June 16, 2015

El lobo con piel de oveja

La semana pasada tuve una discusión con un joven panista que promovía un artículo publicado en Nexos por Germán Martínez. El artículo concluía con una recomendación: “El PAN necesita enmendar sus pasos por la senda liberal…”, le pregunté si estaba dispuesto a ser consecuente con el principio enunciado por John Stuart Mill por el que “Sobre sí mismo, sobre su cuerpo y sobre su mente, el individuo es soberano.” Y como que este amigo es anti-aborto, la respuesta fue negativa (en su defensa podría haber dicho que en vida John Stuart Mill tampoco fue consecuente, a pesar de los vehementes reclamos de su hija). ¿Cuál es el liberalismo al que se refieren los panistas? Al liberalismo económico, o como alguna vez definió Norberto Bobbio al neoliberalismo; libertad económica sin libertad política (o ideológica). En el texto “Mi trayectoria intelectual”, Isaiah Berlin retoma su concepto de la libertad negativa para aclarar:

Por libertad negativa entendía la ausencia de obstáculos que bloquean la acción humana. Bien lejos de los obstáculos creados por el mundo exterior o por las leyes biológicas, fisiológicas o psicológicas que gobiernan a los seres humanos, hay falta de libertad política -el tema central de mi conferencia- cuando los obstáculos son creados por el hombre, tanto de forma deliberada como involuntaria.

Por lo que habrá mayor libertad negativa si estos obstáculos creados por el hombre están ausentes. Los obstáculos que le impiden a las mujeres abortar, las leyes que le impiden a los homosexuales contraer matrimonio o adoptar. Se trata de una perversión de la que el mismo Isaiah Berlin mencionó:

La libertad negativa puede interpretarse como laissez faire económico, y así, en nombre de la libertad, los propietarios están autorizados a destruir la vida de los niños en las minas, o los patrones de las fábricas a quebrar la salud y el carácter de los trabajadores de la industria.

Otro concepto de Berlin que también se pervierte es el de la libertad positiva. Y los panistas lo hacen con la procuración del bien común, porque ésta se reduce a “su” concepción de lo que es el bien común, ignorando el concepto de bien común de los homosexuales, o de los indígenas o de otros grupos llamados ‘minoritarios’ (todos pertenecemos a la minoría de uno), pero cuyas concepciones son aplastadas por las de la dictadura de la mayoría. Para Isaiah Berlin, esta perversión consiste en suponer que dentro de mi hay un Yo superior capaz de entender las motivaciones de los racionales, pero como soy ignorante y me dejo dominar por las pasiones, necesitaría pasar por un proceso de educación o de comprensión que convenientemente gestionan los que son más sabios que yo, por lo que sólo me queda obedecer a los que son racionales, con la ilusión de que si tuviera la misma preparación actuaría igual que ellos. Por supuesto que ellos sí saben lo que es el bien común y lo que es bueno para mí.

No hay déspota en el mundo que no pueda usar este método de argumentación para la más vil opresión, en nombre de un yo ideal que busca realizar sus propios medios, aunque éstos sean algo brutales y prima facie moralmente odiosos (prima facie sólo para el yo inferior empírico).

Así que los panistas retoman del liberalismo lo que les conviene (el liberalismo económico o la superioridad de los racionales sobre los irracionales) para desde las alturas morales imponer su concepción del bien común, aunque de hecho choque con las concepciones o los fines de los demás, porque suponen que en el uso de la razón sólo habría una respuesta correcta a cada problema y las demás respuestas serían incorrectas. Y, a su vez, rechazan todas las concepciones del liberalismo político e ideológico que propongan el aborto, el matrimonio igualitario o la adopción por parejas del mismo sexo. Se trata de un lobo con piel de oveja, parecen liberales pero son profundamente conservadores.

© Jorge Ikeda 2018