February 9, 2015

Liber Libri

En la obra La marca del editor, Roberto Calasso comenta un texto de Kevin Kelly publicado en el New York Times Magazine y que lleva por título “¿Qué pasará con lo libros?” Y aunque en un inicio Calasso pensó que se trataba de otra alerta más, se dio cuenta que había algo más profundo en el planteamiento de Kelly.

Kelly ve un futuro de libros digitalizados, pero encuentra dos obstáculos; el copyright y el libro físico, porque resulta complicado voltear la página para escanear millones de libros que se pretenden digitalizar.

El asunto es que la digitalización universal implica una hostilidad hacia un modo del conocimiento y sólo en segundo término hacia el objeto que lo encarna: el libro.

Y el miedo de Calasso no es la desaparición del libro, pues “ha visto correr mucha agua bajo el puente y siempre ha sobrevivido”, sino “la destitución de un modo de conocimiento que está estrechamente ligado al uso del libro”.

Los libros, como fueron inventados, están separados. Aunque estén juntos en una biblioteca, un libro no sabe de qué trata el de a lado. Después del escaneo, en un segundo momento, vendrá elbondage o la interconexión de todas las palabras, de todas las ideas, de todos los libros.

Los autores, dice Calasso, producen cadáveres. Una vez que la obra está terminada, queda “fijada y finita”, es decir, muerta. Hace falta del lector que le de vida a las palabras. No puedo imaginar una máquina o robot capaz de leer y darle vida a todas las palabras de todo el mundo, conectándolas una con otras; esa sería la mejor representación del mundo controlado por zombis.

Kelly asegura que leer se convertirá en una actividad comunitaria, se comparten las anotaciones en los libros, las glosas, las bibliografías. “De manera curiosa, la biblioteca universal se vuelve un sólo texto, muy grande: el libro único del mundo”.

Cuando se dice que “leer se vuelve una actividad comunitaria” se sobreentiende que el pensamiento secreto, impenetrable, despierto y silencioso del cerebro individual que lee ha sido sustituido por la sociedad: un cerebro inmenso y capilar constituido por todos los cerebros, cualesquiera que sean, porque actúan en red y se hablan entre sí.

Aunque Calasso no lo menciona, ahí se encuentra la analogía del exocerebro con la red internet. Pero lo que plantea Calasso, es un exocerebro colectivo y no una prótesis o muleta del cerebro individual. Nicolás Carr en The Shallows: What the internet is Doing to Our Brains ya había hablado sobre los cambios de conducta que experimentó a partir de su adicción a la red. Nuestro cerebro, deja de aprender, de memorizar, y esa tarea es delegada al exocerebro que es la red Internet.

Del libro único del mundo, al Liber Mundi hay sólo un paso. Calasso da ese paso:

El Liber Mundi es sustituido por “el libro único del mundo”, accesible solo en pantalla. En cuanto al mundo, es borrado, superfluo, en su mudo y refractario carácter ajeno. El punto más angustiante, contraseña definitiva de la parodia, es que mientras escribía estas palabras, Kelly asumía el tono cordial de quien evoca un grupo de antiguos compañeros de universidad que se intercambian apuntes y fotografías, y se divierten ayudándose unos a otros.

En algún momento Calasso se pregunta si hay algo más grande que el proyecto de Google de digitalizar todos los libros. Y encuentra que Joe Gould, un personaje de ficción de Joseph Mitchell, trató de escribir la “historia oral”, es decir, transcribir las conversaciones de todos; en el bar, en el metro, en el trabajo, etcétera. Hoy en día sería tan fácil como guardar todas las conversaciones en línea (chats) y todos los posts de todos los blogs, aun los borrados, de eso que Calasso llama “literatura efímera” y de la cual forma parte este blog.

Calasso ve en este proceso de digitalización, la destrucción de las portadas de los libros porque ya no son necesarias. La portada es la piel del libro. La portada es el recuerdo de la mente de que “se puede actuar en lo analógico, sin detrimento de lo digital”. Destripar los libros y desechar la piel parece ser el procedimiento. Conectar todas las palabras de todos los libros para formar un libro único nos recuerda a quien sacó las entrañas a los muertos para crear a Frankenstein.

No sin cierto espanto tuve que reconocer que el sueño de Kelly iba a dar en las mismas dos palabras acerca de las que estaba escribiendo: el libro único. La digitalización universal debía al fin cubrir la tierra de una película impenetrable de signos (palabras, imágenes, sueños). No se trataría ya del Liber Mundi de la mística medieval, de Leibniz y de Borges, sino de algo mucho más audaz: el Liber Libri, la emancipación envolvente que, a partir de una sola página digitalizada, llega a revestir el todo como libro único. En este punto el mundo podría incluso desaparecer, porque ya es superfluo; sería sustituido por la información acerca del mundo. Tal información podría ser incluso, en su parte fundamental, errada. El complot universal más eficaz y adaptado a la situación del momento sería el que impusiese a sus adeptos el nutrir a la red sólo con informaciones falsas. Bacon, factótum del progreso, hablaba de veritas filia temporis, pero -agrega Blumenberg- igualmente se hubiera podido decir, como se vio enseguida en los escritos de Pierre Bayle: error filis temporis. Así de lejos se llega a partir de la simple abolición de las portadas.

© Jorge Ikeda 2018