September 20, 2014

Lecturas

Por las redes sociales circula un vídeo en el que se observa un enorme dispositivo de seguridad al rededor de una camioneta blanca blindada, con elementos de seguridad caminando a los costados de la camioneta y aunque van vestidos de civil, utilizan los nada discretos equipos de comunicación conocidos como “chicharitos” y gafas oscuras para que nadie dude que son guardaespaldas. La primera imagen que viene a la cabeza es la del papa-móvil. Por los cielos la sigue un helicóptero de la Comisión Estatal de Seguridad Pública. Aunque la gente que camina por la calle lo ignora, adentro de la camioneta se ve un personaje que se desvive en sonrisas y saludos, como si fuera la reina de la primavera, pero se trata de un nefasto personaje; el gobernador del Estado de Morelos. Este lamentable espectáculo nos permite hacer varias lecturas. La primera es que el megalómano tiene una imagen distorsionada de su propia importancia y requiere de tales despliegues de seguridad para suplir la falta de autoestima. Si el despliegue de seguridad fuera directamente proporcional a la importancia del personaje, Graco no necesitaría ni un policía de barrio. La segunda lectura que se puede hacer de tan ridículo acontecimiento es que el gobernador desea establecer los ritos que permitan a los habitantes sabed que los dioses del Olimpo se han dignado a convivir con los simples mortales evocando la boda de Cadmo y Harmonía. En la colonia, se recibía al Virrey con marchas triunfales y arcos conmemorativos de cartón y madera. El gobernador podría recurrir a formas más austeras de informarnos su presencia en lugar del dispendio de recursos para tal fin. La hora de helicóptero debe rondar los cincuenta mil pesos. Las finanzas del Estado se verían aliviadas si el gobernador recurriera al típico grito de “ya llegué” del naco que entra al cine cuando reina el silencio. La tercera lectura es que la inseguridad en Cuernavaca, en particular, y en el Estado en general, está mucho peor de lo imaginable. La situación que los administradores describen como el _worst case_o en palabras el vulgo: el más pior de los casos. Se trata de un tácito reconocimiento del fracaso de la política de seguridad pública, si es que al voluntarismo y a las ocurrencias se les pudiera llamar políticas públicas. La última lectura nos remite a la famosa fábula de “El rey desnudo”. El soberano compró un carísimo traje que sólo los estúpidos e incapaces de su cargo no pueden ver. Ninguno de sus subalternos es capaz de decirle al gobernador lo ridículo que se ve entre tanta faramalla. Mientras el ciudadano de a pie reconoce: “¡Pero si va desnudo!”

© Jorge Ikeda 2018