May 12, 2016

El teorema de Coase y la contaminación

En la revista de la escuela de derecho de la Universidad de Chicago, Richard Posner publicó en 1970 un comentario al libro de Guido Calabresi; “The cost of Accidents: A Legal and Economic Analysis”. De acuerdo con Posner, Calabresi hace una no muy clara distinción entre disuasión general (general deterrence) o la solución de mercado y la disuasión colectiva (collective deterrence).

Calebresi sostiene que la legislación o las políticas sobre accidentes automovilísticos deben ser llevados a un nivel socialmente aceptable. Se podrían eliminar los accidentes, prohibiendo los vehículos, pero el costo sería demasiado alto.

Para solucionar los costos secundarios (entendidos como la falta de compensación a las víctimas de los accidentes) se podría obligar a los automovilistas a tener una póliza de seguro. Sin las pólizas de seguro, aumentan los costos primarios (las lesiones y daños materiales) así como los secundarios. Aún así hay detractores que argumentan que aún con las pólizas de seguro no se compensan adecuadamente otro tipo de daños, como el psicológico.

La disuasión general o la solución de mercado propone una situación en la que los accidentes no cuentan con una regulación gubernamental. Entonces el nivel de los accidentes es determinado por arreglos voluntarios entre los participantes. Pero en ese caso, los costos de la negociación pueden ser prohibitivos; no se puede reunir a todos los peatones para negociar  con todos los conductores. El truco es asignar los costos al participante que pueda reducir los costos netos o aumentar los beneficios, es decir; al conductor. Por esa razón el peatón es primero y en caso de accidente, el conductor es culpable. El resultado de este tipo de medida puede ser que los fabricantes de autos los fabriquen para que circulen a menos de 50 km/hr como una medida más económica que la de construir puentes peatonales.

¿Entonces los participantes en los viajes aéreos pueden negociar sus niveles de accidentes? Calebresi argumenta que no porque los individuos no calculan bien los niveles de riesgo. Aunque Posner argumenta que hay filósofos que aseguran lo contrario; que los seres humanos somos adversos al riesgo.

El mejor ejemplo para distinguir entre la disuasión general y la colectiva que se me ocurre lo es la autopista urbana sobre el periférico en la ciudad de México. Hay una parte que es privada, que contiene límites de velocidad, pero que estos no son respetados. Hay otra parte que es pública, con sensores de velocidad que permite fotografiar a los infractores. La primera corresponde a la disuasión general o solución de mercado, la segunda, a la disuasión colectiva. En la disuasión colectiva, el gobierno decide que el infractor debe pagar una multa o ser encarcelado sobre únicamente pagar los daños que pudiera ocasionar.

En Cuernavaca hubo un lamentable caso del nieto de un eminente jurista que totalmente alcoholizado mató con su vehículo a otro joven estudiante. El jurista resultó más influyente que eminente y logró que su nieto no pisara la cárcel y sólo se pagara una compensación por los daños. Este resultado no es socialmente aceptable, pues pone un precio a la justicia y ésta debería estar por encima de cualquier negociación.

Calebresi concluye que un sistema mixto sería deseable, aunque no dice en que proporción porque utiliza, a decir de Posner, una mezcla de cuestionamientos empíricos y políticos. Calebresi cuestiona el sistema de culpa (fault system) que asigna los costos al negligente porque falla a la hora de reducir los costos secundarios, por ejemplo; cuando el seguro sólo paga después de un largo juicio. Pero Calebresi, dice Posner, tampoco propone ningún sistema alterno.

Aún así, una solución de mercado es poco eficiente, pues de acuerdo a lo postulado; los conductores con mal historial de accidentes o pocos prevenidos deberían pagar primas de seguro más altas que los conductores prevenidos, así se radicarían los costos de los accidentes más eficientemente. Pero en México, todos pagan primas altas independientemente del riesgo, los conductores precavidos pagan las fallas de los poco precavidos.

Ahora, si se cambia la variable de accidentes por contaminación, se obtiene una explicación de lo que sucede en la ciudad de México. Para el problema de la contaminación, hay una solución de mercado (disuasión general); que pague más el que contamine más. Se podría cobrar por transitar en ciertas áreas, el centro o Masarik, por ejemplo. Cobrarle más a los vehículos más contaminantes,  hasta alcanzar niveles óptimos de contaminación. Pero hay varios obstáculos que impiden llegar a una solución óptima.

En la ciudad de México circulan 1.7 millones de vehículos que no cumplen con la norma ambiental y que han obtenido sus engomados a través de la corrupción. Tampoco hay ningún esquema para cobrarle más a los vehículos más contaminantes. Por lo que se impone una solución de disuasión colectiva: detener al cuarenta por ciento de los vehículos cuando los índices de contaminación alcanzan cierto nivel.

El teorema de Coase sostiene que  en un mercado en que los costos de transacción son bajos o inexistentes y en el que los derechos de propiedad establecidos en los fallos judiciales no permiten una solución económica suficiente, se producirá necesariamente una reasignación de estos derechos hacia aquellos que los valoran más, aunque los tribunales fallen en contra de éstos. En otras palabras, se puede llegar a la solución de mercado a través del derecho. Por ejemplo; los que quieren contaminar tendrían que indemnizar a quienes resulten afectados llegando a una situación en la que se decide entre contaminación y salud o qué tanta contaminación producir y a qué costo (social).

Si una fábrica debe instalar filtros al costo de 100, pero la multa es de 90, pagará la multa para seguir contaminando. Pero si los afectados cobran 200 por respirar su contaminación, lo más seguro es que la fábrica instale sus filtros. De nueva cuenta nos enfrentamos a altos costos de negociación, por lo que se impone la disuasión colectiva.

(Sobre este tema se puede leer más aquí).

© Jorge Ikeda 2017