March 14, 2015

Racionales vs. irracionales, el irracional deseo de dominar.

En el ensayo “Dos conceptos de libertad” de Isaiah Berlin, hay un apartado titulado “El templo de Sarastro” en el que el autor expone una interesante idea sobre lo que oculta el liberalismo. Aunque algunas versiones del liberalismo se hacen llamar igualitarias, no lo son tanto, pues establece una superioridad de los racionales sobre los irracionales. Berlin dice que tanto Rosseau, como Kant y Fitche, quienes comenzaron como individualistas, se preguntaron si sólo era posible la vida racional para el individuo o también lo era en la sociedad. Es lógico pensar que si uno quiere ser libre, los otros también tienen derecho a serlo, pero qué sucede cuando chocan estas voluntades.

Puesto que, si soy racional, no puedo negar que lo que está bien para mi, tiene que estar bien por la misma razón para los demás, que son racionales como yo.

Un Estado racional estaría gobernado por leyes igualmente racionales que cualquier hombre racional se habría dado, pero quién establece los límites de la racionalidad.Se llega a una solución parecida a la de los iusnaturalistas, cualquier persona en uso de la razón podía llegar a conocer el derecho natural.

En principio, toda verdad es susceptible de ser descubierta por cualquier ser pensante, racional, y de ser demostrada con una claridad tal que todo ser racional está obligado a aceptarla.

Un orden justo debía otorgar tanta libertad a todo individuo como cada ser racional tiene derecho. Pero mi demanda de libertad no debería interponerse con las de los demás, pues si sólo hay una solución verdadera para cada problema, dos o más soluciones verdaderas no son posibles.

La justicia y la igualdad son ideales que, en las sociedades existentes, todavía precisan de cierto grado de coacción porque la supresión prematura de los controles sociales conduciría a la opresión de los más débiles y los menos dotados por los más fuertes, los más listos o los menos escrupulosos.

En principio, el deseo de dominar es irracional, pero puede ser superado por métodos racionales. ¿Cuáles métodos? La educación, por ejemplo. ¿Existe el derecho de imponerles estos métodos a los irracionales? ¿Qué no el deseo de dominar era irracional? ¿Por qué razón los racionales quisieran imponerse sobre los irracionales?

Pero si mi plan es del todo racional, permitirá el desarrollo completo de su “verdadera” naturaleza, el despliegue de su capacidad para la toma de decisiones racionales, logrará que florezca “lo mejor de ellos mismos”, como parte de la realización de mi propio yo “verdadero”.

Me imagino la cantidad de problemas que plantea esta idea. Si los irracionales encajan en el modelo de los tontos felices, y el desarrollo de la racionalidad no va a traerles felicidad sino angustia; ¿por qué habría que sacarlos de su error y mostrarles las potencialidades de la razón? Ahora, cada individuo persigue sus fines particulares y éstos pueden chocar con los de los otros individuos o con la ley. La libertad que autores como Kant o Locke defienden es aquella que concuerda con la ley. Tal vez a esto se refería Norberto Bobbio cuando decía que el Estado debía desarrollar las potencialidades del individuo hasta que sus fines particulares coincidieran con los del Estado. Por otro parte, Bentham ve a la ley como un obstáculo a la libertad.

Bentham, prácticamente en solitario, repetía con perseverancia que las leyes no sirven para emancipar sino para reprimir: toda ley es una infracción de la libertad, incluso si tal infracción conduce a un aumento de la suma total de la libertad.

Berlin dice que si se pudiera encontrar una sola solución válida en las ciencias sociales, como en las ciencias naturales, entonces sí la autonomía coincidiría con la autoridad y la libertad, con la ley.

En la sociedad ideal, compuesta por seres totalmente responsables, las normas pasarían desapercibidas y acabarían por desaparecer. Sólo un único movimiento social tuvo la audacia de hacer explícito este presupuesto y asumir las consecuencias: el movimiento anarquista. Por el contrario, todas las formas de liberalismo fundadas en esta metafísica racionalista son versiones más o menos aguadas de este credo.

Resulta lógico que si todos se comportasen racionalmente y respetaran a los demás, no habría necesidad del Estado ni del derecho. Pero como no es así, hace falta la coacción para mantener a raya a los fuertes. Y no sólo el anarquismo, sino todas las formas de liberalismo postulan la superioridad de los seres racionales sobre los irracionales.

© Jorge Ikeda 2018