June 11, 2015

Sumisión

En la obra Estado, gobierno y sociedad, Norberto Bobbio comenta que la democracia contiene la semilla de su destrucción, ya que por medio de las votaciones se puede llevar al poder a líderes que acaben con ella. En la obra Sumisión, Michel Houellebecq hace un ejercicio de lo fácil que sería convertir a Francia en una república islámica por medio de las urnas. En su obra, los Hermanos Musulmanes, confrontados con la extrema derecha, se hacen del poder sin que la izquierda pueda oponer resistencia. Lo más interesante de las obras de Houellebecq es la facilidad para retratar el vacío de la época:

Los únicos verdaderos ateos eran rebeldes; no se contentaban constatando fríamente la no existencia de Dios, rechazaban esa existencia a la manera de Bakunin: “Y aunque Dios existiera, habría que deshacerse de él…”, eran ateos a la manera de Kirilov, rechazaban a Dios porque querían colocar al hombre en su lugar, eran humanistas, tenían una idea muy elevada de la libertad humana, de la dignidad humana. ¿Supongo que tampoco se reconoce en ese retrato?

El personaje principal de la novela es un profesor universitario experto en Joris-Karl Huysmans que trata de comprender la conversión de Huysmans al catolicismo, y en el camino llega a conclusiones desgarradoras:

Nietzsche dio en el clavo, con su olfato de viejo cabrón: el cristianismo era en el fondo una religión femenina.

En un diálogo casi al final de la novela, su interlocutor es el nuevo rector de la Universidad Islámica de Paris-Soborna quien comenta su proceso de conversión:

Nunca he ocultado mi militancia juvenil… -prosiguió-. Y a mis nuevos amigos musulmanes nunca se les ha ocurrido reprochármela; les parece muy normal que, en mi búsqueda de salir de un humanismo ateo, me volviera en primer lugar a mi tradición de origen. (…) Los fascismos siempre me han parecido una tentativa espectral, de pesadilla y falsa de devolver a la vida a naciones muertas; sin la cristiandad, las naciones europeas no eran más que cuerpos sin alma, unos zombies.

Houellebecq dibuja un paraíso para los hombres en el que pueden tener hasta cuatro esposas, unas de mediana edad y otras casi niñas; aunque el alcohol está prohibido es tolerado; una Francia sin desempleo porque las mujeres han abandonado sus trabajos y; seguramente, un infierno para las mujeres.

-Es la sumisión -dijo en voz queda Rediger-. La idea asombrosa y simple, jamás expresada hasta entonces con esa fuerza, de que la cumbre de la felicidad humana reside en la sumisión más absoluta. Es una idea que no me atrevería a exponer ante mis correligionarios, que quizá la juzgarían blasfema, pero para mi hay una relación entre la absoluta sumisión de la mujer al hombre, tal como la describe Historia de O, y la sumisión del hombre a Dios, tal como la entiende el islam.

Mas adelante, Rediger, el personaje que encarna al rector, concluye:

El islam es la única religión que ha prohibido cualquier traducción para el uso litúrgico, porque el Corán está enteramente compuesto de ritmos, de rimas, de estribillos, de asonancias. Reposa sobre la idea básica de la poesía, la idea de una unión de la sonoridad y del sentido que permite decir el mundo.

© Jorge Ikeda 2018