February 6, 2015

La risa

Es una pena que el semanario Charlie Hebdo haya aplazado su próximo número a una fecha incierta. El objetivo del semanario que sufrió el atentado era desacralizar al islamismo como ha ocurrido con otras tantas religiones. ¿Es la risa el mejor medio para quitar el carácter de lo sagrado? En la mitología griega, Prometeo deja una cáscara (una piel sin carne) y grasa como ofrenda a Zeus en lugar de un buey. No sé si haya sido la risa de Prometeo, la burla o ambas lo que orilló a Zeus a castigar a los hombres. Así lo resumen Josep A. Clúa Serena y Rubén J. Montañés Gómez en Esquilo: Persas, Siete contra Tebas, Suplicantes, Prometeo encadenado

Prometeo y su mito aparecen por primera vez en Hesíodo: es un Titán, hijo de Japéto y la oceánide Clímene, y hermano de Atlas, Epimeteo y Menecio. Supera a todos en astucia, que utiliza como valedor del género humano: en Mecona, donde disputaban divinidades y mortales, engañó al mismo Zeus presentándole de forma fraudulenta un buey sacrificado. Encolarizado Zeus, privó a los hombres del fuego que ya poseían, pero Prometeo lo restituyó, prendido en el interior de una cañaheja: esta es su principal gesta. La venganza de Zeus fue terrible: hizo que Hefesto modelara a la primera mujer y la envió entre los hombres, como el más temible mal, y Epimeteo, hermano de Prometeo, la tomó pese a las advertencias de este. En cuanto a Prometeo, Zeus ordenó que fuera encadenado a una peña, donde un águila devoraba cada día su hígado, que volvía a crecer durante la noche.

En el texto “La risa de fuego: Un análisis antropológico sobre el papel trasgresor del fuego en la creación artística”, Jaime Repollés-Llauradó y Vicente Alemany Sánchez-Moscoso aseguran que:

La risa arrasa con todo, cuestiona todas las jerarquías, reduce a cenizas los valores más sagrados. En la Edad Media la risa estaba generalmente prohibida: era sólo un lujo permitido durante los días festivos.

Y los autores mencionan el famoso capítulo de la obra El nombre de la rosa de Umberto Eco en el que el erudito fraile Jorge de Burgos mantiene a resguardo el desaparecido _Tratado sobre la risa_de Aristóteles envenenado sus páginas. En la obra citada, el fraile ciego, la caricatura de Jorge Luis Borges, dice:

Si algún día alguien, esgrimiendo las palabras del Filósofo y hablando, por tanto, como filósofo, elevase el arte de la risa al rango de arma sutil, si la retórica de la convicción es reemplazada por la retórica de la irrisión, ya no como excepción plebeya, sino como ascesis del docto, confiada al testimonio indestructible de la escritura, si el arte de la irrisión llegara a ser aceptable, y pareciera noble y liberal, y ya no mecánica, si algún día alguien pudiese decir; «Me río de la Encarnación…» Entonces no tendríamos armas para detener la blasfemia, porque apelaría a las fuerzas oscuras de la materia corporal, las que se afirman en el pedo y el eructo”

Pero el objetivo de Charlie Hebdo es más amplio, no se limita a desacralizar la religión, también recurre a la peligrosa tarea de burlarse de los poderosos. En una columnna del diario el Nuevo Herald titulada “La violencia en Francia; Je suis Charlie”, Nicolás Pérez opina:

La sátira política es tan vieja como el propio periodismo, y su objetivo es poner en ridículo a dictadores, credos y comportamientos sociales. En el caso específico de Charlie Hebdo, lo mismo ataca a políticos locales, al judaísmo, el catolicismo y a todo símbolo de sacralización o poder. Su lema era y es: “El periodismo irresponsable”, practicándolo de un modo ácido, provocador, irrespetuoso y ofensivo, como hace gran parte de los humoristas.

Steven Pinker, en la obra _Los ángeles que llevamos dentro_, narra como Alexander Hamilton, primer Secretario del Tesoro en los Estados Unidos de América, perdió la vida a consecuencia de la estúpida costumbre de batirse en duelo. En esas épocas se batían en duelo hasta por una pelea entre perros de compañía. Abraham Lincoln, quien había sido retado a un duelo, tuvo la suerte -y la inteligencia- de poner unas condiciones imposibles para que éste no se llevara a cabo. Para Pinker, las nuevas generaciones ridiculizaron el ritual del duelo a tal grado que lo volvieron irrisorio. La risa y la burla que la provoca han dado tan buen servicio a la humanidad que es nuestro deber protegerlas. La libertad de expresión no debe tener más limitaciones que las contempladas por la Ley y son aquellas conductas que están tipificadas como delitos, como son las amenazas, la discriminación, apología del delito, etcétera. Así que los poderosos pueden ir poniendo la otra mejilla y los burlones no deben temer un puñetazo, así sea que se burlen de la madre de uno o de la Santa Iglesia.

© Jorge Ikeda 2018