October 17, 2014

La voluntad de poder

Antier se conmemoró otro año del natalicio de Nietzsche. Por tal motivo la revista Nexos promocionó algunos textos que han sido publicados en sus páginas. En el texto “Nietzsche: Los últimos días” de José Carlos Castañeda, el autor dice que la noción de voluntad de poder es frecuentemente malinterpretada y confundida con la voluntad de dominio.

Querer algo presupone que tengo una representación de lo que deseo. Pero esta acepción está intelectualizada; reduce la idea de voluntad a la imagen de un combustible que se necesita cuando ya hemos hecho planes. (…) Se trata de un impulso insaciable, insondable, ininteligible, que carece de fin y de sentido, ciego e inagotable. En esencia, la voluntad sólo consiste en la repetición del apetecer. Desea desear. No elige objetos ni tiene capacidad de deliberar. Nunca se guía por una razón o una finalidad.

Encuentra los orígenes de esta concepción en Kant, y es influenciada por Schopenhauer. Kant cayó en la tentación, dice Carlos Nino en una recopilación de sus conferencias, de pensar que había algo común a los hombres como la capacidad de tener voluntad racional. Schopenhauer, dice Castañeda, transformó la voluntad en deseo. En oposición a esta propuesta Nietzsche lanza la suya:

El poder, comentó Gilíes Deleuze, como voluntad de poder, no es lo que la voluntad quiere, sino lo que quiere en la voluntad. La voluntad de poder no busca el sentido, lo crea. Su dinámica es creativa. Más que responder al modelo del guerrero y a la imagen de la conquista, ofrece la figura del artista y el ideal de hacer de uno mismo una obra de arte.

Nietzsche propone poner en el centro de la vida al arte; ¿pero hacer de uno mismo una obra de arte? Esto último me recuerda una frase de Carl Gustav Jung; “Todos nacemos originales y morimos copias”. En la propuesta de Nietzsche, todos los hombres nacen iguales, tablas rasas, y cada uno debe hacer de su vida una obra de arte. En el texto “La doble vida de Friedrich Nietzsche” de Rüdiger Safranski, el autor dice:

El pensamiento era esa fuerza que, más allá de los hechos, debía hacerse lo que él estaba haciendo. Nietzsche quiso por medio del pensamiento llegar a ser el autor de su propia vida; agradecerse sólo a sí mismo lo que era y había llegado a ser; dominar su propia historia, hacer de su vida un proyecto de pensamiento. Nietzsche quiso inventar a Nietzsche. En el cuarto libro de El gay saber escribe el aforismo 324: “No, la vida no me ha desilusionado porque, año tras año, me resulta más deseable y enigmática. A partir del día en que llegó el gran libertador: la idea de que la vida podía ser un experimento del que conoce”.

En opinión de Safranski, Nietzsche se propone salvar al mundo del nihilismo, y se hace la pregunta: ” ¿cómo podemos impedir convertirnos en bestias de la trivialidad después de la muerte de la religión?”

La formulación clásica de esa Voluntad de Poder se encuentra en la primera persona del singular: “Debes llegar a ser el señor de ti mismo. Señor también de tus propias virtudes. En el pasado, las virtudes eran las dueñas de ti mismo; pero ahora no pueden ser sino uno más entre tus muchos instrumentos. Debes desplegar el poder sobre tus virtudes y tus defectos, y aprender a usarlos una y otra vez según convenga, según tus más altos fines”.

La virtud de formación de uno mismo, de acuerdo con la interpretación de este autor sobre el pensamiento de Nietzsche, no tiene como origen un principio verdadero, porque no existe el género de la verdad sino sólo perspectivas. El principio se debe hacer verdadero.

El criterio para la verdad de la verdad no es su correspondencia con la realidad, sino que está en el hecho de darle poder, es decir, convertirlo en realidad. La verdad de la verdad es su poder de crear la realidad.

Pero el hombre lo que crea son representaciones y a partir de estas representaciones juzga al mundo.

“Esa es una lamentable historia: el hombre busca un principio a partir del cual poder despreciar al hombre. Inventa un mundo para poder denigrar y ensuciar este mundo: en realidad, siempre echa mano de la nada y erige esa nada en Dios’, e inevitablemente en juez y condenador de este ser”

Y en ello radica la crítica al nihilismo.

En sus escritos póstumos describió al nihilista como un hombre “que, del mundo tal como es, juzga que no debería ser y que, del mundo tal como debería ser, juzga que no existe. En consecuencia, la existencia (actuar, sufrir, querer. sentir) no tiene sentido; el pathos del ‘en vano’ es el pathos del nihilista”.

Aunque trato de entender, no logro captar a qué se refiere Nietzsche con la voluntad de poder. La voluntad de poder es algo que se domina y se utiliza para alcanzar los más altos fines, ¿pero qué son esos altos fines sino representaciones de lo que se desea? Así que no queda más que creer como dogma de fe que la voluntad de poder es creadora, que no busca el sentido sino que lo crea. Tal vez por esa razón Nietzsche describió a los seres supremos como seres creadores.

Una cultura y un Estado se justifican cuando pueden vivir y crear en ellos los ejemplares supremos. Los hombres creadores son, como Nietzsche escribe en su libro sobre la tragedia, las proyecciones luminosas en la oscuridad de la noche del sentimiento trágico de la vida.

Y el proyecto de Nietzsche es hacer del hombre un creador de cultura, para lo cual habría que educarlo en la alta cultura. ¿Y si ésta se opone a la cultura popular?

La visión de las cúspides del éxtasis como el verdadero sentido de la cultura se opone a y contradice expresamente la posibilidad de entender el sentido y la tarea de la cultura como el proyecto de la dicha, la libertad y el bienestar de la mayoría. Si se elige esta posibilidad entonces se elige; Nietzsche entendió esto muy bien, la cultura democrática donde triunfa el gusto de las masas.

Por paradójico que suene, en el pensamiento nietzscheniano, el Estado democrático impide, según Safranski; “el desarrollo de las grandes personalidades con su vocación por el bienestar, la dignidad humana, la libertad, la justicia compensatoria y la protección de los más débiles”.

La antigua sociedad de esclavos en Grecia es la cultura ejemplar, porque no permitió concesiones a los animales del rebaño democrático.

¡Tome chango su banana! De ahora en adelante nada de música popular, sólo música culta. Pero como no todos los individuos pueden ser creadores, el resto de los individuos se sacrifica por esta élite creadora de cultura.

“Una increíble cantidad de individuos debe ponerse al servicio de una minoría, más allá de sus necesidades personales, y someterse al modo de los esclavos a la precariedad de la vida, para que exista el terreno fértil y vasto del desarrollo del arte”

De acuerdo con Safranski, Nietzsche evidenció la contradicción inherente en la cultura, pues para poder producirla hace falta una clase ociosa que dependa del trabajo de los esclavos.

Mientras los tiempos modernos se avergüenzan sin renunciar a la explotación de la sociedad y la cultura, la sociedad de esclavos revela esa injusticia con una claridad brutal. Si el arte justifica la existencia de la vida estéticamente, su fundamento es una crueldad. La crueldad en el ser mismo de la cultura comprueba para Nietzsche que la existencia es una herida eterna, y el arte lejos de ser un medio terapéutico mantiene abierta esa herida.

© Jorge Ikeda 2018