jeroglífico correspondería a las imágenes percibidas o a lo percibido; el lenguaje poético, a las imágenes fantásticas o a la simple imagen; y el lenguaje filosófico, a las imágenes concebidas o al concepto. Aunque Vico rechaza esta visión simbólica del lenguaje:

Aquí también rechaza tanto la visión materialista, que declara que el lenguaje no es más que un simbolismo formal y convencional, como la trascendental, que lo trata, de pura desesperación, como un regalo de los dioses.

Parece ser que la poesía es más apta para captar lo esencial, pues Beckett le atribuye una importante función:

La poesía fue la primera operación de la mente humana, y sin ella el pensamiento no existiría. Los bárbaros, ineptos para el análisis y la abstracción, tienen que recurrir a su fantasía para explicar lo que su razón no alcanza a comprender. Antes de la argumentación viene el canto; antes de los términos abstractos, las metáforas. El carácter figurativo de la poesía más antigua no se debe considerar como una confección sofisticada, sino como una prueba de la escasez de vocabulario y de la incapacidad para lograr la abstracción.

Para Vico el lenguaje sigue un proceso evolutivo:

En su forma muda primitiva, el lenguaje era gesto. Si un hombre quería decir “mar”, señalaba el mar. Con la difusión del animismo ese gesto se reemplazó con la palabra: “Neptuno”. Vico nos hace notar que cada necesidad de la vida, natural, moral o económica, tiene su expresión verbal en una u otra de las treinta mil divinidades griegas. Este es “el lenguaje de los dioses” de Homero. Su evolución, a través de la poesía, hacia un vehículo altamente civilizado que abunda en términos abstractos y técnicos fue tan poco fortuita como la evolución de la misma sociedad. Las palabras, como las fases sociales, tienen sus progresiones.

En Neptuno Alegórico, cuando Sor Juana Inés de la Cruz pide que se pinte el mar como jeroglífico, éste hace alusión a la belleza de la Marquesa; y cuando pide que se pinte a Neptuno, se refiere al Marqués de la Laguna.

La alegoría implica una operación intelectual triple: la construcción de un mensaje de significado general, la preparación de una forma fabulosa, y la unificación de ambas, ejercicio cuya dificultad técnica lo dejaba absolutamente fuera del alcance de la mente primitiva. Además, si consideramos que el mito es, en el fondo, alegórico, no estamos obligados a aceptar la forma en la cual se ha plasmado como exposición de hechos reales. Pero sabemos que los creadores de esos mitos los tomaron absolutamente al pie de la letra. Júpiter no era un símbolo: era espantosamente real.

Y Beckett argumenta que era precisamente ese carácter metafórico superficial el que volvía a las personas incapaces de percibir más que el registro de la objetividad. De la misma manera que quienes observaban el Neptuno Alegórico de Sor Juana no comprendían los mensajes ocultos en él.

La Poesía es esencialmente la antítesis de la Metafísica: la Metafísica purga a la mente, la libera de los sentidos, cultiva la descorporización de lo espiritual; la Poesía es toda pasión y sentimiento y anima lo inanimado; la Metafísica es más perfecta mientras más se preocupa de lo universal, y la Poesía mientras más se preocupa de lo particular. Los poetas son el sentido de la humanidad, los filósofos su inteligencia.

Pero Beckett se aparta de lo que Vico sostiene y dice:

He aquí, entonces, una exposición torpe del tratamiento dinámico que le da Vico al Lenguaje, la Poesía y el Mito. Aún puede parecer un místico para algunos: de ser así, es un místico que rechaza lo trascendental en todas sus formas como factor de desarrollo humano, y cuya Providencia carece de la divinidad necesaria para poder prescindir de la cooperación de la Humanidad.

Beckett encuentra la divinidad en la Humanidad, pero los hombres carecen de divinidad. El mejor exponente de la filosofía de Vico para Beckett es James Joyce:

Hay una infinita germinación, maduración y putrefacción verbal, el dinamismo cíclico de lo intermedio. Esa reducción de varios medios expresivos a lo que eran –económicos, directos– en su estado primitivo, y la fusión de esas esencias primitivas en un medio asimilado para la exteriorización del pensamiento, es Vico puro, y Vico en su aplicación, además, al problema del estilo.

En la obra Work in progress, Joyce separa la metafísica de su escritura:

Nos damos cuenta de que prácticamente se evita el subjetivismo o la abstracción, todo tipo de generalización metafísica. Se nos presenta una afirmación de lo particular. Es el viejo mito: la niña en el camino de tierra, las dos lavanderas en la ribera del río. Y en todas partes hay animismo: la montaña “abhea- ring”, el río “puffing her old doudheen”.

Mr. Joyce, como Beckett lo llama, logró unir la forma con el contenido y viceversa:

Aquí la forma es contenido, el contenido es forma. Ustedes alegan que esto no está escrito en inglés. En realidad, no está ni siquiera escrito. No es para leer, o más bien no es sólo para ser leído. Es para ser visto y oído. No es que Mr Joyce escriba sobre algo; su escritura es ese mismo algo.

Cuando el sentido es el sueño, las palabras de Joyce duermen. Si es el baile, éstas bailan. Si es la embriaguez, las palabras se tambalean y arrastran. Pero en opinión de Beckett, no fue Joyce el primero en utilizar las palabras de esa manera:

Shakespeare usa palabras gordas, grasosas, para expresar la corrupción: “Duller shouldst thou be than the fat weed that rots itself in ease on Lethe wharf ”.11 Escuchamos como chapotea el limo en toda la descripción del Támesis que hace Dickens en su Great Expectations. Esa escritura que ustedes hallan tan oscura es una extracción quintaesencial del lenguaje y la pintura y el gesto, con toda la claridad inevitable de los tiempos anteriores al refinamiento verbal. Aquí está la brutal economía de los jeroglíficos. Aquí las palabras no son las contorsiones de tinta reticentes que salen de las imprentas del siglo XX. Están vivas.

© Jorge Ikeda 2018