October 22, 2015

Plataforma

Las palabras de Zygmunt Bauman de la entrada anterior al blog me recordaron lo dicho por Michel Houellebecq en su obra Plataforma:

Seguiré siendo hasta el final un hijo de Europa, de la angustia y de la vergüenza; no tengo ningún mensaje de esperanza. No odio occidente, todo lo más lo desprecio con toda mi alma. Sólo sé que, tal como somos, apestamos a egoísmo, masoquismo y muerte. Hemos creado un sistema en el cual ya no se puede vivir; y lo que es más, seguimos exportándolo.

Y parece que su obra sí contiene un mensaje de esperanza:

No le cabía duda, el sistema musulmán estaba condenado a la extinción: el capitalismo era más fuerte. Los jóvenes árabes sólo pensaban en el consumo y en el sexo. Por mucho que a veces pretendieran lo contrario, su sueño era sumarse al modelo norteamericano: la agresividad de algunos sólo era consecuencia de una envidia impotente; afortunadamente, cada vez había más que le daban la espalda abiertamente al islam.

Houellebecq es el autor que mejor retrata las contradicciones actuales. En palabras de Arturo Mendoza Mociño:

Esta es una excelente novela de un autor que desasosiega. Para aquellos que andan en busca de obras que los lleven a pensar o entender mejor el tiempo que vivimos, Houllebecq es lo mejor que hay en librerías. Él es el autor que mejor analiza las metamorfosis sociales y culturales de nuestros días. El turismo sexual recreado en la trama es sólo un pretexto para retratar la globalización imparable que vivimos. El final es realmente perturbador.

El protagonista llega a la conclusión de que las personas que viajan no buscan el tipo de aventura que las agencias de viajes prometen, sino que buscan sexo. Y le propone un negocio al jefe de su novia:

-Así que -continúe- por una parte tienes varios cientos de millones de occidentales que tienen todo lo que quieren, pero que ya no consiguen encontrar la satisfacción sexual: buscan y buscan pero no encuentran nada, y son desgraciados hasta los tuétanos. Por otro lado tienes varios miles de millones de individuos que no tienen nada, que se mueren de hambre, que se mueren jóvenes, que viven en condiciones insalubres y que sólo pueden vender sus cuerpos y su sexualidad intacta. Es muy sencillo, de lo más sencillo: es una situación de intercambio ideal.

Son tan pobres que sólo pueden vender sus cuerpos. No me parece que el propósito del autor sea dar una lección de moralidad, más bien desarrolla las contradicciones del modelo económico más allá de las barreras de una falsa moral hasta que se topan con el muro de la intolerancia religiosa del islam.

Sobre el catolicismo también tiene algo que decir:

Y era irritante comprobar que sólo los católicos habían sabido poner en pie un dispositivo funerarios operativo. Cierto que el medio que empleaban para convertir la muerte en algo magnífico y conmovedor era, sencillamente, negar su existencia.

Como el propio autor lo señala en su obra, no sabríamos qué hacer en la vida sin estas lecturas, ya que…

Vivir sin leer es peligroso, obliga a conformarse con ella, y uno puede sentir la tentación de correr riesgos.

© Jorge Ikeda 2018