March 21, 2015

El gobierno de expertos

En el ensayo Dos conceptos de libertad, Isaiah Berlin cita a Comte quien se preguntaba porqué si no se permite pensar libremente en química o en biología sí se permite, en moral y política. Comte se planteaba lo anterior bajo el supuesto de que si existe una verdad política y esta se podía descubrir a través del método científico, entonces qué sentido tenía la libertad o la opinión de los individuos o de los grupos.

Sólo hay en principio, una única forma de vida correcta; los sabios la dirigen de manera espontánea, por eso se les llama sabios. A los ignorantes hay que empujarles a esta vida por todos los medios sociales en poder de los sabios. ¿Por qué ha de aguantarse y dejar crecer aquello que es un error demostrable? Los inmaduros y faltos de guía han de repetirse: “Sólo la verdad nos hará libres, y la única forma que tengo de aprender la verdad es haciendo ciegamente lo que tú, que la conoces, me ordenes o me obligues hacer, en la certeza de que sólo así alcanzaré tu percepción esclarecida y seré libre como tú”.

De acuerdo con Berlin, el argumento racionalista de una única solución verdadera conduce a un Estado autoritario obediente de las directrices de una élite “platónica de guardianes”. El autor cita a Kant, para quien no podía haber especialistas en ética porque ésta no tenía que ver con el conocimiento experto, sino con el uso correcto de “una facultad humana universal” por lo que a los hombres libres no se les puede obligar a actuar de determinada manera que les permita superarse sino el saber porqué debían actuar así. No se les puede reprimir, pero se les puede educar para que actúen de la forma esperada, ¿como los animales de circo? Pero Kant también reconocía la paradoja que planteaba la ley racional, que si uno era suficientemente racional para otorgarse semejante ley, que ésta pudiera limitar mi libertad racional. Por lo que Berlin reconoce que como es imposible consultar sobre todo a todo el mundo, se abre la puerta al gobierno de los expertos. Y entra en escena el legislador racional, quien supuestamente crea leyes racionales para que a los demás miembros racionales de la sociedad les sea imposible rechazarlas. A menos que uno sea de lento aprendizaje y tarde en entenderlas. Pero si son irracionales y las rechazan, viene la represión de la razón; porque “los pronunciamientos de la razón han de ser los mismos en todas las inteligencias”.

Doy mis órdenes, y si te resistes, me encargo de reprimir el elemento irracional que hay en ti y que se opone a la razón. Mi tarea sería más fácil si te autorreprimieras y por eso intento educarte para que lo hagas.

Semejante planteamiento, argumenta Berlin, sería rechazado por Kant, para quien la libertad del sujeto consiste en que él y sólo él se dé las órdenes a obedecer.

Si esto lleva al despotismo, que aunque sea el de los mejores o el de los más sabios -el templo de Sarastro en La flauta mágica-, sigue siendo despotismo y resulta que es lo mismo que la libertad, ¿no será que hay un error en las premisas del planteamiento?, ¿no será que los presupuestos básicos están de alguna manera equivocados?

© Jorge Ikeda 2018